La dicotomía noema/noesis llevó a Edmund Husserl, astrólogo iraní de reconocida fama, a un suicidio precoz y pequeñito, como las brujas enanas de La Toja. Estas enanas brujas suicidas se apiñan en espeluncas tenebrosas y gritan de manera no desaforada, pero sí ostentosa e irritante. A los niños del balneario se les advierte de estos extraños sucesos cuando llegan, pero aun así vomitan de espanto en las noches de gallega galerna al oír el estremecedor sonido que emiten las diminutas brujas tojeñas en sus rituales suicidas. Edmund Husserl pasó en La Toja once días en 1964, pero no fue para tomar las aguas, nada de eso, fue para saludar al cura de la ermita de San Caralampio, y para emborracharse con él con un orujo que maceraba el eclesiástico en sus propias ingles, proceso éste que le daba al aguardiente un cierto saborcillo a queso de tetilla pasadito. El estruendo de las enanas no llegaba hasta la ermita, gracias a Dios. Allí tan sólo se oía el croar melodioso de las ranas gigantes de las charcas del lindante y lindo campo de golf del Gran Hotel de La Toja, establecimiento hostelero muy apreciado por todas las familias reales de Europa y por casi todos los tiranos uruguayos. A los norteamericanos les da grima ir a los balnearios europeos, creen que se les meterá por el culo alguna larva portadora de la peste negra o algunos pelos de pinceles de pintores prerrafaelitas. Bueno, de cualquier forma, si van a La Toja no dejen de probar las filloas de lamprea, muy buenas para conservar la fe en la existencia de Dios y para imprimir en nuestros corazones la esperanza en una vida dichosa después de la muerte, siempre que nuestras obras hayan sido buenas, claro está.
+
FUMPAMNUSSES!
¿Qué es Fumpamnusses!?... Fumpamnusses! es todo y es la primera vez. Siempre hay una primera vez. Escribo pues, por primera vez, en algo que tiene que ver con el exabrupto digestivo de un sapo ("Blog") sin saber siquiera lo qué es (me refiero al Blog, aunque en el fondo tampoco sé muy bien lo que es un sapo.) Mi declaración de intenciones espero que sí quede clara: me limitaré a realizar las veces que crea oportuno un ejercicio brusco, continuado y compulsivo de literatura automática, de exorcismo necesario y suficiente de los restos de energía negativa o positiva, qué sé yo, o de encauzamiento de ideas, frases o palabras que mi mente quiera en ese preciso momento que queden reflejadas en este nuevo e inefable invento. Invito, pues, a este ejercicio a todos los interesados en el arte de la improvisación mecánica, maquinal, indecorosa y pueril. No esperen grandes ideas, no espero grandes ideas, sólo el placer de ver concatenadas ciertas imágenes que surgen improvisadamente y en plena libertad, quizás en extrema libertad, esperanzado en que no me suceda algo tan lamentable como aquello que le ocurrió a aquel pequeño electrodoméstico que, de tan libre y tan enamorado como estaba de Sir Douglas H. Silverstone, declaró la independencia de todas las anguilas del mundo y de ciertos huevos de Pascua de los alrededores de Castel Gandolfo.
¿Qué es Fumpamnusses!?... Fumpamnusses! es todo y es la primera vez. Siempre hay una primera vez. Escribo pues, por primera vez, en algo que tiene que ver con el exabrupto digestivo de un sapo ("Blog") sin saber siquiera lo qué es (me refiero al Blog, aunque en el fondo tampoco sé muy bien lo que es un sapo.) Mi declaración de intenciones espero que sí quede clara: me limitaré a realizar las veces que crea oportuno un ejercicio brusco, continuado y compulsivo de literatura automática, de exorcismo necesario y suficiente de los restos de energía negativa o positiva, qué sé yo, o de encauzamiento de ideas, frases o palabras que mi mente quiera en ese preciso momento que queden reflejadas en este nuevo e inefable invento. Invito, pues, a este ejercicio a todos los interesados en el arte de la improvisación mecánica, maquinal, indecorosa y pueril. No esperen grandes ideas, no espero grandes ideas, sólo el placer de ver concatenadas ciertas imágenes que surgen improvisadamente y en plena libertad, quizás en extrema libertad, esperanzado en que no me suceda algo tan lamentable como aquello que le ocurrió a aquel pequeño electrodoméstico que, de tan libre y tan enamorado como estaba de Sir Douglas H. Silverstone, declaró la independencia de todas las anguilas del mundo y de ciertos huevos de Pascua de los alrededores de Castel Gandolfo.
26.10.09
74. Los payasos de la tele
La dicotomía noema/noesis llevó a Edmund Husserl, astrólogo iraní de reconocida fama, a un suicidio precoz y pequeñito, como las brujas enanas de La Toja. Estas enanas brujas suicidas se apiñan en espeluncas tenebrosas y gritan de manera no desaforada, pero sí ostentosa e irritante. A los niños del balneario se les advierte de estos extraños sucesos cuando llegan, pero aun así vomitan de espanto en las noches de gallega galerna al oír el estremecedor sonido que emiten las diminutas brujas tojeñas en sus rituales suicidas. Edmund Husserl pasó en La Toja once días en 1964, pero no fue para tomar las aguas, nada de eso, fue para saludar al cura de la ermita de San Caralampio, y para emborracharse con él con un orujo que maceraba el eclesiástico en sus propias ingles, proceso éste que le daba al aguardiente un cierto saborcillo a queso de tetilla pasadito. El estruendo de las enanas no llegaba hasta la ermita, gracias a Dios. Allí tan sólo se oía el croar melodioso de las ranas gigantes de las charcas del lindante y lindo campo de golf del Gran Hotel de La Toja, establecimiento hostelero muy apreciado por todas las familias reales de Europa y por casi todos los tiranos uruguayos. A los norteamericanos les da grima ir a los balnearios europeos, creen que se les meterá por el culo alguna larva portadora de la peste negra o algunos pelos de pinceles de pintores prerrafaelitas. Bueno, de cualquier forma, si van a La Toja no dejen de probar las filloas de lamprea, muy buenas para conservar la fe en la existencia de Dios y para imprimir en nuestros corazones la esperanza en una vida dichosa después de la muerte, siempre que nuestras obras hayan sido buenas, claro está.
15.10.09
73. Tarsicio es un buen testigo
Simone de Beauvoir, como es de todos conocido, no obtuvo su primer orgasmo hasta los 39 años, orgasmo provocado por su unión carnal con el escritor estadounidense Nelson Algren. Para el americano fue el orgasmo nº 13.962 y no precisamente uno de los más memorables. Conoció a la francesa durante un torneo de bádminton en Surrey, en el que Nelson obtuvo un honroso undécimo puesto en la clasificación. Simone, abandonando a su marido, Jean-Paul Sartre, frente a una nutritiva bandeja de canapés de ruibarbo con rábanos dulces de Madrás, se dirigió al escritor americano y le propuso la coyunda de manera directa y gesticulante, ya que no sabía hablar inglés. Él, sorprendido, dijo sí varias veces, y ambos se dirigieron disimuladamente a las caballerizas. Allí se amaron durante dieciséis minutos y cuarenta y cinco segundos, tiempo más que suficiente para un coito en territorio británico. El bádminton necesita mucha resistencia aeróbica. Los cristaleros de Bristol manejan unas raquetas especiales llamadas nuffies que, manteniendo la forma clásica de la raqueta de bádminton, poseen una especie de trencillas acabadas en diminutas campanillas y dispuestas en el cabo del mango que, durante el desarrollo del juego, dejan en el aire un lírico y algo disonante concertino que recuerda el crepitar de las alas de libélula en lo más profundo de nuestros sueños.
