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FUMPAMNUSSES!

¿Qué es Fumpamnusses!?... Fumpamnusses! es todo y es la primera vez. Siempre hay una primera vez. Escribo pues, por primera vez, en algo que tiene que ver con el exabrupto digestivo de un sapo ("Blog") sin saber siquiera lo qué es (me refiero al Blog, aunque en el fondo tampoco sé muy bien lo que es un sapo.) Mi declaración de intenciones espero que sí quede clara: me limitaré a realizar las veces que crea oportuno un ejercicio brusco, continuado y compulsivo de literatura automática, de exorcismo necesario y suficiente de los restos de energía negativa o positiva, qué sé yo, o de encauzamiento de ideas, frases o palabras que mi mente quiera en ese preciso momento que queden reflejadas en este nuevo e inefable invento. Invito, pues, a este ejercicio a todos los interesados en el arte de la improvisación mecánica, maquinal, indecorosa y pueril. No esperen grandes ideas, no espero grandes ideas, sólo el placer de ver concatenadas ciertas imágenes que surgen improvisadamente y en plena libertad, quizás en extrema libertad, esperanzado en que no me suceda algo tan lamentable como aquello que le ocurrió a aquel pequeño electrodoméstico que, de tan libre y tan enamorado como estaba de Sir Douglas H. Silverstone, declaró la independencia de todas las anguilas del mundo y de ciertos huevos de Pascua de los alrededores de Castel Gandolfo.



25.7.11

213. La clave está en mi rebeca


          Tengo un hijo que pesa lo que su talla no mide y posee un coeficiente intelectual que tuerce dos o tres veces las velas de mi noche. Porque duermo todo lo mal que su existencia me pide, y me agrada pensar que su felicidad es el anverso de algo que no tengo o que no sé que tengo. Él crecerá en dudas y deseos y yo reduciré mi genio y mis fueros a la nada de su injusticia leve e inocente. Me pierde día tras día en un trasiego de palabras inconclusas y vanas, palabras que esconden frases hirientes, maliciosas y humanas, frases que dejan entrever pensamientos grandes e incompletos, pensamientos que demuestran los colores del hombre que será algún día. Mi hijo será futuro cuando yo sucumba al presente que lo aprisiona. Nos entendemos y nos comunicamos como lo hacen los estorninos con los fresnos centenarios. Puede que amemos las mismas cosas pero con quantums de amor diferentes. Nos echamos muy mal de menos y con trampas. A veces su risa me perdura mucho más que a él mi secular intemperancia. No sé si algo le he enseñado que le haya reportado un solo beneficio a su vida (creo que no), espero que tampoco haya aprendido vicios incontrolados o conductas sediciosas de mi mundo ambivalente. Con su sufrimiento me distraigo porque no lo considero, es algo que me deja sin anhelos. No lo contemplo como algo posible. El sufrimiento de mi hijo es algo indebido, no concertado, algo helador y enajenante. Algún día sé que nos veremos, mejor dicho, sé que algún día nos reconoceremos, no sé si en una dimensión aún no descubierta o en un refugio para desolados o en un recinto para gente que ríe. De cualquier forma no hará falta ni el abrazo.

22.7.11

212. ¿Es viable un socialismo zoomorfo?


          La espina de la lubina (Dicentrarchus labrax) se me clavo a las diez de la noche, a las doce acudí al hospital, allí me dieron un homenaje seguido de una cena a base de lubina y mero antiguo: la segunda espina de lubina pues, se me clavó alrededor de las doce y media de la noche; acudí a un segundo hospital de color celeste, allí me agasajaron de nuevo y de nuevo hubo lubina para amenizar los postres: se me clavó pues, una tercera espina de lubina a las dos de la madrugada, más o menos. Esto ocurrió hace tres días. Lo que me preocupa mucho es el poco interés que mi problema con las lubinas despierta en todos ustedes. Les importa muy poco. A mí me interesan todos sus problemas. Me preocupa que a Íñigo Maza Villapando se le duerman las muelas del juicio cuando pesca; me conduele el olor a masa frita que expelen a cualquier hora los poros de Ifigenia Juárez Lillo; mi tristeza se suma  a la de Dimas Tortajada Tortajada cuando no puede dejar de pellizcar bacinillas de loza en Pascua Florida; sufro mucho con los exabruptos soeces que ha de escuchar impenitente el tonto de Sigüenza, Manolillo López Toribio, cuando ha de bajarse (no lo puede evitar) los calzones en misa de doce; lloro cuando pegan a Mingo Pérez, el cantante gay de "Los Margaritos Locos" y lo dejan maltrecho en las cunetas de las carreteras de Lanzarote; y así podría seguir días y días, pero a ustedes, lo sé, les importa una higa mis problemas con las lubinas. ¿Por qué no les importa? Díganmelo, ¿por qué?

21.7.11

211. Bestiario 04


          CRONCK: De la estirpe de los estilitas célibes es, a su pesar, de aspecto seductor y ciertamente altanero en su porte. Algo caballuno nace de sus rasgos faciales, toscos pero tendentes a la pereza en la mirada de miope imaginativo y fantasioso. Es, claro está, homínido y tremendamente hábil para elevarse por fustes y columnatas; allí permanece horas y horas entre triglifos y metopas, asalamandrado en los tímpanos vetustos de los templos semiderruidos, vigilante y acigüeñado en los pináculos de las iglesias claustrales. Las mujeres se persignan tres o cuatro veces cuando lo ven y se confiesan indefectiblemente el domingo siguiente. Cronck y sus congéneres provocan sin quererlo y sin aprovecharse de ello tumultos hormonales en las mujeres que los contemplan. Visten con decencia antigua, no son beligerosos, rezan de continuo y de continuo sollozan; son esos sollozos los que provocan un estertor de pena honda en los corazones femeninos y los que en ciertas mañanas de primavera hacen que más de una mujer se arroje a un pozo tan hondo como la pena que las empoza el alma. Los Cronck no pueden evitarlo, pero cada vez que se enteran de algún suceso triste provocado por la simple existencia de sus vidas no se tiran a un pozo, claro, pero tapan con estiércol de buey varias chimeneas de fábricas cercanas. Los primeros griegos los echaron, los segundos también. Cuando murieron los terceros griegos, regresaron y subiéronse a los templos hasta el día de hoy. Hay censados unos once mil, aunque yo creo que hay más.

14.7.11

210. El amor del coronel Cebolla


          Se me van pasando los días, las horas y los minutos. No tengo meses ni años. Soy Hortensia T. Lichmann y no conozco el nombre de las cosas más cercanas, conozco sólo el nombre equivocado de ciertas cosas lejanas y ajenas a mi condición de rea de muerte. Maté en dos ocasiones a gente desconocida, cuyo nombre no me decía nada. Soy Hortensia T., la del portentoso don, la hija de la noche, la ubicua, la reidora, la afrentosa, la hacedora de prodigios, la eterna musa del pecado, la de los dientes de porcelana, la del sexo seco e inaccesible. Soy Hortensia (Hidrongea macrophylla), como mi madre y como mi abuela. Soy descendiente de súcubas imperiosas que dormitaron con jenofontes y tácitos y trazaron los diagramas del futuro pavoroso. Soy la muerte venidera, soy mi propia muerte, soy la víctima siguiente, la que va a venir. Mi muerte no redimirá nada, gracias al cielo. Será una muerte blanca como la hortensia y negra como las agraces uvas de Tracia. Una muerte eternamente dolorosa y alegre como lo son todas las muertes. Maté para estar entre los muertos, viví para matar y morí para vivir. Sigo sin nombrar las cosas con la corrección necesaria. La palabra siempre viva. La muerte siempre Hortensia.

13.7.11

209. Fucking times


          En una chaise longue tornasolada de un verde ajado, casi gris, hierática, apoyada en su codo izquierdo y con la mirada perdida, inmóvil, reposaba Elizabeth Farren, futura condesa de Derby. A su lado, en un sillón Luis XV torpemente restaurado, se sentaba con cara de preocupada actitud Gonzalo Jiménez de la Espada, orientalista enjundioso y amante veraz de todo aquello que oliera a japonés. A su izquierda, en una austera silla estilo regencia se revolvía algo incómoda Marta Hegemann, pintora alemana expresionista de la Nueva Objetividad. Frente a ella, en una confortable silla de cuero beige modelo Barcelona disponía su voluminoso cuerpo Peter Senerchia, luchador profesional estadounidense, más conocido con el seudónimo de Tazz. En un chester de cuero negro de dos plazas, al lado de Tazz, se hallaban el uno al lado del otro, Luis Walton, empresario mexicano, radicado en Acapulco y Claudio Apolinar, obispo de Frigia, más concretamente obispo de la diócesis de Hierápolis. La amplia sala que los acogía presentaba un aspecto muy austero; paredes desnudas y pintadas de un blanco como el que se ve en la esclerótica de los caballos de Dresde. Tan sólo un cuadro ocupaba la parte superior de una de las paredes, justamente la que detentaba en su centro una chimenea de alabastro verdinegro. El cuadro, a treinta y cinco centímetros de la parte superior de la chimenea citada, la de alabastro verde, representaba en cuadrículas exactas, las veinticinco formas canónicas de golpear a un mudo. Frente a la chimenea, la de alabastro verde, se encontraba la puerta de entrada y, a la sazón, también de salida. Sir Nicholas Talmuddy no pudo acudir a la reunión. Ni Agnus Nïn. Tampoco pudo F.E.W. Nisroel. La vida sigue en el cuartel.

11.7.11

208. La seguridad ante todo


          Soy ácaro de felpudo, y me llamo Jonás. Soy huérfano de padre y mi madre es una liberal asimilada a la facción más radical, es casi una ácara ácrata. Mi niñez fue variopinta, aunque nunca salí de este asqueroso felpudo. Tengo amigos de aquella época, pero todos son judíos. Mi juventud no estuvo mal, aunque me enamoré de una acarita que me dio calabazas, me abandonó y marchó lejos con un acarón enorme de grandes bigotes y cuernos ensortijados, muy rico y poderoso. Sufrí mucho y me hice ácaro de una secta mendicante. Los ácaros guardamos pocas relaciones estables entre nosotros, nos place más el contacto afectivo con especies distintas y distantes. De hecho, a mí me sacó de la cosa ésta de los frailes mendicantes una ladilla preciosa muy procaz (nunca supe qué diablos hacía la sensual criatura en el manto lanudo del hermano Petrucciani y nunca se lo pregunté, habiendo otro tipo de ubicaciones más acorde con sus característica raciales); el caso es que me sacó de la orden limosnera a base de quiqui limpio. No me enamoré pero me sirvió para olvidar y para madurar notablemente. Ya tengo edad de formar una familia y creo que eso es lo que voy a hacer. Pero es que me atraen muy poco las ácaras que conozco. He vuelto al felpudo. Me presentaron el otro día a una pioja exquisita, de muy buena familia, y con unas tetas...

207. Los orígenes del mondadientes


          La inspiración se fue a las 18 horas cuarenta y seis minutos del día 4 de febrero de 2010. Desde entonces soy un contingente de vísceras que topa y retopa con las esquirlas de la grisura. No espero que regrese, como no regresa nunca el segundo amor. Tengo empezada mi gran obra, apenas unas cuartillas; también llevo mediada la peor; las dos quedarán inconclusas. Al marchar la inspiración a no sé dónde la acompañó el entusiasmo; es la causa de que no sufra la ausencia y que me rodeen estímulos indolentes, ligeros y vagos. Es más lenta mi frecuencia respiratoria, sudo con menor profusión y siento lo justo para no ceder a la melancolía, aunque la desidia intenta seducirme con vaporosa insistencia. La enorme extensión de conciencia, antes habitada por mil ideas fervientes y restallantes, ahora es un vasto erial sin apenas una brisa que la altere. Lo que se va no ha de volver. Nada regresa. Todo se proyecta hacia fuera. Es el sino molecular de todo lo que es, el big bang que se expande glorioso. Mi inspiración anda tan lejos como los clamores tribales del hombre prehistórico. Fue divertido mientras estuvo conmigo e hicimos grandes cosas juntos. Es por tanto el momento de convertirse en cínico, de usurpar el genio con el método, de disfrazar de excelencia lo anodino, de glorificarse en el símbolo, de ensalzar el disimulo, de inventar palabras y frases hueras, de darle forma a la nada con la nada y de ganar montañas y montañas y montañas de dinero.

206. La caspa de Hugo


Estoy hasta los prepucios de la música cubana.
Estoy hasta los prepucios de la mística cubana.
Estoy harto de los prepucios de la mística cubana.
Estoy harto de los negocios de la mística cubana.
Estoy harto de los negocios de la mística arriana.
Me voy harto de los negocios de la mística arriana.

El Trío Matamoros y Beny Moré.
El Beny Matatríos y Los Moros Moré.
El Moré Benymoros y El Trío Mata.
El Matabenys y el Moré Morostrío.
El Morosbeny y el Trío Matamoré.

Cuando salí de Cuba.
¿Cuándo salí de Cuba?
Cuando de Cuba salí.
Salí de Cuba. ¿Cuándo?
¿Cuba? ¿Cuándo? ¿Salí?

Y luego llegó Fidel.
Y egolu gollé Delfí.
Y güelo guelló Felid.
Y luoge logel Lifed.

30.6.11

205. Metáforas blanditas


          Érase una vez que se era un escarabajo azul que quería convertirse en un escarabajo que pareciese azul, pero que en la medida en que el observador de escarabajos se acercara o acercase, en realidad fuera de color magenta. Su deseo se hizo realidad gracias al hada Martita Pleguezuelo que se encontró con el protagonista de nuestro cuento en un enclave misterioso del Bosque Encantado nº 2. Mortimer, el juglar atolondrado, perdido en dicho enclave de dicho Bosque, llegó a observar el hecho inaudito de la conversión del escarabajo azul en escarabajo que pareciera o pareciese azul pero que en realidad era de color magenta. Lo vio y lo glosó en unas letrillas a las que posteriormente puso música (o musicó, o musicalizó) y dio a conocer por todos y cada uno de los pueblos del contorno. El escarabajo, nuestro escarabajo protagonista, oyó una noche la bella, salmodiosa y alegre cancioncilla de Mortimer. ¿Cómo sabía el juglar atolondrado el hecho inaudito que le aconteció con el hada M. P. en un enclave misterioso del Bosque Encantado nº 2? Marchó, pues, con raudo afán en busca del juglar, al que no pudo alcanzar dada la enorme velocidad que desarrolla un juglar caminando (más aún si éste es atolondrado): 127m/min., en comparación a la de un escarabajo medio, independientemente de su color: 0,73m/min. Con el hada tampoco pudo dar pues la destinaron al Bosque Encantado nº 3, hecho que el escarabajo desconocía. Y colorín colorado, este cuento tan poco esclarecedor y que nada aporta a la mejora del género humano en ningún sentido, ha acabado.

          (Dedicado al mayor de los hermanos Grimm, de nombre Jacob, el que siempre iba con gorrito).

29.6.11

204. El noble intruso


          Y nombraron a tres hombres buenos para llevar a término el encargo del Alto Tribunal. El primero de ellos se llamaba Caracuel y reía como ríen los animales nocturnos cuando otean cualquier cosa menos el horizonte; el segundo se llamaba Icaza y lloraba como las mujeres de Buda cuando se quemaban los antebrazos con las ollas de té; el tercero se llamaba Antúnez y bebía aguardiente como los cazadores de erratas de las editoriales vaticanas. Los tres dispusieron de un día para sus deliberaciones. Sólo les ocupó un cuarto de hora llegar a un acuerdo. Rellenaron los documentos, los lacraron y estamparon el sello de la procuraduría. Caracuel dedicó el resto del día a reír, Icaza a llorar y Antúnez a beber aguardiente. Al final de la larga jornada les pagaron y cada uno marchó a su casa. El cadalso se levantó en pocas horas. La ejecución se llevaría a cabo al amanecer. Caracuel, Icaza y Antúnez asistirían a ella en calidad de agentes judiciales vicarios. Caracuel se vistió de teniente de húsares para la ocasión; Icaza vistióse con el uniforme de gala de los Carabineros; y Antúnez fue con su atuendo de Capellán Castrense. Tras la ejecución sumarial marcharon, como era costumbre, a casa de Lola Jaramillo a desentumecer sus conciencias y a que las pupilas de Lola sosegaran sus confusos sentimientos de culpa con besos y caricias mercenarios, pero que producían efectos similares a los verdaderamente amorosos.