13.10.09
72. El suicidio de las consonantes
El conde de Palma de Santinelli (1616-1631) vivió pocos años, apenas quince, tres lustros de los cuales dos los pasó encamado debido a una erupción cutánea muy virulenta e invalidante. Este mal dérmico le hacía experimentar un prurito generalizado tan atroz que gritaba de una manera demoniaca noche y día, lo que provocó que una lavandera del castillo, llamada Coralina Batastiatto, se fuera a trabajar más al norte, hacia la parte lindante con los Lagos. Luego, al poco tiempo Coralina se casó con Ruscolo Taninno, traimador de narguillas muy estimado en la comarca, y tuvieron seis hijos, todos sanos y vivos, cuatro hembras y dos varones. Cuando a Ruscolo le daba por beber, pegaba soberanas palizas a su familia, y su familia le pegaba después a él, en una proporción de 7 a 1, lo que hizo que el traimador Taninno dejara la bebida con cierta prontitud. Cuando el conde falleció, la dermatitis dejó de picarle. Uvaldo Ceferinni, botánico y asaltador de tumbas, profanó la del conde a los dos años de su óbito, llevándose los huesos a su laboratorio y haciendo con ellos, tras su pulverización, los famosos polvos del conde de Palma de Santinelli, que tan beneficiosos han sido desde entonces para mitigar el picor que producen las lesiones provocadas por las astutas y peligrosas narguillas en la zona de los Lagos.
9.10.09
71. Panteones de España
No sé si en alguna ocasión he hablado de la flor de arsénico o del agua mercurial, si así ha ocurrido les pido disculpas. Soy químico y farmacéutico por la Universidad de Salerno, el mismo centro de enseñanza donde se doctoró la primera ginecóloga de la historia, Trótula de Salerno, en el año 1050 aproximadamente. Y del alumbre nitroso o de la sal de Júpiter, ¿he hablado? Si así fuere les pido nuevamente disculpas. Soy médico y botánico por la Universidad de Palermo, centro de enseñanza donde cursó sus estudios de humanidades en el año 1392 el primer extraterrestre del que se tiene constancia verdadera, de nombre muy difícil. De lo que sí estoy seguro de haberles a ustedes hablado, selecto ramillete de mentes piadosas y eruditas, es de la serie de aspavientos enfermizos que desplegaba mi tío favorito, el tito Testes, cuando era presa de sus ataque de clorosis. Mi tito Testes era oriundo de Cangas de Onís, aunque toda su vida vivió en el norte del Camerún con mi tita Garuña, oriunda del norte del Camerún y donde vivió todo el tiempo mientras estuvo viva. Al morir (mi tita Garuña) marchó (sí, mi tita, la muerta) a Cangas con sus primos (mi tita era del Camerún, pero tenía primos asturianos, ¿qué pasa?), también muertos, pero no les fueron bien los negocios (a mi tita y a sus primos), y ella (mi tita) volvió de nuevo a los tablaos, de donde nunca tuvo que haber salido.
6.10.09
70. Ellos deben ser gigantes o así
Princesa notó algo parecido a las cosquillas (pudieran ser comezones o pequeños tumbos vibrátiles) en las zonas posteriores de las rodillas, también denominadas corvas en ciertos lugares de la provincia de Madrid (como por ejemplo los alrededores de Robledo de Chavela), y entonces supo que se hallaba probablemente enamorada (o ciertamente encendida de una pasión benéfica y tierna), pero a la vez pudiera ser que la combinación de licores ingerida (Licor 42 o 43, no recuerda, con Red Cul o Bull, no recuerda) fuera la causa originaria de esa extraña sensación en sus miembro inferiores (piernas en su denominación habitual y mayoritaria en toda la Sierra Oeste madrileña, a excepción de Robledo de Chavela, donde se las denomina de otra manera que ahora no recuerdo, se me escapa de la memoria, lo siento). Princesa, pues, tras la fiesta o tras el tiempo de asueto merecido (ya que no todo va a ser trabajar, ellas es enfermera y camionera de bajura) se encuentra probablemente enamorada o ebria, o enamorada y ebria, que todo puede ser. Se halla, de cualquier modo, moderadamente feliz, pero no ve a hombre alguno que le haya provocado el sentimiento amoroso; lo único que ve a su lado izquierdo es un cebú hermoso y orlado con confeti en sus cuernas asimétricas. Él (el cebú) la invita a conocer Laponia, ella acepta. Nadie nunca más los ha vuelto a ver, jamás.
2.10.09
69. Talking about sex
El espliego ensoñador se desliza por los senderos oscuros y oblicuos de la colina. Alejadas, las casas somnolientas se desvanecen en la incierta aurora dorada, casi de oropel. La tibieza del aire se adueña de la campiña entera como señora y reina de feudos verdes, amarillos y olorosos. La estación estalla de tomillo, lavanda y mejorana, la alondra surge y resurge de la fronda, una nube atolondrada vaga solitaria e inexperta en un cielo que se aleja raudo de la palidez hacia un vórtice de azules presagiados. Todo ocurre en un suspiro, en un instante de intenso movimiento, de eléctrica vibración. Un alhelí cede bajo el aliento de la libélula, la genista difumina en un ínfimo piélago polinizado su pequeña alma amarilla. Todo se confunde en el orden selecto y natural, en la vida de las cosas, en el tenue concilio vegetal, animal y mineral. Me gusta imaginar que lo que siento fluye hacia abajo y hacia arriba, y que el óleo del pintor ha creado veladuras y matices exclusivos en mi representación, tan exclusivos como los que utiliza para el velo de la doncella, para la brizna de hierba que el viento dispersa por los campos, para el rayo de sol que penetra en la cabaña pequeña, allá en el bosque tierno y frondoso de abedules.
1.10.09
68. Vivencias del Preste Juan
Suena el órgano y la mandolina acosada. Se oyen los nenúfares secos crepitar bajo las botas militares. Las madres de Pontevedra son las portadoras de enfermedades lacustres que no requieren cuidados especiales para su curación definitiva. Pero se siguen oyendo los órganos acosados y la mandolina crujir bajo las botas manufacturadas con nenúfares muy secos. La música gallega nace de la sangre de la lamprea en Holanda y vierte sus sones por el Camino de Santiago el Grande, el Inconcluso. Así son las cosas, Agustín; así son te pongas como te pongas y te pongas lo que te pongas: ponte la mantilla ocre de la Santa y lo verás; ponte la casulla y la boina talar y no lo verás. Agustín, oh Agustín querido, supón por un instante que te ladran las reatas de teckers del Baronet, ¿qué harías y hacia dónde huirías, imbécil? La ley no es para ti lo que para mí sí es. En fin, voy a poner la mesa que hoy tengo invitados: los Freeman y las hermanas Tanner. Les voy a sorprender, pues voy a matar a una de las Tanner poco a poco, creo que nos divertiremos, Agustín. A los postres estaremos tan borrachos como los goliardos zamoranos de entreguerras, pero ¿qué te voy a contar que tú no sepas, Adrián?
30.9.09
67. Melindres y metopas
El alma refractaria que vibra en el eje del fleje no responde a estímulos violentos. Los saduceos tenían una norma, vigente hasta bien entrada la Edad Media. Esta norma ellos desconocían de pleno que la tenían, es por ello que no la practicaban. Sin embargo el eje del fleje nunca fue refractario con saduceo alguno hasta bien entrada la Edad Media. Luego, sí. Ya en el Renacimiento los saduceos florentinos comenzaron a sentir sensaciones ambiguas en cuanto percibían cercana la presencia de un eje de fleje, lo que hacía volverlos retraídos y circunspectos en actos públicos. Añoraban una norma que nunca tuvieron presente en su cultura, pero que su ausencia la hacía más diáfana cada primavera. Debo confesar que soy samaritano de noble cuna y que conozco muy bien lo atrabiliario de las funciones de los flejes y sus conexiones evanescentes con la materia amorfa de los ejes. Si no fuera por el solipsismo inherente a todo esto, no sería justificable lo que está ocurriendo en las estaciones de ferrocarril del norte, donde niños con la hambruna vieja en la mirada merodean como ratas de turba por los meandros de las vías, perseguidos por guardagujas sin escrúpulos que en su vida han sabido discernir el valor moral de un eje ni la simonía atroz de los flejes.