23.6.11

203. La mitra de hule


          Es necesario que digamos "no" tres veces al día: una por convicción, otra por necesidad y otra más por veleidad o capricho. Son necesarios en nuestra vida la ofensa recibida, el estupro consentido y un acto de cobardía ilimitada. En el enamoramiento hemos de experimentar un primer amor, un amor maduro y un primer amor maduro, por ese orden. Tendremos tres hijos: uno será perverso, otro posesivo y un tercero deficiente. Las fases de nuestra existencia las dominarán la insidia/envidia en primera instancia, el egoísmo/astucia en segunda instancia, y el odio/locura en tercera y última instancia. Igual que nacemos tres veces, a saber: el nacimiento a la vida, el nacimiento a la muerte y el nacimiento a la duda, igualmente moriremos tres veces, a saber: la muerte física, la muerte metafísica y la muerte ecuménica. Podría continuar enumerando tríos de circunstancias vitales que dibujan nuestra existencia, pero NO voy a hacerlo. Este "NO" es de la tercera categoría, un no veleidoso, un capricho de negatividad. Me quedan todavía dos más antes de que den las doce.

17.6.11

202. Yo soy menonita


          Me fijo en el frunce de tu entrecejo y en la bóveda dorada de tu frente, asimilo poco a poco los surcos por donde sudas y lloras, me recuerdo en tus orejas pequeñas rodeadas de frondosa placidez, tu nariz quebrada e insolente, tus ojos decidores y ahora brillosos, que sufrieron y que muy pronto reirán, tu boca enmarcada que nunca cesa, me sumo en tu cuello, en el que quepo y sueño, tus pechos que duermen primaveras y recuerdan rotundas victorias; me observa severa la discreción de tu sexo, oscuro y sabio, sabedor de pocas e importantes cosas; tu espalda sinuosa, agreste, de simetría deslazada, esa espalda que aturde valentías y caricias; y tus nalgas sellan mis manos a su piel de tacto enajenado; si tus brazos de ternura poderosa me someten como a un niño, tus piernas dulces y peligrosas me doblegan como a un hombre, este hombre que besa tus pies de porcelana antigua, este hombre cegado por la luz de tus manos musicales, de tus manos hacedoras de milagros.

16.6.11

201. Emi, Goti y Cañamón


          Santo Domingo Savio, santito italiano nacido muerto a los 14 años, fue, es y será ejemplo de precocidad napolitana e intelectiva. Nacido muerto en Porto Allegrini, cerca de Rimini, cursó estudios de kindergarten en Polentza di Mare y acometió los grados parvularios en la Scola Annormale del Pater Piocopolo, en Mennara. Desde la fecha de su nacimiento, el occiso Dominguito olía mal, pero hacía milagros, muchos de los cuales fueron incomprendidos en su época. Llenaba de pobres las puertas de los conventos de la Lombardía; creó de la nada miles y miles de menesterosos que iba depositando en los claustros y abadías mencionados. Curaba la afonía de las canzonetistas más promiscuas y salaces, disolvía sinagogas a mucha distancia, promovía disidencias en palacio, amaestraba zarigüeyas y tapires, trocaba el haz en envés y hacía que los leprosos bailaran motetes y gigas. El día de su segunda muerte, acaecida un lunes de otoño en San Pietro della Bregna Preta, todo Nápoles se puso en fiesta y el Etna exhaló una nube casi mágica de un color entre cobalto y cromo, que adquirió en el firmamento la forma de una góndola llena de cuervos y damajuanas. Dios lo acogió en su seno a las 14.25 y ya estaba en el cielo a las 16.31. Fue beatificado y santificado por el Papa Sancho Nono en el año mil y pico.

4.6.11

200. Mi tío Samuel


          La vergüenza de Tota Oña, marquesa de las Vaguadas, era una vergüenza antañona, medieval, casi carolingia, yo diría incluso que era una vergüenza mesolítica. Y no es para menos, y verán ustedes porqué: resulta que Tota tonteó una primavera con Queco Ostiz, barón de L'Orville-Leduc, allá en la época coincidente con su más tierna juventud, cuando iba con su madre, la condesa de la Bastilleira, a pasar los meses calurosos a Farnadeiros, villa lucense lindante con San Xiao do Camiño. Allí, y tras el devaneo gallego con Queco, una galerna de las que hacen época dio un vuelco a la vida de Tota: dos mil marineros de bajura murieron en la tempestad, millones de pulpos aparecieron rotos y maltrechos muy lejos de la costa, cerca de Cacabelos, provincia de León, el maestre de los gremios coraleros de Baloira apareció degollado en la taberna de Mariazorriña, y la totalidad del mejillón huesudo desapareció como especie y como manera de entender la vida. No es, por tanto, necesario insistir en cómo la vergüenza acompañó desde entonces la triste vida de Tota y la de todos los que la rodeamos y malquisimos.

23.5.11

199. La fiebre de la muchacha en la era


          Si descontamos los átomos de caricias que no llegaron a la plenitud de los besos verdaderos que podrían haber sido, negaríamos la verdad que nos asola en las noches enhebradas de desdicha y sinsabor, que son casi todas. Es por lo que el filósofo y el matemático se niegan de espaldas y se ofrecen las armas de su duelo a ciegas, demorando lo inevitable del encuentro con antifaces y mentiras de oropel. El gramático sale indemne del furor de la palabra, clama al Verbo y se niega una y mil veces ante la Cifra. El artista disimula en el claror amanecido o en la grisura cenicienta de la cueva. La ciencia del alquimista erosiona los moldes ancestrales con fórmulas inasibles. El poderoso comerciante deambula, pasea, compra esclavos y cosas. El amor gentil, con su prosapia erotizada y los aromas agónicos del deseo, se diluye en las estribaciones de desiertos apenas velados, apenas sospechados. Y el guerrero, que no quiere serlo, vela la morada de todos en una larga noche, la noche en que los átomos se despedazan al estrellarse en todas y cada una de las caricias soñadas.

16.5.11

198. Carla Bruni es maragata


          Los grises de esta tarde de primavera son tan verdes como esperanzadores eran los azules casi marinos de tus ojos de de un malva luminiscente. Mezquino eternamente será quien así no lo admita y mezquino quien lo admita eternamente. Tus ojos, bella Mora, me tienen atado a este vergel de desdichas, como si tu aspecto de cristiana ortodoxa no emancipara cien mil seminaristas de todas las Galicias que en el mundo haya. Tienes ojos, Zoraida mía, que suenan como címbalos de guirlache cortesano. Te amo tanto, Morita acanallada, que domaría ricos caballeros para que cruzaran la Santa Cruzada de tus muslos veraniegos, y luego los mataría antes de que culminaran la matanza de tu carne aquilatada, y tan mía esa carne como tuya, como de todos los que nada tienen y todo tienen. Menos tus ojos, musa de oro plateado, tesoro de los dioses, todo me parece extraordinario, de tan acostumbrado que estoy a los instantes luminosos que me ofrecen. Te amo sucia, te amo polvorienta y riscosa, te amo estampada de todos los pecados que te gustan, te amo empedrada del deseo enajenado de tu raza y mi destino.

2.5.11

197. Minutos musicales


          El aborigen togolés que llevo dentro me indica que lo exponga, es decir, que lo ponga en el exterior, que lo saque fuera de mí, que mi esqueleto lo suelte, que mis músculos lo liberen tendinosamente hablando, que en fin, sea liberado todito todo de mi ser corpóreo, que dicho sea sin ofender, lo deje en paz y libre de una puta vez. Es un aborigen que me fue introducido el día de mi primera comunión, ceremonia oficiada en 1961 por el cardenal Larraona en la iglesia de San Antonio María Claret de Sevilla, muy cerca del estadio Benito Villamarín, donde el Real Betis Balompié gana todos los partidos que juega desde el año 8 después de Cristo. El aborigen me lo introdujo el Padre Pimentel con una panoplia bicúspide del tres tras la ceremonia canónica y me fue  posteriormente clampado por el hermano Truman con una sonaja de almortas bendecida por Pío IX. El aborigen lleva por nombre Arturo Ngóoh y es, claro está, negro como el alma de Alma Truman, hermana del hermano Truman, que era prostituta a tiempo parcial en las abadías de Sierra Morena, en donde era conocida como Alma Truman, la hermana del hermano Truman, el de las sonajas clampantes.

16.4.11

196. Renuencias bancarias


          Tengo un amigo al que su mujer quiere abandonar. Ella no lo sabe. Él sí. Lo nota en cada gesto, en cada pliegue de su negligé, en cada caricia, en cada beso que ella le da. Lo nota en el aroma del perfume que ella se pone para él, en su dulce mirada, en las palabras de amor que ella le dedica. Sabe que ella quiere abandonarlo, a él y a su hijo. Él sabe que ella siempre ha querido marchar lejos, muy lejos. Lo ha sabido siempre y así me lo ha contado entre lágrimas. Está triste, aunque después de tanto tiempo, él dice que se ha acostumbrado al aciago futuro que le espera; vive angustiado pues el amargo suceso se hará realidad en cualquier momento. Ya no tardará mucho. Ella vive feliz con él y con su hijo. Mi amigo sufre lo indecible. Es controlador aéreo y se llama Augusto Cifuentes Mediavilla. Su hijo se llama Sebastián Cifuentes Trebejo y ella se llama Teresa Trebejo Puig. Mi nombre es Carmelo Tolosa Barragán y tengo un cocedero de mariscos en algún lugar entre Zaragoza y Calatayud.

6.4.11

195. Íntimas carencias


          Voy ganando en sabiduría lo que pierdo al mus. Como un cristal mal azogado que pierde en especularidad lo que gana en trasto viejo de desván. Somos vasos comunicantes en un mundo de compartimentos incomunicados. Amamos menos cuanto más nos amamos a nosotros y nos aman menos cuanto más amamos a los restos confusos de los demás, aquellos que han perecido en una batalla de amor o en un combate de incomunicados desdenes. Los naipes del corazón sólo saben hacer solitarios. El ajedrez lo jugamos con Dios, que siempre pierde, y a la ruleta jugamos todos contra todos y siempre gana el contrario. En el odio, aunque parezca lo contrario, siempre vencemos, o al menos, siempre salimos con parte de un pequeño botín ensangrentado. Algo es algo; sin embargo, en el amor, aunque sea diocesano, incluso en un amor ecuménico, salimos como sotas enajenadas, perseguidos por reyes a caballo sin atisbar siquiera al arlequín que nos pudiera salvar con una mojiganga redentora. Ahora es de noche en este miserable casino. Los ujieres y los maceros de corte están dormidos sobre los cadáveres de los últimos crupieres. Una bambalina roja tapa las piernas de la cigarrera asesinada, sólo se ven los tacones acharolados y el comienzo de la costura de una media tersa y salpicada de sangre.

3.4.11

194. Mujeres ilustres


          Yo tengo un gran sentido del humor. Soy muy gracioso. Todos lo dicen y todos me envidian por ello. Yo, a veces, incluso me río de mis ocurrencias y de mi chispa inteligente y genial. Ayer, sin ir más lejos, me encontré con Bruno Bru, el catedrático de Misoginia Avanzada de la Pontificia. Llevaba un terno gris mapache y unos zapatos de piel de rata. Bueno, pues al verlo, no se me ocurrió otra cosa que decirle: "¡Hombre, Bruno! ¿Qué te hizo el turronero de Burdeos que tan luengos tirabeques te dejó al relente?" Los que me oyeron, incluido el propio Bruno, se desternillaron de la risa. Son cosas que me surgen así, de improviso, en un repente de inteligencia fugaz pero constante que hace las delicias de los que me rodean. Sí señor, soy muy gracioso. Les voy a contar a ustedes un chiste:

          "Las alondras, esos quiebros de futuras hecatombes, diseminan sus vuelos insensatos sobre un prisma de luz incandescente. Es un domingo de aurora olvidada en la plenitud de la mañana. La brisa se acumula en el pináculo de esa iglesia pequeña y cenital como el seno de una malva, y tú, ardiendo en el deseo de este día, me miras desde una distancia que adormece y enardece a la vez mi pasión esperanzada".

          ¿A que es para partirse?

20.3.11

193. Americans


          Tuve un novio brasileño que se llamaba. En las noche bahianas salía al claror de la ventana de nuestro humilde bohío y llamábase con una desesperanza tan triste y tan apesadumbrada que ganas daban de acudir a sus lastimeros llamados y decirle: "aquí estoy, mi negro, soy tú". Nunca nadie acudía cuando mi novio se llamaba. Yo, a veces, le acompañaba en sus imploraciones al aire bochornoso, en sus llamatorios nocturnos a sí mismo que ni él mismo respondía. En esos momento me miraba con cara extrañada, me susurraba una palabra de amor nueva, acuñada por él y seguía clamando al aire henchido de golosos mosquitos, llamándose hasta que la turba alvinegra del manglar amaneciente lo rendía y lo hacía derrengarse en la hamaca en donde un sueño atronado le otorgaba olvido pero no descanso. Un día, mientras lavaba mi pollera entre los cañizos, oí su grito, al que siguió una risa abierta y sorprendida, oí su voz doblada en el viento perfumado de la tarde, oí que una voz timbrada y jaranera respondía a una misma voz jaranera y timbrada. Cuando llegué a nuestra casita vi a dos hombres que charlaban enlazados en un afecto verdadero de entrañable camaradería. Se parecían tanto el uno al otro que era difícil diferenciarlos. Esa noche no hice preguntas, ni ninguna otra noche. Los tres somos muy felices.

16.3.11

192. www.hombresdemundo.rip


          Un latino es un medio de ser aborigen, de ser un conjunto de piezas geométricas morenas y azucaradas, de ser un sicomoro y a la vez teniente coronel de algo. Es así, créanme, o no me crean, hagan lo que les guste, que será sin duda, algo relacionado con el sexo o la política, actos, que no acciones, ambos de una grosería infinita. Los sudamericanos latinizados en desposorios matriarcales de hispanidad europea, esos bolivianos panameñados, los guatemaltecos achilenados, o, para acabar, esos paraguayos surinámicos, ¿qué podrían aclarar, añadir, concluir en la denostada propuesta de solidaridad cónica del continente hendido? Nada, no podrían decir absolutamente nada, porque sus oficiales directores de masas, sus asesinos encumbrados por el  homicidio de estancieros y la ingestión de guayaba pasada no asesoran lo suficiente a los ciudadanos, que sólo saben mascar la coca añeja con la que embadurnan sus viejos fusiles, los que en un principio fueron adalides de las más puras democracias del mundo, pero que marcharon en huida, corridos, botados hacia el asiático esplendor de las ciudades de luz sideral. En eso quedó todo, en siglo y medio de esperanzas no tan verdes y de banderas a media asta con carácter de permanencia, de estatismo eterno frente a un horror dosificado. Lo mulato como quiebra del horizonte, y todos mirando si cae o no cae el Perito Moreno.

14.3.11

191. El síndrome de Andropoulos


          Cada latido, un copo de nieve, un invierno pequeño y silencioso; cada pena, un intervalo mudo y blanco, un atisbo de fulgor lejano que se escapa para siempre. Y la noche, la noche que no cesa en su amor por lo inasible, por lo que de verdad duele. Me duermen los aromas de las velas perfumadas, las ceras hirientes de esquirlas lechosas que se derraman tristes y lentas, los rumores de olas de esta capilla húmeda de dioses oscuros y vengativos. Yazgo al unísono con los demonios dulces que me rodean, que me fustigan con sus rojas lenguas arrojadizas, que me laceran inconstantes con sus agudas risas y broncos alaridos. Mi corazón de santo antiguo y olvidado se enmohece en un sin fin de escayola acurrucada, en un piélago de carcoma verdinosa y acre. Veo desde mi altura coleópteras beatas, agridulces acólitos amoratados de golosinas dudosas, presbíteros tersos como el marfil, feligreses amancebados con su sombra puntiaguda persiguiéndoles, veo al párroco arrodillado como si Dios le doliera. Y veo mi aura apolillada y temblorosa, moribunda, a punto de desfallecer de olvido, debilitada por unos átomos de beatitud que la empujan a estos rincones barrocos y asolados, olorosos a esencias de otros tiempos, y donde Bach ya no consuela tanto como alarma.

27.2.11

190. Una nueva iconoclastia


          Hoy me han asegurado que voy a ser padre de nuevo. Me lo ha dicho una nigromante (cabellera de fuego, tez opalina, mirada en prisma). Mañana lo contaré a los cuatro vientos (alisios, simún, siroco y tramontana); lo relataré por los últimos confines de los siete mares (Carpio, Mármara, Alborán, Adriático, Caribe, Báltico y Muerto); lo publicaré en los periódicos de mayor tirada (Herald Tribune, New York Times, El Heraldo de Bogotá); y lo colgaré en las más populares redes sociales (Trogger, Bumpin', Wellingfuck). Mi padre hizo lo propio cuando le dijeron que yo venía en camino, y mi abuelo lo mismo cuando se enteró de lo de mi padre. Yo espero que mi nuevo hijo, al que pondré de nombre Tiberio, sea un buen católico protestante, un ciudadano ágrafo y tendente al inmovilismo y un dopado deportista nato. Lloro bastante ahora, tanto de emoción como de vergüenza, por mis ansiedades de soltería y por mis anhelos de convertirme en golfo y en dueño de mis propias francachelas. De la nigromante tan sólo sé que no se llama Aurora, ni es nacida en Tordesillas. Sé que gusta de ulular por entre los aros de cemento utilizados para la construcción de chinfonías, y de asustar a los periquitos almizcleros de la tundra zamorana.