27.9.09
66. Desmayos republicanos
A mi entender, los jugos glandulares, al menos los que puedo considerar de mi propiedad, deberían tener la deferencia o la educación de atender a mis deseos, no por imperativo categórico (que también), sino porque su mera existencia y desarrollo natural como lo que son, jugos glandulares, lo deben sólo y exclusivamente a mi actividad fisiológica como ente enteramente corporal: ser vivificado, pero a la vez vivificante y dador de energía para las múltiples reacciones bioeléctricas y fisiológicas que tienen lugar para que, entre otras cosas, esas mismas glándulas y esas mismas secreciones, tan renuentes a la suave disciplina que les quiero imponer, se activen y se desarrollen con entera normalidad. Al sistema glandular humano, desde la glándula pineal hacia abajo, se le ha encarecido de manera cordial en numerosas ocasiones que deponga esa actitud antideportiva y esnob de la que se vanagloria ante los demás sistemas corporales. Su poco solidario estilo, su inveterado desprecio para con los demás tejidos celulares no dispone a otra cosa que a la inestabilidad orgánica general y a la confrontación de humores y aparatos. Es por ello que insistimos en la optimización de los mecanismos de control educativo por parte del sistema nervioso central, única posibilidad que encontramos para una mejora en nuestras pretensiones de autonomía personal, tanto física como espiritual.
25.9.09
65. Se puede ser cursi y obeso
El dolor que supera la línea de un horizonte cualquiera pretende ser humo fabril, pero abandona pronto el deseo pesaroso de su inoperancia real. El dolor se engaña a sí mismo como se engañan las viudas de Calella, que preferían antes el repudio de sus esposos fallecidos en lejanas contiendas que almibarar sus recuerdos con rememoraciones infatuadas. La obsidiana, el rencor y la barbarie argentina, éstas sí son materias para calibrar escalas de dureza. La tiza de tus besos, Casta amiga, me recuerda la arcilla de otro tiempo, ni mejor ni peor, quizás más blando y pastoso. Hoy, la ausencia de nieve me anula toda la poesía que creía llevar dentro. Mañana, aunque las cimas de mil montañas se derramen en mis bolsillos, no velaré la noche de los párpados amados, y la muerte, añeja y porosa como las abuelas de Calella, puede que me visite vestida con traje floral y con las manos rebosantes de tiernas y lánguidas larvas, nerviosas y voraces. Pero para que todo eso llegue a consumarse ha de ceñirse todavía más el anillo saturnal sobre los campos de Agramante, han de manar géiseres abruptos de saliva cordial de las bocas apabulladas de decenas de locutores ariscos y, en fin, han de tocar maitines, que ya va siendo hora de proferir rezos y más rezos, como hacen los chamanes de Calella poco antes de volverse locos.
22.9.09
64. La senda ciega de la política sueca
Los grumetes de la Mesta castellana acordonaron el ínfimo recinto para la celebración del auto de fe. Leves alondras cifraban aéreos mensajes secretos en un tenue cielo azul de primavera. La obispa Juana cundía azufaifas tiernas en cestillos y artesas de manufactura gitana. Pero el hermoso domingo otoñal se vio de pronto quebrado, como si un rayo inesperado calcinara el bello sortilegio de festejo mediterráneo al que todos los labriegos pensaban asistir si aminoraba o decrecía el número de asesinatos que se cometía en la comarca de un tiempo a esta parte. Tremendo clamor el surgido por la noticia del noviazgo del Supremo con el Constitucional. Yo reclamo a mis alondras, a mis grumetes, a la obispa Juana, a todos los gitanos de la tierra, a los campesinos del mundo y a los asesinos en general que dejen en stand by los sextantes y astrolabios de su propiedad y me demanden la estima y el afecto que les debo y de los que me reconozco en deuda hacia ellos. ¡Que me los demanden, por Dios! ¿Me podría usted, por favor, calar aquel melón? Sí, aquél, el rayadito. Gracias.
20.9.09
63. Lesbianas y adoratrices
Segismundo Orz dispara bien con su Colt 45 Magnum. Es policía, uno de los mejores de Valencia. En Valencia hay más policías que en Zamora, donde vive el hermano de Segismundo, José Braulio, que también es policía. Los dos cantan fados mal. En Navidad se ven, unas veces en Valencia y otras veces en Zamora, y los veranos lo pasan juntos en el lago de Sanabria unos años y en un apartamento de la playa de Malvarrosa otros años. Los dos son solteros, Segismundo algo más que Juan Braulio. En Vano buscan pareja. En Vano no hay chicas solteras ni de las otras. A Juan Braulio le gustaría matarse y matar luego a su hermano con su Sig-Sauer P220. Y cuando a Braulín se le mete algo en la cabeza...
18.9.09
62. El transporte público
Serían las seis de la mañana. En Túnez las seis de la mañana es un acontecer no pasajero, por el contrario es un suceso que permanece mezclado con las briznas de té que quedan en los bellamente decorados vasos vidriados. La labor, algo sumeria, de los dueños de tenderetes del zoco principal es enjundiosa, laxa y procedente; la de los jirofantes de la menhara es procelosa, huidiza y longeva. Los túneles no excavados en Túnez son dos: el Quetza-Iz, que atravesaría la ciudad desde la punta hasta la mitad del rabo, y el Minhi-Iz, túnel subsidiario que de manera subsidiaria iría de una a otra parte de la urbe de manera asaz antojadiza y arbitraria. Los humos de los frutos secos garrapiñados dan a la ciudad un aroma como de frutos secos sin garrapiñar. Es esto cosa curiosa, no cabe duda.
17.9.09
61. Expresión pura
El nazareno inoportuno conmemoró su primer aniversario de boda con la cofradía enemiga. Legionarios de ambas clerecías entonaron a la par himnos disímiles cuya mala ejecución, ahíta de desafines, erigió, en sutil paradoja, una melodía de belleza notablemente sublime. Los confites supieron a poco y las bebidas espirituosas supieron a confeti. El barón von Stuppen sofronizó al Hermano Mayor de una y al Mayordomo de la otra cofradía, con lo que obtuvo una ovación merecida. El correo de Palacio llegó casi al final. La misiva exponía, en letras de oro, los mejores deseos para los unianales esposos y hacía un cariñoso mohín caligráfico para todos los invitados. A todos ellos se les obsequió con una armónica Hohner® de doble arcada y un pan de centeno grande. Los artificiosos fuegos pusieron punto y final a tan magnífica ceremonia.
Dios os tenga entre sus elegidos.
Hoy comienza el Ramadán.
16.9.09
60. Narraciones bolivarianas
El pintor desnuda a la modelo, luego el pincel desnuda los tubos de óleo esparcidos por la desordenada mesa. El cuadro inacabado desnuda los ojos del pintor enajenado, luego la musa primigenia se desnuda en presencia de las demás. Las demás ríen con estrépito mitológico desnudando, a la sazón, al meritorio guardián de la llave que abre el cofre de la belleza pura. El taller del pintor, todo desnudo, resplandece y fulgura en una explosión dulce y ceremoniosa, olímpica. Siempre la creación tuvo algo epifánico y sonoro, refulgente, siempre alguna trompeta celestial se deja oír en alguna ínfima buhardilla de Bohemia.