11.2.11

189. La soberbia como arte plebeya


          En un primer momento todos fuimos previsibles. Más tarde, todos fuimos inherentes. Por último todos hemos sido refractarios. En los tercios, donde anduve persiguiendo el heroísmo y la gloria, me abstuve de encumbrar nada que no fuera digno de mi prosapia y anhelo; pero el estruendo de la derrota y la caída en desgracia del "el más Insigne Español en Flandes", me conturbó más de lo que imaginara y me condujo al estado servil en que actualmente me hallo. Y no lo digo por decir, que por decir diría alguna otra cosa: diría, qué volcanes subyacen en las covachuelas de los altos tribunales; diría lo que siente el alma de los mequetrefes ante la presencia del alto clero; y por último diría que me encuentro en el estado de bonanza espiritual inherente a mi previsible afán de refractariedad.

6.2.11

188. Perfiles y otros sesgos


          Cuando se emerge de las profundidades, se nace de nuevo y de nuevo nos encaramos con esta hostil atmósfera fría, parsimoniosa, rancia y un punto agreste. Desearemos pronto, al menos yo lo desearé, una nueva inmersión en aquello de lo que emergimos hace unas horas. Emergidos no soñamos, licuamos los anhelos en algo parecido a lo que experimentan las amebas. Hermanados/as con ellas, con las amebas, no devenimos en más pluricelulares, sino que ajustamos nuestro cuántum celular a un guarismo más acompasado con la realidad última, con la realidad primigenia, que no es otra que la semejanza. Nos indicaron antaño que nacimos semejantes a no sé quién (¿Dios, un bello mono rabilargo, un aminoácido discoide...?) y nos moriremos un día u otro de manera semejante a como lo hacen todos los seres vivos y los otros. Una vez asumidos los conceptos amebianos, ontológicos y aburridos de la existencia, me marcho a los toros, no sin antes abrevar unos jarrillos de agua cristalina en la fuente de los sicomoros, y leerle unos versos a mi amada Catalina, la esposa de don José María Esquivel y Calatrava, insigne maestrante. Ella es dulce y melosa como una ameba legionaria, tierna y contumaz como una mona rabilarga, muy aburrida y cantarina como lo son aquellos aminoácidos del extrarradio. Pero la quiero. Ella a mí también, pero menos.

29.1.11

187. Vuelta ciclista a Jaén


          Es que me miro hacia abajo y sólo veo un vientre abultado, semi-depilado y con cicatrices recientes. Luego me miro al oblongo espejo de mi cuarto de aseo y veo un rostro inhóspito con los trazos exactos que tendría alguien llamado Alfredo. Salgo al campo a recoger fruta, a recoger bidones de fertilizante, a otear horizontes cúpricos y mortecinos. No me aburro, incluso pienso en personajes de Disney. Yo soy uno de ellos, soy el enanito número ocho, "el sátiro", y entro en la mina de diamantes con ojillos de lascivia mineral, de salacidad acuosa. Muevo el mortero a la hora del almuerzo, lo remuevo hasta que las gachas toman una consistencia pastoril, le añado torreznos y lengüitas de burro, vinagre negro y sal tostada. Vuelvo al hogar de los perros desvaídos y de las abuelas redondas. Vuelco el belfo sobre dentífricos almizclados. Reverbero mi memoria, me pongo soberbio y adusto entre las risas de los demás. La quiero, no la quiero. Sí la quiero, claro está. Pero no es ella la que hunde el reflujo de los mares inexistentes, soy yo el que la lleva a la fuerza a ese otro lado de los espejos recientes. Me muestra tantas cosas que ya casi no me dan miedo los sueños especulares. Miro hacia arriba en mi cuarto de cornucopias y sólo veo a Alfredo bruñendo el florete con el que me va a ensartar.

28.11.10

186. Réquiem por todos nosotros


          Siempre duele mirar atrás porque la mirada sólo nos enseña lo que va delante; otra absurda convención de la naturaleza: lo pasado no cuenta, sólo el presente y su futura proyección interesa a los hados. Pero el hombre persiste en su empeño de socavar el túnel del tiempo y conmemorar los hitos abstractos de los acontecimientos pasados. Sufrir el néctar de recuerdos inflamados por nuestra vanidad o desasosiego nos produce un tremendo placer que nos deja a su vez, el agridulce poder de la nostalgia. Como contrapartida, es esta nostalgia incesante la creadora del genio y la metáfora. Sin esta fuerza motriz que viene del pasado no veríamos el sinsentido natural, aunque hermoso, de la efímera libélula del lago, o el terror del estruendo salvaje y selvático del paquidermo en estampida. Somos lo que somos gracias a la ambivalencia que sentimos del pasado y al miedo que proyectamos hacia los acontecimientos futuros. Todo lo hasta aquí señalado sirve para explicar (para explicarme, para explicaros) el por qué camino como camino: siempre voy hacia atrás, mirando mi pasado cara a cara, dando la espalda al devenir de la vida. Nada veo que me asuste porque ya todo me es familiar y conocido. Nada proyecto porque nada puedo dirigir a mi futuro, y la nostalgia contraria revierte sobre sí misma y se inmola en una especie de simpática melancolía. Les aconsejo que prueben este método mío. Soy moderadamente feliz; en todo caso, más feliz que todos ustedes. Buenas noches.

25.11.10

185. La pesca del ampiflón


- ¿Me acerca la bandeja de petisúes, Baronesa?
- Debería alejársela, Conde. Me preocupa su peso.
- A mí me preocupa su simpleza de carácter y sus pelos, querida Baronesa.
- Su grosería marcha a la par que sus kilos, Conde.
- Y la pobreza de sus ralos cabellos es directamente proporcional al aumento de los pelos de su ya frondoso bigote.
- Es usted insoportable, no comprendo cómo lo puede aguantar la condesa.
- Probablemente por mi fortuna y porque de mí depende toda su familia.
- Ni por todo el oro del mundo viviría yo a su lado.
- Yo, ya ve usted, sí que viviría por dinero con usted; por mucho dinero, claro está; sería la única manera.
- De joven era usted mucho más contenido y elegante.
- Usted, querida Baronesa, en cambio, de joven era tan vieja como lo es ahora. Siempre fue usted una anciana.
- ¿Qué le hace a usted, Conde, ser tan cruel con todos los que le rodean?
- Quizás el hecho de que los veo a todos como moscas zumbando alrededor de un pastel que ni les pertenece ni jamás alcanzarán a probar. Forman un insoportable enjambre de mediocridad y monotonía exasperante.
- ¿Se considera usted mejor que todos ellos?
- Sin duda, Baronesa, sin duda. Y usted, ha de reconocer, prefiere mi compañía a la suya, aunque me cisque una por una en todas sus convenciones, en las suyas y en las de ellos, y desprecie la repugnante sociedad que han montado en esta agreste y bella región; bella hasta que aparecieron todos ustedes con su séquito de inanes saltimbanquis.

          (¿Continuará?)

21.11.10

184. La quiebra de Louis Vuitton


          El alma tiene cabida para muchos pecados originales. El más original, sin duda, es el cometido por nuestros primeros padres, Adana y Evo. El paraíso en el que holgaban, sito entre los dos grandes y bíblicos ríos, el Tifrautes y el Eugris, era un lugar ciertamente acondicionado para cometer originales y no tan originales pecados. El cometido por esta primigenia y singular pareja fue el de la desobediencia, en la figura simbólica de degustar los frutos prohibidos del árbol de la ciencia, también conocido como árbol del bien y del mal. Dios les prohibió que comieran de ese árbol, pero ellos decidieron ser libres, y la libertad les costó una eternidad de disgustos y calamidades. Adana cogió la pera, la serpiente embaucadora la convirtió en manzana, Evo se la dio a Dios para que se la comiera, Dios le dio la mitad a la serpiente, que la volvió a convertir en pera, y con esta forma se la dio a comer a Adana, que la rechazó en un gesto que la honraría de por vida. El bien, el mal y la ciencia se confundieron para siempre en una especie de enjambre espiritual aquilatado durante siglos en forma de palomo luminoso que volaba y volaba sobre las cabezas de los hebreos, judíos, israelitas y gentiles de Samaria. Esta historia, tan bien concatenada y mejor contada, es el germen fundador de nuestro emblemático y entrañable pecado original. Tenemos, claro está, otros muchos, pero ninguno con este nacimiento tan digno y concluyente.