15.9.09
59. Alimoches
De un tiempo a esta parte (?) Les damos la bienvenida (?) Y colorín colorado (?) Abundando en ello (?) A nivel de (?) Y, como no puede ser de otra manera (?) Por ende (?) En breves instantes (?) Una cerrada ovación (?) Conectamos con nuestro corresponsal (?) Y tal y cual (?) Quedamos y eso (?) Bruselas vía Amsterdam (?) Tracción delantera (?) Una situación dantesca (?) Algo kafkiano (?) ¿Vale? (?) Tremendo encontronazo (?) Lo que me da la gana (?) Eso habría que verlo (?) Últimas tendencias (?) Error humano (?) Último reducto (?) Buenas vibraciones (?) Fe inquebrantable (?) Respetable público (?) Lamentables sucesos (?) Como estaba estipulado (?) Un susto de muerte (?) Arrasado en lágrimas (?) Labios ardientes (?) Tinta indeleble (?) Unos kilos de más (?) Etc, etc (?)... (?) (?)...
14.9.09
58. Historias del mundo contemporáneo
La fijó en su corcho con una chincheta. La chinchó en su fijo con una corcheta. La crochó en su chinche con una fijeta. Con suma fijeza sintió cómo se acorchaban sus miembros debido a la picadura de la chinche ponzoñosa. El corcho fijo, a diferencia del corcho interino, no deviene en nada parecido a las palabras que riman con chincheta, como son, por ejemplo, "jaramillo" y "amapola". En contra, los rimeros de chinches y tapones de corcho americano riman mal con los inconexos vocablos coreanos "cohing" y "ah'noh" que son los imprescindibles para la pronunciación de los derivados lácteos, como el kefir, el Danone® y el morcón nonato. Me fijo en el refajo mío y lo noto laxo como un brick de asadura blanca. Soy un bofe. Devengo bofe de continuo: "La jifó en su chorco con una chenchita".
13.9.09
57. El topo ameno
La serigrafía, arte bicorne y enfrentado doblemente, y la elaboración de la horchata clásica, arte levantisco y asaz arriano, se confunden en los conceptos primarios de los ejecutores originarios y en los pseudoconceptos secundarios de los sucesores consecuentes. A mí no me gusta la horchata porque no lleva pescado y las serigrafías me saben a horchata desvencijada. Los masones de mi pueblo son delineantes en su inmensa mayoría, hijos de horchateros alicantinos, y de carácter huraño. Yo soy masona vieja. De muchacha sembraba chufas en los chalets de los ejecutivos de industrias serigráficas. Luego me amancebé con una muy viril lombriz de tierra que se llamaba William H. Logan. Con posterioridad a estos hechos, Logan me pidió en matrimonio. Ya viuda y sin hijos, comencé con mis negocios de importación-exportación de sustancias de mal aspecto y, la verdad sea dicha, es que no me va mal. Voy a morir en Alicante.
12.9.09
56. Goethe enamorado
El verdadero enigma de Sarah Contrell era saber si la consideración de la que era partícipe el teniente Bonwill, y de la que ella era no sólo sabedora sino instigadora, respondería a un afecto compartido o a un desdén de sospechosas reminiscencias espurias. El favor, merecido o inmerecido, que profesaba el militar a su otrora damisela, cuyo dispendio sentimental, a todas luces poco apasionado, era ahora un llevadero dije en su pulsera de desaires y sonrisas dadivosas o burlescas, se convirtió de un tiempo a esta parte en un constante y pesaroso sentimiento de orgullo herido y vanidad viril desmadejada. Los sentimientos cruzados entre Sarah y su bienintencionado pretendiente resumían los derivativos titubeos a que sus afectos encontradizos recurrían una y otra vez desde que se conocieron la pasada primavera en Innsbruck.
11.9.09
55. El polipasto
La calidad de la rosa responde como el clamor de cacerolas; de ese furor alumínico se desprende lo magmático que de su aroma nos magnetiza. La cebolla, también. Pero regresando al origen de los alimentos cocidos, a los utensilios de goma y a la campiña huelvana, no vamos a conseguir mejores ungüentos ni disfraces más ajados. Tampoco la cebolla. Veo a los niños jugar en la piscina como pulpos presidenciales, como obreros cualificados captados por sectas pentecostales. Los niños, los pulpos y los obreros me sosiegan. Las cebollas, no tanto. Tiendo al llanto mientras tiendo los sudarios de los muertos más descuidados. Frecuento con frecuencia los juzgados. He sido juzgado un número primo de veces, he sido condenado un número natural de veces y he sido absuelto un número entero de veces. Soy feliz y dichoso como una cebolla.
10.9.09
54. Ancianos tóxicos
En la venerable ciudad de Maguncia se deja oír por las esquinas de ciertas calles de barrios oscuros un sonido más o menos como éste: “brus-bluh”. El gerundense Arcadio Nin, audiópata excelso y sonopeda emérito, no ha llegado en sus investigaciones del referido sonido magunciano a conclusión alguna. “Las Breves” ("Les brief"), conocido grupo de enanas científicas belgas especializadas en la física de radiaciones sonoras, tampoco llegaron en sus estudios a ninguna conclusión, al menos a ninguna conclusión de carácter concluyente y, si llegaron a alguna conclusión, era una conclusión de poco carácter, una conclusión apática, sin brío alguno, una conclusión casi inane. El “brus-bluh” no parece afectar a los peatones de la ciudad de Maguncia. Bueno, tan sólo a uno, a Gestas Brickmann, pero este ciudadano, de sesenta y seis años, ha pasado cincuenta y cinco de esos años en una reserva apache de Missouri, y es conocido que una larga permanencia en compañía de indios de cualquier tipo hace que se desarrolle una cierta irritabilidad en las percepciones sonoras. El alcalde de Maguncia se llama Jens Beutel y es moreno.
9.9.09
53. La bola especular
Estoy sentado con varios ahorcados recientes. Todos visten ropa de presidiario y todos están orinados, dos de ellos también están eyaculados, a uno le ha saltado el globo ocular derecho. La charla versa al principio sobre los cambios y el desarrollo sufrido por la jurisprudencia en cuanto a la pena de muerte en los estados sureños, para tomar luego el debate un derrotero algo más barroco y tendencioso. Reparto escapularios de San Dimas y detentes de la Falange entre el grupo de ajusticiados, y cantamos dos o tres habaneras, las más conocidas y populares. Por último saco unas copitas y reparto un par de rondas de orujo casero de Mondoñedo. Ellos lo agradecen y me dan un mechoncito de soga cada uno, que guardo con cariño en un relicario que deposito entre mis voluptuosos pechos naturales. Sé que esta noche dormiré muy sosegado/a.
8.9.09
52. Asuntos de poco fuste
El piano vibra como los sopletes en un entorno soviético. La melodía destruye el poco dinero que tengo. La mujer baja la escalera en biquini como una hernia antigua e inoperable. Su marido es sucio y pescador, no un sucio pescador como todos pensamos. Ella, aún en la escalera, pero en los últimos peldaños, le da el pandero, un pandero grande y celeste como las burras de Babilonia. Ella es bella, y distiende su tatuaje abdominal una preñez algo más que incipiente. Su marido, el pescador sucio, coge el pandero y desaparece en su coche gris azulado. El piano deja paso a un saxofón de corte caucásico, coros sampleados lo acompañan en sus subidas y bajadas por escalas de acordes ya muy transitados. Me gusta el maní tanto como el silencio, a veces más.
7.9.09
51. Creo que tenemos que hablar
Se acerca el carnaval y los tullidos de París se aprestan a romper sus soliloquios y a verter sus pustulosos y tornasolados humores en los pozos cuaresmales de Montmartre. La barbarie bohemia de la margen izquierda del Sena se asemeja sospechosamente al pómulo herido de maquillaje barato de una cocotte de extraviado diapasón y lento contoneo. El pillaje asola el Moulin Rouge con sibilantes navajazos a los cuatro vientos. Sobreviene el recuerdo malevo de la línea Maginot. No resisto la Resistencia. Vuelvo a las aguas de Vichy, a la traición, al molde cobarde del útero infame, y vuelvo a vestir mi uniforme informe y deformado de otros tiempos venideros y malhechores. ¡Vive la France!
23.7.09
50. Alusiones ópticas
La historia de Michel fue de un azul fuelle; su fuerza, el romanticismo feroz que manaba a raudales de la concatenación de los sucesos que conformaron su vida se podría decir que era de un azul fuelle. Los días que pasamos aquel verano de 1945 en Vichy, aclamados como héroes homéricos, henchidos como americanos mal trajeados, aquellas semanas de un calor túrbido y evanescente conforman en mi recuerdo una época algo clandestina y de una tonalidad azul fuelle. Michel, con su motocicleta lancheada y desastrosa como una hurí despavorida, domina unos pensamientos, los míos, fraternales, melancólicos y nostálgicos que, algunas tardes, me invaden de un azul fuelle. ¡Oh, verdor de prados de la juventud remota! ¡Qué lejanos aquellos aromas de vino punzante y alfileres de melaza en el candor de chicharras asoladas! ¡Qué estridores en las bodegas augustas de frescores entusiastas y versallescos dulzores! ¡Qué benefactora historia la de Michel que tanto reconforta mi alma frente a este atónito crepúsculo azul fuelle!
16.7.09
49. Juventudes enfrentadas
Se necesitan seminaristas turbulentos (es un decir) pero repele la idea contraria. Este pensamiento es mío y binario. Su lateralidad consiste en temer a nuestros mayores mucho más que antes de nacernos. La meticulosidad con que absorbemos las humedades del alma ajena, exactamente esa meticulosidad, es la que no ejercitamos cuando tronamos por las galerías. Las jarcias del canto anamórfico seducen las atmósferas conventuales. Labriegos son suficientes con los que tenemos, ahorcados tenemos los justos para pasar el domingo y qué decir de la muda comba con que fuma sus vegueros el Gordo Perico. Ahora saben más las nécoras en el pecho de la mora desvencijada, su sabor es el más salvaje que se pierde por los rascacielos de Túnez. Ahora necesito de la complacencia de T*** para poder otorgar la frontera a quien la supure con más ahínco. Es tenaz el bellaco, ya lo creo. Su oriente nevado es de Angulema y su relicario es tan precoz que ya no canoniza la larva en vapor lacustre. ¡Qué dicha ésta!
15.7.09
48. Muerte en la nieve
Adolfo Nin nació una noche de nalgas. Su madre se hallaba pariendo al mismo tiempo en la misma clínica maternal. Fue allí donde se conocieron y entablaron una relación que duró varios años. Su padre era maquinista de tren y de barco y no tenía tiempo apenas para dedicarlo a su familia, y mucho menos para dedicarlo a otras familias. Creció sin hermanos (al menos no encontró nunca ningún niño o niña por los cuartos de su casa). Su madre leía mucho, sobre todo libros. A veces se olvidaba de hacer la comida y Adolfo llegó en dos ocasiones a morirse de hambre. Se casó muy joven con una señora que se llamaba Engracia Bru. Se fueron a vivir a su palacete. Esta señora era rica pues tenía más de mil fábricas de baúles. Adolfo y Engracia tuvieron que tener hijos, por lo menos tres. Un día vino el padre de Adolfo a visitarlos y al día siguiente vino la madre. Proyectaron ir un día toda la familia a hacer un picnic a la sierra. Lo hicieron de uno en uno y se divirtieron bastante. Las criadillas de bisonte no son tan tiernas como las de cebú, pero son más nutritivas, qué duda cabe.
14.7.09
47. Ropa de entretiempo
El arúspice de Quebec es un hombre tierno, de carácter amable y sumiso, culto a su manera, buen padre y amigo de sus amigos. Su esposa es de ascendencia galesa y se llama Flora, de soltera Tillson. Él, oriundo de la región de los lagos, se llama Thomas Samuelsson. A los cuarenta y cinco años dejó su puesto de dirección en el departamento de recursos humanos de la Canada United Oil y se consagró a su pasión por la adivinación del futuro, convirtiéndose al poco tiempo en el arúspice de Quebec. A Flora le dolió que su marido abandonara el envidiable y muy bien remunerado cargo que ostentaba en la compañía, pero con el paso de los meses se acostumbró al cambio. Ya han pasado desde entonces diez años. Flora está preocupada porque vuelve a notar a su marido inquieto y caviloso. Hace unos días le habló de que le gustaría ocupar el puesto vacante de farero en Peggy's Cove, pequeña aldea situada en Nueva Escocia, cerca de la ciudad de Halifax.
6.7.09
46. Trashumantes
Sería más de la una cuando Gallagher hizo su aparición. Enarbolaba un su brazo izquierdo alzado la cabeza del arráez. De su mano derecha, y goteando una sangre negruzca, vibraba todavía el espadín. Todos nos quedamos boquificados, petriabiertos. Dio dos pasos y depositó la cabeza en el centro de la mesa donde estábamos estudiando el mapa, que quedó impregnado de residuos sanguinolentos. Buchanan retrocedió dando arcadas, Mortimer se santiguó y O’Flaherty ensayó una especie de carcajada que se quedó sólo en una mueca estrangulada. Luego Gallagher se acercó a la barra y pidió una jarra de ron. El tabernero se la sirvió tembloroso. Después de un largo minuto, que aprovechó para dar cuenta del ron, me levante despacio y me dirigí hasta colocarme tras él. “¿Y el loro?, ¿dónde está el loro, Gallagher?”, le increpé. El Capitán Gallagher no se movió, o si se movió yo no lo aprecié, dado el estado de suma inquietud que me invadía. Elevando la voz le volví a increpar: ¡Dígame, por el amor de Dios, dónde está el loro, Gallagher!, ¡el loro! Y así estuvimos hasta que amaneció.
3.7.09
45. Vita brevis
Tim O’Shea es nombre que denota virilidad como Arnold Lamartine denota cierta pusilanimidad y cobardía. Es evidente, a poco que investiguemos, que los nombres de las cosas se hallan equivocados en muy numerosas ocasiones. Al nenúfar le correspondería el sustantivo acacia, y viceversa. Pablo Neruda respondería con más vigor al nombre de Douglas Trumbull. Pubis es dalia mucho más que pubis, y pecho es drama con mucha más certidumbre. Los enanos son violines, los violines, olas, las olas, almas y las almas, lunas. Mariposa sí es mariposa, y aroma, nube, selva, noche y ave también lo son. La mayoría de las palabras tienen una correcta denominación, ya lo he dicho. Hablamos de las otras, de lluvia, que es indudablemente hierba, de árbol, al que deberíamos conocer como bruma, o de mujer, a la que deberíamos llamar ámbar o acaso tierra. Mi nombre denota sentimientos ambiguos, contradictorios. Me llamo Tim Lamartine, pero debería llamarme Arnold O’Shea.