20.11.10

183. Levitaciones en la antigua calle del Pino


          La elocuencia de Gaetano era conocida y admirada en toda la región de Lombardía. De natural discreto y apocado, ante el atril del ateneo o desde el púlpito de la iglesia de San Andrés de Mantua, su verbo se engrandecía y su aura de demiurgo de la palabra se derramaba sobre sus oyentes como un leve y sedoso manto de sabias y benéficas palabras. Un día que leía su breviario devocional por el claustro soleado del palacio del mercader Giovanni Boniforte, se le apareció San Andrés atado en aspa a una cruz de roble. Gaetano, aterrado, quiso huir, pero sus pies se hicieron de plomo y la huida fue imposible. San Andrés, desde la cruz de su martirio, intentó calmarle con dulces palabras y gestos faciales de luminosa ternura. Nada consiguió el santo apóstol de Cafarnaún; el elocuente mantuano reventaba en alaridos ante la ruda visión del anciano crucificado. Tras los ímprobos esfuerzos por darle sosiego, San Andrés no tuvo más remedio que desistir y se esfumó con la misma celeridad con la que hizo su aparición. Con la capacidad de deambular recuperada, Gaetano salió en estampida y no paró de correr hasta que llegó a la torre dell'Orologio, donde con resuello acezante y el vello del cuerpo erizado, apostató a voz en grito de más de once religiones, antes de volverse loco y tartamudo y de ser encarcelado de por vida de manera sumaria tras sus descabellados e interminables discursos a favor de la quema de todos los robledales de Lombardía.

17.11.10

182. Un día en la vida de Hugo Haas


          Traidores hay tantos como tontos, más o menos. Cada pueblo tiene su tonto y su traidor. Si hay dos tontos no por ello va a haber dos traidores en esa localidad. Pero si hay dos traidores, uno de ellos no será traidor, sino otro tonto disfrazado de traidor. Lo difícil será advertir cuál de ellos es el tonto y cuál el traidor, pues el tonto real, el tonto legítimo, puede ser confundido con el traidor tonto, al que también puede confundirse con el traidor real y legítimo, ya que el tonto que no lo es, está disfrazado de traidor. En las ciudades populosas, como Caracas o Sydney, los tontos y traidores se distribuyen por distritos y se amalgaman en cofradías, como los pescadores de A Coruña. En Caracas, por seguir con el ejemplo, hay censados a día de hoy 9555 tontos, igual número de traidores, y 6789 gallegos, de los cuales cuatro son tontos y traidores y nacidos en A Coruña. Esta anomalía genética, geográfica y ética es propia de la raza celta, muy dada a los matrimonios consanguíneos y a la ingesta inmoderada de lamprea y berros. La traición y la idiocia son características inherentes al contacto con mariscos y gaitas a la vez, no por separado. El contacto con marisco per se no provoca ni tendencia a la traición ni babas cantarinas; igual podemos decir del contacto con la gaita. Pero el roce o la cercanía de, por ejemplo, gaita y centolla, mina la moral del individuo, haciéndole taimado, a la vez que la estulticia se abre paso a través de sus meninges convirtiéndole en un idiota de pito y gamba.

29.10.10

181. El estadio de Balaídos


          Querido diario: hoy me he sorbido los mocos de pura rabia al ver cómo se llevaban a mis amigos cristianos a que los devoraran los leones. Yo no soy cristiano, soy hereje y heterodoxo, por eso me he salvado. Mi alma es negra como el betún de Judea y peco de manera uniforme, constante y numerosa. Peco en varias religiones monoteístas y en algunas politeístas. Contravengo todas las reglas morales de cualquier creencia religiosa que conozco. Cuando muera, será muy difícil saber a qué infierno de los muchos posibles seré enviado. Porque todas las religiones y todos los dioses son verdaderos. Y por tanto, todos los cielos y los infiernos igualmente lo son. Los cristianos devorados por los leones irán al cielo dentro de un rato, pero yo no iré nunca al cielo porque nací malo, de madre mala y padre malo. A mis abuelos, que eran escoceses, no los conocí, pero igualmente los aborrezco, porque yo aborrezco y odio a todo el mundo, incluso a los estultos cristianos devorados por los leones. Ser malo es como una pesadilla con final en Teherán, o como hartarse de higos y granadas frente al edificio de la bolsa de Detroit. Algo así. Ustedes no lo comprenderán, pero es que esto es un diario y ustedes no tienen derecho alguno a leer el diario de ninguna persona, por muy hereje y heterodoxa que ésta sea. Espero que todos lo que esto lean sean devorados por alguien o por algo alguna vez.

28.10.10

180. Un mundo multicolor y escaso


          Es un pueblo con gran desorden en su enorme agujero. En su interior nadean (esta palabra no existe, pero debería) gentes de color cobrizo y animales en fase embalsamada, translúcidos algunos, y semejantes a lucios de piedra, otros. Paso a su través con mi tienda trashumante de refrescos de zarzamora y peritas de San Juan. Conozco a las muchachas del pueblo que con gracia poco definida, enarbolan alfanjes oxidados cuando me ven pasar. Sus novios, mineros rojos en su mayoría, me disparan bengalas de colores diversos y llamativos. En la escuela de Artes y Oficios vendo mi material y marcho con pena contenida hacia parajes más hostiles, más agrestes en sus costumbres, más beligerantes con las gaseosas que despacho. Me llamo Gummo Marx, soy el quinto de los afamados hermanos newyorkinos; tengo ciento veintiséis años; canto tres canciones, las únicas que me sé, algo obscenas porque son del tiempo en que actuaba con mis cuatro hermanos en los más tirados bujíos de Coney Island (la palabra bujío tampoco existe, e igualmente debería). También toco algo el saxofón alto y el ukelele. Me separé de ellos durante la Segunda Gran Guerra, siguiendo a una mujer afgana de nombre impronunciable, a la que llamo cariñosamente Jgjhtzcjgb. Soy, además un adúltero incorregible pues la engaño con las chicas de los alfanjes oxidados, con los mineros rojos y con algún que otro animal embalsamado. Las gaseosas las hago yo mismo con cosas que me voy encontrando por esos andurriales de Dios.

26.10.10

179. Gentilicios


          Nenúfar es una palabra que utilizo mucho más que cualquier otro pobre talabartero. Sarraceno es la que más utilizaba antes de la Primera Guerra Mundial, pero ya estamos en la Cuarta y ha quedado pasada de moda, e incluso obscena. Naturalmente, cuando se siente uno muy deshojado por la desidia de los demás, brotan de uno palabras algo más salobres, menos acogedoras y templadas. Los demás duelen mucho cuando no son ellos los que se duelen. E incluso cuando se duelen de ellos mismos, duelen a los que nos duelen los demás, por el simple hecho de no ser nosotros. Es doloroso a veces no ser los otros. Yo dispongo de lágrimas precisas, específicas, para esa pena de no ser ellos. Entristezco muchas veces durante la mañana, en la calle, por no ser las personas con las que me cruzo. No deseo parecerme a ellas, quiero ser ellas. Sé que sus palabras preferidas no son las mías, son otras, es posible que más llanas y hermosas. Ayer pasé junto a una vendedora de pétalos de dalias cuya palabra amada era trotamundos, y más tarde tropecé con un ciclista negro que sonreía pensando en el vocablo gnihmóo que en camerunés significa amores compartidos. Deambulo por las calles queriendo ser los otros y los otros deambulan por las palabras queriendo ser mis espejos. Ahora cada vez me ocurre menos, porque tengo un espejo lleno de palabras que me enseña pasadizos secretos por ciudades lacustres. El espejo que poseo es una mujer. Sabia. Eterna. Dorada, pero no me conoce.