29.6.09
44. Relatos de halterofilia
Y sin embargo no es ella. La miro a través de la mampara de tul y compruebo que no es ella, quizá su hermana, pero no ella. A través de la persiana de cáñamo vuelvo a comprobar que no es ella. Su madre me lo dijo, que no era ella, incluso su madrina me lo dijo. Los bueyes me velan su imagen durante unos segundos, casi la pierdo de vista; luego es el camión del butano el que me impide comprobar con detenimiento si es o no es ella. Más tarde el pelotón de fusilamiento, con la humareda que deja, nubla lo bastante el paisaje como para ya no verla más. La pierdo. La perdemos. Luego una explosión, un cuarto trasero de buey a cincuenta metros de altura estrellándose contra un edificio, un camión de butano calcinado, siete soldados heridos, cinco ajusticiados muertos de nuevo. El susto nos desnivela varias micras el hipotálamo hacia la izquierda. Entonces aparece ella de nuevo con su vestidito blanco de organdí. Ahora ya comprobamos con fehaciente certidumbre que no sólo no es ella sino que tampoco es otra. Es un ectoprisma holomántico de inmanencia sólo probable, pero muy mona.
28.6.09
43. Unto de yak
Entre tú y yo sé que hay un abismo de besos inexistentes. Entre tú y yo sé que sólo hay un espacio físico que suele cubrirse con este tipo de frases tristes, tristes, pero tan hermosas... ¿verdad? Los claroscuros de tu mirada me dan cada día el misterio antiguo del cine mudo. La verdad de esos labios limpios dibuja la silueta de sonrisa de tu alma. Es así como aventuramos los poetas, con palabras impregnadas de otras palabras, apenas ensambladas alguna vez. A veces decimos nada con un estruendo de metáforas y, a veces, decimos todo con dos tímidos bisílabos. Las correntías de los minutos en una tarde de domingo nos calan a los poetas como monzones primaverales. Los poetas nos morimos en domingo, casi siempre, y casi siempre por la tarde. A los poetas no es que nos guste morirnos, no es que no le tengamos miedo a la muerte, es, simplemente, que consideramos una tarde de domingo algo mucho peor, más inhóspito que la propia muerte. Esto ha sido siempre así y queda registrado en varios idiomas y multitud de dialectos.
24.6.09
42. Todos culpables
Lamento pensar en las sirenas que aturden esta tranquila mañana de verano. Los policías, sanitarios y bomberos, inmersos en ellas durante las décadas de su vida laboral, experimentan en el momento de su jubilación ciertas atrofias corticales mínimas, pero que les obligan a desarrollar determinadas conductas patológicas, a mostrar frecuentes actitudes anómalas que paso seguidamente a referir. El policía, a partir de los sesenta años, no puede pronunciar la palabra "altramuz", y presenta una urticaria de muy difícil tratamiento al oír la palabra "espárrago". Un conductor de ambulancias jubilado comienza a sentir un odio injustificado por la literatura uruguaya y, en general, por todo lo guaraní. El bombero retirado, a su vez, sufre un exceso de salivación (sialorrea) cuando acude a cualquier tablao flamenco, o cuando se halla en presencia de obispos extremeños. Estos hechos, constatados en diversos estudios de campo, son meramente observacionales, no habiéndose obtenido, hasta el momento, ninguna relación causa-efecto. Yo, que soy médico de Protección Civil y tengo sesenta y cuatro años, veo con claridad todas las tardes, a la hora del crepúsculo, a San Felipe Neri haciéndome la cena en la cocina con un delantal de la Expo’92. Noto, además una cierta e inexplicable atracción por las gusanas de Adviento.
23.6.09
41. Violette le Duc
El álcali flogisticado era un componente muy utilizado en el Medievo para la obtención de compuestos indispensables en la elaboración de pócimas curativas. Hoy, aunque prácticamente ya en desuso, se sigue utilizando en la industria alimentaria canaria para la conservación del gofio. En la última cumbre de la FAO se establecieron las normas que regirán su utilización durante el próximo lustro. El Cabildo canario ha recibido con alborozo la propuesta de dicha organización, que avala sus trabajos de investigación en este importante campo. Los dos delegados canarios que acudieron a la cumbre fueron agasajados a su regreso, siéndoles impuestas sendas medallas al mérito agrícola y otorgando su nombre a dos plazas, una en Fuerteventura y otra en Lanzarote, ciudades de donde son originarios los dos insignes políticos. La industria química de las Islas ha experimentado con este grato suceso una fuerte subida tanto en su producción como en su cotización accionarial. Yo, que soy canario aficionado y atlántico de vocación tardía, me congratulo de estos hechos, y rezo para que el futuro del gofio insular sea tan próspero como lo fue el del plátano, que tanta felicidad nos ha otorgado desde hace tantos años.
22.6.09
40. Exposiciones
Tomemos posiciones con el disimulo que nuestra superioridad intelectual nos presta, con la distinguida prestancia que nuestro elegante pensamiento nos proporciona y con la sutil perspicacia que nos otorga nuestro emblema de clase. La piedad de los normandos no es la piedad de los sajones. El blasón que nos envuelve nos protege pero, a la vez, nos impele hacia los actos más valerosos y prudentes. Huyamos de astrólogos y nigromantes, de los ritos órficos y feéricos de las brujas que nos asolan. Porque la piedad de los normandos no es la piedad de los sajones. Si con nuestros hechos probados y acendrados en el crisol de la bondad caballeresca no merecemos las loas de nuestros mayores, si con el temple acerado de nuestra castidad sin fisuras y nuestro ardor no exento del látigo de la pasión no conseguimos conquistar las alturas iniciáticas de una justa beatitud, es que el Todopoderoso mira para las frondosas copas de los pinos de otra senda, y entonces seremos nosotros los que habremos permanecido en la senda equivocada. Porque la piedad de los norjones no es la piedad de los samandos.
21.6.09
39. Apuntes del natural
Al amanecer, el sinvergüenza despierta sumido en el hedor de colillas añejas que rebosan los dos ceniceros de plata repujada que están sobre su mesilla de noche estilo isabelino. El sinvergüenza se ducha los jueves. Hoy es domingo, el primer domingo de Adviento, un domingo dominado por la fuerte galerna cantábrica. El sinvergüenza desayuna copos de avena o de cualquier otra cosa, pero siempre copos, de lo que sea: copos de altramuces, copos de calamar, copos de novicia... El sinvergüenza no trabaja nunca, y si alguna vez se atreve, se convierte en trampero, cazador de osos o desmollador de siringos ácidos, pero nunca lo veremos en negociados, despachos o sedes administrativas. Nunca se casa el sinvergüenza, las mozas lo rehúyen despavoridas, aunque las madres de las mozas bien que cohabitarían con él reiteradamente y con suma delectación, pero lo indecoroso del hecho las retiene casi siempre. El sinvergüenza lo es a tiempo completo, no existen casos de sinvergüenzas a tiempo parcial. Sus días pasan con la rapidez del vuelo del milano, y mueren jóvenes. A veces dejan un rastro de sangre, de dolor y, a veces, un rastro de cierta conmiseración o jocunda hilaridad. Es, por tanto, mucho mejor ser un sinvergüenza que ser un idiota.
7.6.09
38. La hora azul
La guillotina, más concretamente la pieza de hierro colado y afilado que entraba en contacto con el cuello de los ajusticiados, hubo de ser cambiada once veces en seis meses, pues el desgaste a que era sometida la volvía roma e inoperante para su función cercenadora. Isabelle Laforeau, camarera de María Antonieta, consiguió del verdugo su último deseo, que no fue otro que el de disponer al revés su cuerpo para la ejecución, es decir, con los ojos mirando al cielo, para ver cómo se deslizaba la cuchilla hasta el último momento. Tenía veintidós años y un talento ciertamente enfermizo para llevar los juegos hasta su límite. En Versalles era la secreta alcahueta que organizaba los muy reservados encuentros entre los más salaces miembros de la corte. No es momento ni sitio para entrar en pormenores. Los más curiosos pueden leer sus memorias, en donde hallarán relatadas con una meticulosidad cercana a lo morboso, todas sus habilidades. Dejo aquí la reseña de la publicación: Diarie obscur d’une chambraise du Versalles. Ed. Bouchard, París. 1922. Hay traducción en castellano: Agricultura cristiana. Ediciones Pontificias. Salamanca. 1957.