20.9.10

178. El hombre del sombreo oblongo


          Hooper pinta un cuadro esquinado y luminoso, y profundo y oscuro a la vez. Con líneas verticales y horizontales crea un damero asimétrico de luces vivas e hirientes. Hay cuatro personajes de esencia pisciforme inmersos en la urna de cristal que forma la cristalera de una cafetería, un acuario que los incomunica, sin puertas ni ventanas, de un exterior inhóspito, desierto, sin vida. El día está paralizado en un instante de la madrugada, de la noche, del atardecer, imposible de discernir. Es el tiempo de la profundidad marina, el tiempo del hombre-pez, de la mujer-pez. Tres hombres y una mujer ejercen de humanos en el interior de la ampolla cristalina y luminosa. Dos hombres y la mujer toman café sentados a la barra y miran al interior. No hablan. No se miran entre ellos. El camarero observa con asombro hacia fuera, la calle embrujada de soledad. Son ellos los supervivientes de la noche sin luna o los supervivientes del último día sin sol. Son víctimas de la luz o custodios de esa luz última de clamor urbano. Creo que saben que por el ángulo inferior izquierdo, por esa acera iluminada alguien ha de venir a salvarlos, o a matarlos. Alguien que no vive en la ciudad. Quizás algún gran pez extraviado.

13.9.10

177. No más hip-hop


          La abacería de Manolita, La Parva, está precintada por orden judicial. Manolita era de Almonaster la Real sin ella saberlo, porque de suyo, Manolita no sabía nada, ni tan siquiera sabía que era una mona de Gibraltar casada en segundas nupcias con el tercer corneta de la banda municipal de Ramala, un palestino malo de verdad que le hacía comer mondas de naranja mientras la tundía con la parte de la corneta que más hiere. Cuando tuvieron al Vicentico se trasladaron, él a Mieres y ella a La Línea, ciudad por la que sentía una lógica querencia. Vicentico enfermó de peste bubónica a los tres años y se hizo sacerdote mefítico de la orden de los mercuriales al año siguiente, entablando pugna debaticia con parte de la Conferencia Episcopal por su corta estatura, poca edad y cara de mono. El mal moro, padre deñ Vicentico, ("Moromalo" le llamaban en Asturias) resbaló en un chigre y quedó cuadrapléjico y melancólico hasta el turbante. Unos tunos de empresariales acabaron a bandurriazos con él. El tuno pandereta, de ascendencia almohade, denunció a sus compañeros de rondalla y acabaron todos en presidio. Fue cuando Manolita montó la abacería con dos monos de los alrededores de Algeciras, provincia de Cádiz. De Vicentico se supo que murió en Manila de las secuelas propias de la peste bubónica. ¿Por qué cerró el señor juez la abacería de Manolita, la Parva? Eso nadie lo sabe.

8.9.10

176. Bestiario 03


          BORMOG: Es homúnculo de la orden de los bombios. Es el más redondo de ellos, el más innecesario también. Es ser urbano, de metrópoli industrial, de ámbito factoril. Vive en polígonos industriales, grandes naves chatarreras, desmontes de deshechos fabriles. Su aspecto entroniza y se mimetiza a la perfección con su entorno natural. De lejos semeja un neumático de camioneta de reparto de los años cincuenta. Su movimiento giratorio, sin embargo, no lo realiza con la zona de aspecto recauchutado, sino con la zona central de aspecto metálico-herrumbroso. Vive del hurto de alambre y de bobinas de cobre. Suelen ir en parejas o tríos y emiten, al desplazarse, sonidos hirientes y recalcitrantes, muy desagradables para los obreros y operarios que se encuentran cerca de ellos. El bormog ejecuta ciertas danzas de apareamiento nocturno muy ricas en matices, casi se diría que tales sutilezas devienen paradójicas en un ser de tan baja prestancia estética. Su vida es longeva pero muy pobre en consecuencias beneficiosas para la Naturaleza. Sólo depreda material siderúrgico, nada más hace con su vida. No mantiene relación con ninguna otra bestia y su carácter, hosco y huraño, no lo tipifica como un ser redondo, pero sí como ente despreciable.

6.9.10

175. La falda blanca de Nelson Mönic


          Los hilos de petróleo brotan por los poros. Es el oro negro del sufrimiento. La hez de la amargura inconcreta resbalando en guarismos de emoción tergiversada. La cara como continente maldito, apenas vibrante y pobre. Todo surge en esa faz. La catatonia inmensa de la voz se multiplica en cada hilo oscuro y aberrante que sale a pequeños borbotones sincopados. Es el sudor del infierno, el grumoso albañal que rebosa espontáneo, bituminoso y final. Se divisan las avenidas de tilos envenenadas que hacen recordar los dardos con los que la muerte no quiso vencer, los vapores exterminadores que no inspiraron los vencidos pulmones, esas vísceras difíciles de entender. Todo queda suspendido, todo queda desgarrado en la alambrada espinosa de la duda. Los futuros se dividen y sólo quedan partículas de tiempo en un mundo de espacios deshilachados. La melancolía lo invade todo desde atrás, desde abajo. Es una espuma negra y algodonosa que va tapizando el horizonte cercano, que nos va ensamblando a todos en las celdas del panal gelatinoso y aciago. Ya no se oye nada, sólo el estertor constante de los que van a desaparecer, ese estertor que nace con vocación de ser el último expirado por los pulmones, esas vísceras tan difíciles de entender.

1.9.10

174. El botón de nácar


          El ají de gallina, famosa receta peruana, es barato de hacer siempre y cuando el número de comensales sea inferior a dos y superior a cero. Es decir, es barata la receta si se hace para un comensal, si se hace para dos es el doble de caro y si se hace para yo no sé cuántos es yo no sé cuántas veces más caro. Primero diré los ingredientes: un celemín de aceite de onagra, 100 gramos de sémola tostada, un manojo de cañamí, dos decilitros de pisco añejo, un diente de ajo santeño, una pizca de mejunje bravo, 50 gramos de hierba berrea, y dos melones para decorar. La princesa Nessia, mi princesa, era una gran cocinera. Nunca cocinó nada; fue y será siempre una teórica de los fogones, una musa culinaria de la nouvelle cuisine, una gastrónoma abstracta y abstraída, enemiga de las vitrocerámicas y de los hornos microondas, una experta en cocina peruana, a la que odiaba con veneración y veneraba con un odio andino y garduño. Nessia, mi princesita inca, sólo comía los despojos de los sacrificios humanos, tan frecuentes en los alrededores de su bloque. Nessia es bajita como sus ancestros del norte y extremadamente obesa como sus descendientes del sur. Ella fue la creadora de la receta del ají de gallina en una época en la que en los Andes nada se sabía de la existencia de un Dios todopoderoso que hacía desaparecer a los calafates de ribera y los hacía aparecer de nuevo vestidos de croupiers en los barcos que surcaban el Mississippi o el Duero.

29.8.10

173. Una estampa floral desvaída


          Al fin deambulo por la caverna iluminada. El cuero de mis ataduras, endurecido por el tiempo y por el sudor de mis miembros, ha experimentado un cambio inusitado hacia la elasticidad, y ahora puedo desplazarme por la cueva, tocar sus paredes, absorber en mi piel sus humedades. Han sido treinta años de inmóvil desesperanza, acurrucado en el rincón más desolado y oscuro. Sé que sigo encarcelado, sucumbido, atrapado, pero siento que respiro un aire nuevo, renovado; ya no inspiro el agrio humo del rencor ni el denso aroma de esa lobreguez adusta de la desdicha. La distancia que alcanzo en mi nueva situación no me permite echar a volar a través de los gruesos barrotes del ventanuco, pero sí llegar hasta ellos, agarrarlos y elevarme para ver un bosque, un horizonte, un grupo de acacias que bordean un camino empedrado y soleado. Y todo esto ha ocurrido como ocurren los actos más negligentes de la naturaleza, con la espontaneidad del rayo, con el sordo espasmo del trueno, con el premioso temblor del seísmo. Nada y todo ha cambiado. Todo y nada.