6.6.09
37. Una llamada perdida
Los párpados de Flora Puk velan intermitentes sus pupilas. A su través casi se intuye el jaspeado azul cobalto de su iris. Las lágrimas de Flora Puk nacen alumbradas de sus ojos como recién nacidos de cristal. Es emocionante observar su llanto con ternura. ¿Por qué llora Flora Puk? Porque necesita hacerlo, porque el redil de sus penas ha reventado las costuras de su alma, y porque sabe que estoy aquí.
Los gatos de Flora Puk se escapan por los tejados. Necesitan escapar, huir de todas las melancolías. Los gatos de Flora Puk tienen la piel atigrada y parecen miniaturas de animales más feroces. Es adormecedor verlos recogerse en el regazo de Flora Puk. ¿Qué les hace escapar? Se van no sólo huyendo de la tristeza, también huyen un poco de la felicidad a la que dan escaso valor, muy poca importancia.
5.6.09
36. Insight
Hoy hace un día gris tisis. Una lluvia absurda gotea algo desesperada entre las viejas antenas de televisión. Hoy hace un día gris panza de burra. La lluvia llueve llaves sin saber por qué. Hoy hace un día gris galerna. Llueve como llovería un sólido bloque de pedernal. Hoy hace un día gris tótem. La lluvia llora yemas de flores, quizá lotos o nenúfares (?). Hoy hace un día gris negocio. La lluvia toca en su caída instrumentos nuevos, confusos y claramente abyectos. Hoy hace un día gris comisaría. Llueve sí, llueve con la indiferencia natural con que me miran las mujeres de Milán. Hoy hace un día gris suburbano. Las gotas de lluvia se repelen entre ellas con furia medida. Hoy hace un día gris bálsamo. Continúa lloviendo con una lluvia envidiosa de otros días más lluviosos y mejores. Hoy hace un día gris muchedumbre. La lluvia me ha calado hasta el fondo de mi simpatía por los gitanos. Hoy hace un día gris galés. La lluvia ha cesado. Yo sigo gris y húmedo, y tengo mucho miedo.
4.6.09
35. Ardor brutal
El néctar de gladiolo es el ingrediente principal del veneno alicantino. Lo que tuerce la masa del caramelo no es la habilidad del dulcero, sino su pensamiento glacial. La turba mediterránea domina a la horda atlántica y apenas, casi por los pelos, a la hueste cantábrica. Los clarines tauromáquicos entonan la asfixia de sus notas en el enjambre torero del albero carnavalesco. La Academia dictamina las dos o tres diatribas que han de verter los intonsos bachilleres en el acto de clausura. El celibato se extiende por el continente con lentitud, parsimonia, a veces con cierta indolencia o desidia. Los hipermercados refugian familias enteras de coleópteros metropolitanos. El semáforo de Palacio tiene, como todos, tres luces de diverso color: el gris trufa, el blanco quebrado y el negro aborigen. Bielas y cigüeñales componen un grupo de elementos imprescindible para el desarrollo sostenible del abecedario. El corso mata al dálmata que roba al albano. El alcaucil y el orozuz combinan difícilmente y cohabitan aún peor. El mirto y la mirra añeja no son tubérculos, aunque vistos desde arriba así lo parezcan. Denme dinero.
3.6.09
34. La ausencia de Yahvé
El sexo de los demonios viene definido por la altura de los sextantes de sus credos cismáticos. Así, las demonias de alto rango, como Yuhnamú o Síbahna, lo son por la disposición de la fe que acogieron en sus pupilas de fuego eterno, y no por las maritales consecuencias de sus amores promiscuos. La Cábala intenta poner un muro de humo agnóstico que enturbie el devenir de las futuras guerras santas. El Apocalipsis, no obstante, deja vías abiertas por donde el pensamiento medieval menos tomista adopta posturas más acordes con el pensamiento oriental. Conocer, como conocemos, que el diablo es japonés, que siempre lo fue, y que siempre lo será, no necesariamente ha de dejarnos desnudos frente a la epistemología agresiva de Europa, sino más bien nos ha de abrir el entendimiento a nuevas formas de definición erótica, al menos en cuestiones de demonología práctica. Encíclica tras encíclica estas ideas se afianzan y el compromiso con ellas nos renueva los viejos conceptos. Por tanto, y con esto acabo, los extremos del mal llegan a subvertir las ideas primigenias del sexo demoniaco, y dejan entrever un futuro de revólveres más leves y acariciadores. Que así sea.
2.6.09
33. El humo más tenue
El vagón de metro estaba lleno de chiquillos con bufandas multicolores, todos bullían entre risas y empujones. El que esos niños alegres se convirtieran de pronto en bombonas de gas butano nos llenó a todos de esperanza y de consuelo. Los pocos adultos que allí nos encontrábamos adaptamos nuestra forma de vida a las nuevas circunstancias del momento. Unos decidieron abrir una carnicería, otros, untar de sebo los baúles de la abuela, y yo, casarme con una lotera de Triana. Nevaba copiosamente cuando salimos a la superficie; cada uno tiró por su lado. Los transeúntes, todos vestidos de verde césped, miraban con desconfianza inaudita los copos que con exasperante lentitud caían del cielo gris. Los gatos me rehuían como si los fuera a exorcizar con agua maldita, y las señoras me sonreían como monas de cuartel. Cuando empezaba a anochecer las calles se llenaron de martillos, de los bares salía un aroma de fritanga rumorosa, los coches se hacían transparentes, el reloj del ayuntamiento era un mejillón palpitante, y yo provocaba en los portales las ansias asesinas de las porteras. Cerca de mi casa comencé a ladrar, cerca de mi casa lamenté no haber concedido la mano de mi hija al hijo del Sultán.
1.6.09
32. Productos de limpieza
Los vencejos alborotaban la bruma. Del pantano (siempre suele aparecer la palabra “pantano” cerca de las palabras “vencejo” y “bruma”) del pantano, decía, surgía un hedor espectral, y unas sombras (siempre suele aparecer la palabra “sombra” cerca de la palabra “espectral”) y unas sombras, decía, inquietas como asesinos en la noche (siempre suele aparecer la palabra “noche” cerca de la palabra “asesino”) y unas sombras inquietas como asesinos en la noche, decía, sugerían una misteriosa huida o una tragedia cercana (siempre suele aparecer la palabra “tragedia” cerca de la palabra “misterio”) una tragedia cercana, decía, que probablemente hubiera ocurrido en el viejo caserón (siempre suele aparecer la palabra “caserón” cerca de la palabra “viejo"). Resumiendo: hay un pantano maloliente lleno de pájaros, es de noche, hay neblina y por allí se ven unas sombras, que el narrador supone son facinerosos que huyen tras haber cometido algo ignominioso en un edificio en ruinas cercano. Más tarde quedó comprobada la certeza de estos hechos.