28.8.10

172. El cancionero romaní (Extracto)


          Los truenos perturbaban intensamente a Nicephoro Phocas, un emperador de Bizancio poco conocido, quizás por su carácter atrabiliario y personalidad mechada y trufada de mediocridad. Mi madre solía decir, ya desde los tiempos en que nadaba en el líquido amniótico de su útero, que yo tenía una manera de ser bizantina. Fíjense ustedes en la clarividencia de la mama. Ya, en los primeros colegios de los que fui expulsado, los tutores exponían claramente entre las causas de la sanción mi bizantina propensión al exabrupto y a la violencia de género neutro. Mis continuas entradas y salidas de correccionales siempre fueron generadas por pequeños hurtos bizantinos (las entradas) y por bizantinas discusiones en las penas impuestas (las salidas). Bizancio y su corte siempre fueron mi norte en la vida. Los hechos vitales de Justiniano, Teodora, Valente, Basilio, incluso del amigo Nicephoro Phocas fueron las luminarias que iluminaron con su luminosa luz la oscuridad de los más oscuros años de mi oscura juventud. Carecer de contactos en Estambul, no tener antepasados en Constantinopla, no haberse extasiado en la contemplación del crepúsculo en el Bósforo, no haber establecido un principio de acercamiento con algún giróvago de Capadocia, en fin, no tener ni una ráfaga de Bizancio en la mirada es algo dramático para cualquier cristiano o para cualquier musulmán. En los envases de Phoskitos®, en la parte donde se consignan los valores energéticos de los diversos componentes del pastelito, se hallan las claves de la cuestión que estamos analizando. Si ha de haber un resurgimiento del Imperio Bizantino, es por ahí por donde hay que empezar. No lo duden.

27.8.10

171. Tierna muerte, acude a mí


          El torso acorazado de turbio mármol. La pétrea faz de emperador de vacuas pupilas mirando los confines de su imperio. Y la mosca verde en la punta de la nariz. Una mosca verde de museo, sabia en el estático arte estatuario, docta en gestas de terracota, en estampas de gestas heroicas. Ella pone, intermitente, los puntos orgánicos y efímeros sobre las íes de las piedras labradas, inorgánicas e imaginativas de los hombres. También pulsa y recorre los trazos y veladuras de pinceles remotos en telas multicolores de profunda bidimensionalidad. La mosca verde de museo es de mansa condición, y silenciosa, y respetuosa con los climas, con las luces y con las sombras, con las zonas atonales y secretas de las salas. Duerme siempre en los recovecos del yelmo de la armadura que nunca falta. Anida en las esquinas de los cálidos tapices. Y su corta vida la aprovecha en infinitos vuelos, en gozosas estaciones donde, poco a poco, va adquiriendo los conocimientos propios de su especie. La mosca verde de museo es muy difícil de ver. Yo tan sólo la he visto una vez. Fue en el museo del Hermitage de San Petersburgo una mañana muy fría de noviembre, en la sala dedicada a los prerrafaelitas. Observaba una pequeña tela de Tertius Minguenet titulada "Ondina embalsamada", cuando percibí que la parte central de la diadema de la bella ninfa fluvial vibraba y salía volando: esmeralda disipada, verdoso fulgor volatilizado en un instante mágico, irrepetible, inolvidable, eterno.

24.8.10

170. El mejor amigo de don Juan Carlos


          Primera parte del silogismo: el universo es algo asqueroso. Es lo más asqueroso que existe, ya que si es verdad lo que acabo de decir, si es verdad este aserto (es decir, la primera parte del silogismo, si es que consigo formular la segunda parte del mismo, ya que si no lo consigo no sería un silogismo, sería otra cosa, como, por ejemplo, una tautología imprecisa o un sofisma carencial), si es verdad, decía (que se me va el santo al cielo), que el universo es asqueroso, ello implicaría que sería "lo más asqueroso", porque, aunque cualitativamente hubiera algo más asqueroso, que seguro que lo hay (por ejemplo un agujero negro deshilachado o la nata fermentada en las comisuras de un buey de Kobe), el universo, al ser tan inimaginablemente grande, tan acumulativo en sus dimensiones, ganaría cuantitativamente la partida.
          Segunda parte del silogismo: la hulla galesa posee un poder calorífico muy superior a la hulla de la cuenca del Nervión. Aquí, en esta premisa, no tengo nada que añadir; las cosas son como son; para demagogias ya nos basta y nos sobra con Mosén Agustí.

          La conclusión: la conclusión (se ve desde lejos) no será lógica sino paragógica, y la dejo en sus manos. Les daré una pista: hubo en Versalles un jardinero de nombre Maurice, que fumaba una mezcla de tabaco antillano y polvo de dinamita. Su cabeza rodó, como tantas otras, en la plaza de la Concordia. Si Jacques Derrida hubiera deambulado por las calles de París en los tiempos de la Comuna, no se hubiera derramado tanta sangre, o tal vez sí, pero de otra manera.

23.8.10

169. Todos somos estadounidenses


          A mí es que las especies en vías de extinción (EVE de aquí en adelante) se me importan una higa, mayormente. Si las EVE se hallan en tal situación será porque la madre o la tía naturaleza así lo cree oportuno, ¿no? Además, si existen las EVE es porque seguro que existen las EVP (especies en vías de progreso). Qué afán, el del ser humano, de interrumpir el curso natural de las cosas. El topo arlequín peruano (Topus peruanensis) desapareció en 1902 sin que el ecosistema andino sufriera una merma perceptible. Lo mismo ocurrió con otras especies, que ya sólo habitan en el recuerdo de algún nostálgico zoólogo: la medusa lapa, el vencejo ojizarco, el ciempiés turdetano, el pez sifón, la culebra dulce o la ballena mosca. Todas estas fueron EVE hasta que pasaron a ser EE (especies extinguidas). ¿Y qué? Lorrie Moore, en una de sus novelas, propone la idea de la creación de establecimientos de restauración especializados en recetas de EVE. Si la clientela sale satisfecha tras degustar una rica mousse de oso panda o una contundente caldereta de manatí, la demanda generaría una conducta social proteccionista hacia esas EVE con la consiguiente asignación presupuestaria por parte del estado para la creación de departamentos encargados de la protección y conservación de estas ricas y nutritivas especies. Con todo ello se concluye, por tanto, que las EVE hay que comérselas por su propio bien, aunque a mí todo esto me la trae al pairo, como ustedes comprenderán.

22.8.10

168. Voluptuosa Jennie


          Diocles, auriga famosísimo en su tiempo, era nacido en Hispania. Ganó 1.462 carreras durante su larga trayectoria profesional, y se retiró en el año 146 d. C., cumplidos los 42 años. Su fortuna alcanzó la cifra de 35 millones de sestercios. Roma lo adoraba. Su dorado retiro en Marsilia, no obstante, duró algo menos de un año, pues el emperador Diocleciano le obligó a aceptar el cargo de procónsul en la región de Tracia. Diocles, sin ninguna experiencia en asuntos diplomáticos, consiguió sin proponérselo enemistar a las tribus de la costa con los clanes de la montaña, originando a la postre una guerra civil en el territorio tracio que diezmó la población y desestabilizó esa importante zona del Imperio. Llamado a Roma con premura, el emperador lo humilló frente al Senado, arrancándole personalmente los cingulae de la fibula y obligándole a volver no al circo en calidad de auriga, sino al anfiteatro en calidad de gladiador. En su primer combate perdió el ojo derecho y el brazo izquierdo. En su segundo y último combate perdió el ojo izquierdo y el brazo derecho. Manco y ciego, pero con su fortuna intacta, intentó volver a Marsilia, pero la tríada capitolina formada por Júpiter, Juno y Minerva, dispuso que una tempestad devorara la embarcación en que Diocles intentaba escapar de su negro destino. El desastre ocurrió al norte de la isla de Córcega, a cuatro millas marinas del cabo Orsini, cerca del pequeño puerto de Montecaffino, pueblecito donde diez siglos después nacería el insigne poeta corso Ariosto Ariani.

18.8.10

167. El ciervo y la gusana


          Precisemos con concreción prusiana el lugar exacto de la colina en el que ubicaremos el estandarte. No vale cualquier punto. Ha de ser un punto que equidiste de otros puntos. La estrategia y la logística de armamentos establecen las reglas canónicas que nunca se deben vulnerar. En la batalla de Aquatteri, el dogo Ulpiano Casavetti consintió en el desabastecimiento de grano en la ciudad de Venecia durante seis meses a cambio de poder disponer del flujo necesario de estraperlo de pólvora polaca en los puntos claves de almacenamiento en el Adriático. Esto salvó, a pesar de la hambruna, el errático predominio político y militar de las pocas ciudades-estado todavía sobrevivientes a finales del siglo XVII. Gismondo Trotti, en un ejercicio de prepotencia equivocada, no se atuvo a regla alguna en el asedio de Capua y enarboló la enseña de la opción equivocada. El Papa lo castigó con justeza y con justicia y acabó sus días en las mazmorras del castillo Maroni, apartado como si fuera un apestado de los círculos de poder. Por tanto, pensemos con serenidad el lugar exacto donde colocaremos nuestro estandarte; en ello nos va no sólo la vida, también nos va el honor y la gloria.

          Un beso muy gordo, te quiero:

          Mari Puri.