31.5.09
31. La indecisión
Es por todos conocido el aforismo que se adscribe al ingenio del poeta alemán Hölderlin, que dice así. “Du musst dich mehr anstrengen, sonst schaffst du es nicht”, cuya traducción, algo libre, sí, pero también más hermosa es, aproximadamente, ésta: “Siente cómo ronronea el gato esperanzado en el regazo de la dulce abuela”. Hölderlin, el pobre, estuvo una buena temporada encerrado en un psiquiátrico de Tubinga, en donde ejercía su poder omnímodo el Dr. Sinclair, cuyas novedosas técnicas terapéuticas fueron experimentadas por primera vez en la persona de nuestro desdichado poeta. Duchas de orina galvanizada, dieta estricta de harina de almortas tostada, aplicación de electrodos rectales, inmersiones en lodos sulfurosos, lobotomías seriadas, y memorización rápida de epigramas en hebreo fueron algunos de los procedimientos utilizados por el Dr. Sinclair para la deseada curación de nuestro querido Hölderlin y que, ya se puede decir, obtuvieron un resultado aproximado a cero. A Sinclair no le gustaba la poesía. Era adicto a los solos de trompeta, a las setas de adviento, a los lupanares impostados y a la vieja literatura escolástica.
30.5.09
30. Amores decisivos
Entre los mejores poetas de mi bloque se halla Li Tsu. Sólo ha escrito un verso, un octosílabo dedicado en su totalidad a la pasión que arrasa su alma: su amor turbulento por la afamada concertista de acordeón, Aglaya Popovna, hija de Theodor Popov, el actual subsecretario para Asuntos Delicados del Ministerio de Asunto Exteriores y, a la sazón, buen catador de jarabes mucolíticos. También vive en mi bloque un chino enamorado de una acordeonista rusa, hija de un político que tose mucho. Ambos chinos se parecen mucho, aunque no deben de llevarse bien pues nunca los veo juntos, y eso que viven en el mismo rellano. Los chinos son, en general, individuos muy peculiares.
29.5.09
29. El mal de la flor
El kan mongol Yaunibeg ordenaba catapultar cadáveres apestados sobre las ciudades que quería conquistar. Esto ocurría en el año 1343. La importancia histórica del hecho en sí es mínima, si se compara con las maniobras de Cagliostro en el Delfinado o con las exenciones de diezmos que Bonifacio X consiguió, mediante bula previa, para todos los eclesiásticos del Palatinado. La importancia y lo esencial de las cosas, como los bucles de Piluca, son como logaritmos neperianos, que por más que deducimos sus parámetros básicos, nos quedamos sin conocer la verdadera personalidad de su inventor. Facundo Niepper no sabía de logaritmos ni de nada, era la esencia de lo lerdo, pero ayudó mucho en la felicidad de las vacas del valle. Era guapo mozo, muy del gusto de las vacas, a las que no enseñaba logaritmos ni enseñaba nada, dada su condición de lerdo esencial. Los logaritmos Nepperianos fueron un hallazgo casual de Facundo, no le reportaron dividendo alguno, pero pasó a la historia del álgebra. Nunca descuidó la felicidad de las vacas del valle.
28.5.09
28. Microgramas
Buenas tardes. Mi nombre es impronunciable, así que sería una pérdida de tiempo para mí y para ustedes el conocerlo. Ni yo mismo puedo pronunciarlo con una mínima corrección. Mis padres no podían llamarme, aunque lo intentaban con denuedo varias veces al día, y yo, claro está, no acudía porque aquel amasijo de sonidos gorjeantes no era capaz de asimilarlo con la idea que tenía de mi persona. Ellos no recordaban el origen de mi nombre, ellos no recordaban el día del bautizo, ellos no recordaban qué miembro de la familia fue al registro. Ante el espejo me observo cada día y cada día tengo más aspecto de llamarme Casimiro Martos de la Braña, pero ni por asomo ésos son los apellidos de mis padres. Sé que ése debería ser mi nombre y no el que tengo. Creo estar entrando en la vorágine de una depresión originada por esta crisis que podríamos llamar “nominal identitaria”. No sé lo qué hacer. Si a ustedes se les ocurre algo, por favor, no dejen de ponerse en contacto conmigo. Mis señas están impresas en el interior de la tapa de todos los botes de caldo concentrado de carne Bovril®.
27.5.09
27. El collar de Artemisa
En la enagua de Alfonsina vive una familia de palabras muy blancas y muy almidonadas. Han quedado adheridas allí sin que Alfonsina se dé cuenta. A veces el viento de otoño le desprende alguna y se la lleva en volandas por encima de las olas hacia alguna isla solitaria. La familia de palabras se va haciendo más y más numerosa con el paso de los días. Les gusta jugar al escondite entre los pliegues, y se balancean divertidas con el cadencioso caminar de Alfonsina. Les encanta cuando la niña las lleva de paseo por la orilla de la playa. Algunas gotitas saladas se entremezclan con ellas y entonces se ponen a hablar de versos y de peces. Nube, Esperanza y Horizonte casi nunca se separan. Otras, que siempre están charla que te charla, son Luz, Lluvia y Azucena. A Sol, Amor y Amistad les gusta caminar en solitario, como a Soledad, Sueño y Arco Iris. Alegría, Risa y Sonrisa son hermanas y andan siempre detrás de Corazón, Vino y Valor. Alfonsina a veces, cuando se sienta a leer bajo el limonero en las quietas tardes del verano, oye un rumor, un susurro de algarabía que siente cercano, como si un enjambre de sonidos dulces y envolventes le hiciera cosquillas en las rodillas.
26.5.09
26. Recuerdos de ultramar
La punta de un alfiler es una vasta superficie brillante donde se enfrentan minúsculos caballeros. En su afán de victoria dilapidan sus fortunas y disponen de la vida de sus vasallos, a los que dirigen a una muerte inútil, huérfana de gloria. La punta de un alfiler es también un lugar inhóspito, donde tan solo se distingue en el horizonte algún monasterio en el que monjes harapientos oran sin cesar mientras recolectan la miseria de su huerto. La baja Edad Media se asienta en la punta de un alfiler como la Prehistoria reside en el iris elongado de los gatos. El Tiempo busca refugios, escondites, perseguido por la Distancia que no cesa su asedio al sempiterno reloj de la Historia. El Renacimiento, tan propenso a las veleidades del Arte, se aloja en el azogue de cualquier espejo veneciano. Mi tiempo, tu tiempo, se halla en proceso de búsqueda. ¿Acabará buscando refugio en la recámara de un revólver? ¿En un fino tacón de rojo charol? ¿En un beso de amanecida?
25.5.09
25. Saurios
Cierta y nocturna mañana de un abrileño mes de octubre recibí un paquete sin remitente que alarmó grandemente mi sosegado y pulcro bienestar hogareño. Al comenzar a abrirlo, no sin sentir un escalofrío descendente desde la nuca al recto, reparé en que todas las estatuas de los palacios de Venecia dirigen su mirada hacia puntos opuestos a donde se halla erigido il Campanile. Cuando esto me contaron los buzos de bajura de la isla de San Gregorio lo eché en saco roto, en pozo de olvido. No pensé jamás de nuevo en ello. Pero ahora el hecho cobraba una nueva dimensión que, sin duda, cambiaría mi percepción de las cosas. Aparté el paquete, retiré el mantel de la mesa, dispuse mis utensilios de trabajo y me corté una capa negra de fina estameña que me quedaba perfectamente, dándome un aire decimonónico y esnob, decadente y dandy. Una vez dispuesto en mi landó ordené al cochero me condujera al club, donde Lord Applewood y Lady Mapplewood iban a recitar unos sonetos inéditos de Claridge, encontrados en su residencia, más concretamente en su alacena, tras unos tarros de confitura de batata albana. En el club encontré, además, al astronauta Effing, al talador Douglas, al fonopeda Tillson, al especiero Burmann, al mago Fizz, a la tasadora Isobel, al eunuco Tonino, al zapatero Castellani, al ciclista Simonetto, a la zahorí Gisella y al encofrador Eusebio.
Me gustan estas reuniones.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




























