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FUMPAMNUSSES!

¿Qué es Fumpamnusses!?... Fumpamnusses! es todo y es la primera vez. Siempre hay una primera vez. Escribo pues, por primera vez, en algo que tiene que ver con el exabrupto digestivo de un sapo ("Blog") sin saber siquiera lo qué es (me refiero al Blog, aunque en el fondo tampoco sé muy bien lo que es un sapo.) Mi declaración de intenciones espero que sí quede clara: me limitaré a realizar las veces que crea oportuno un ejercicio brusco, continuado y compulsivo de literatura automática, de exorcismo necesario y suficiente de los restos de energía negativa o positiva, qué sé yo, o de encauzamiento de ideas, frases o palabras que mi mente quiera en ese preciso momento que queden reflejadas en este nuevo e inefable invento. Invito, pues, a este ejercicio a todos los interesados en el arte de la improvisación mecánica, maquinal, indecorosa y pueril. No esperen grandes ideas, no espero grandes ideas, sólo el placer de ver concatenadas ciertas imágenes que surgen improvisadamente y en plena libertad, quizás en extrema libertad, esperanzado en que no me suceda algo tan lamentable como aquello que le ocurrió a aquel pequeño electrodoméstico que, de tan libre y tan enamorado como estaba de Sir Douglas H. Silverstone, declaró la independencia de todas las anguilas del mundo y de ciertos huevos de Pascua de los alrededores de Castel Gandolfo.



27.8.10

171. Tierna muerte, acude a mí


          El torso acorazado de turbio mármol. La pétrea faz de emperador de vacuas pupilas mirando los confines de su imperio. Y la mosca verde en la punta de la nariz. Una mosca verde de museo, sabia en el estático arte estatuario, docta en gestas de terracota, en estampas de gestas heroicas. Ella pone, intermitente, los puntos orgánicos y efímeros sobre las íes de las piedras labradas, inorgánicas e imaginativas de los hombres. También pulsa y recorre los trazos y veladuras de pinceles remotos en telas multicolores de profunda bidimensionalidad. La mosca verde de museo es de mansa condición, y silenciosa, y respetuosa con los climas, con las luces y con las sombras, con las zonas atonales y secretas de las salas. Duerme siempre en los recovecos del yelmo de la armadura que nunca falta. Anida en las esquinas de los cálidos tapices. Y su corta vida la aprovecha en infinitos vuelos, en gozosas estaciones donde, poco a poco, va adquiriendo los conocimientos propios de su especie. La mosca verde de museo es muy difícil de ver. Yo tan sólo la he visto una vez. Fue en el museo del Hermitage de San Petersburgo una mañana muy fría de noviembre, en la sala dedicada a los prerrafaelitas. Observaba una pequeña tela de Tertius Minguenet titulada "Ondina embalsamada", cuando percibí que la parte central de la diadema de la bella ninfa fluvial vibraba y salía volando: esmeralda disipada, verdoso fulgor volatilizado en un instante mágico, irrepetible, inolvidable, eterno.

24.8.10

170. El mejor amigo de don Juan Carlos


          Primera parte del silogismo: el universo es algo asqueroso. Es lo más asqueroso que existe, ya que si es verdad lo que acabo de decir, si es verdad este aserto (es decir, la primera parte del silogismo, si es que consigo formular la segunda parte del mismo, ya que si no lo consigo no sería un silogismo, sería otra cosa, como, por ejemplo, una tautología imprecisa o un sofisma carencial), si es verdad, decía (que se me va el santo al cielo), que el universo es asqueroso, ello implicaría que sería "lo más asqueroso", porque, aunque cualitativamente hubiera algo más asqueroso, que seguro que lo hay (por ejemplo un agujero negro deshilachado o la nata fermentada en las comisuras de un buey de Kobe), el universo, al ser tan inimaginablemente grande, tan acumulativo en sus dimensiones, ganaría cuantitativamente la partida.
          Segunda parte del silogismo: la hulla galesa posee un poder calorífico muy superior a la hulla de la cuenca del Nervión. Aquí, en esta premisa, no tengo nada que añadir; las cosas son como son; para demagogias ya nos basta y nos sobra con Mosén Agustí.

          La conclusión: la conclusión (se ve desde lejos) no será lógica sino paragógica, y la dejo en sus manos. Les daré una pista: hubo en Versalles un jardinero de nombre Maurice, que fumaba una mezcla de tabaco antillano y polvo de dinamita. Su cabeza rodó, como tantas otras, en la plaza de la Concordia. Si Jacques Derrida hubiera deambulado por las calles de París en los tiempos de la Comuna, no se hubiera derramado tanta sangre, o tal vez sí, pero de otra manera.

23.8.10

169. Todos somos estadounidenses


          A mí es que las especies en vías de extinción (EVE de aquí en adelante) se me importan una higa, mayormente. Si las EVE se hallan en tal situación será porque la madre o la tía naturaleza así lo cree oportuno, ¿no? Además, si existen las EVE es porque seguro que existen las EVP (especies en vías de progreso). Qué afán, el del ser humano, de interrumpir el curso natural de las cosas. El topo arlequín peruano (Topus peruanensis) desapareció en 1902 sin que el ecosistema andino sufriera una merma perceptible. Lo mismo ocurrió con otras especies, que ya sólo habitan en el recuerdo de algún nostálgico zoólogo: la medusa lapa, el vencejo ojizarco, el ciempiés turdetano, el pez sifón, la culebra dulce o la ballena mosca. Todas estas fueron EVE hasta que pasaron a ser EE (especies extinguidas). ¿Y qué? Lorrie Moore, en una de sus novelas, propone la idea de la creación de establecimientos de restauración especializados en recetas de EVE. Si la clientela sale satisfecha tras degustar una rica mousse de oso panda o una contundente caldereta de manatí, la demanda generaría una conducta social proteccionista hacia esas EVE con la consiguiente asignación presupuestaria por parte del estado para la creación de departamentos encargados de la protección y conservación de estas ricas y nutritivas especies. Con todo ello se concluye, por tanto, que las EVE hay que comérselas por su propio bien, aunque a mí todo esto me la trae al pairo, como ustedes comprenderán.

22.8.10

168. Voluptuosa Jennie


          Diocles, auriga famosísimo en su tiempo, era nacido en Hispania. Ganó 1.462 carreras durante su larga trayectoria profesional, y se retiró en el año 146 d. C., cumplidos los 42 años. Su fortuna alcanzó la cifra de 35 millones de sestercios. Roma lo adoraba. Su dorado retiro en Marsilia, no obstante, duró algo menos de un año, pues el emperador Diocleciano le obligó a aceptar el cargo de procónsul en la región de Tracia. Diocles, sin ninguna experiencia en asuntos diplomáticos, consiguió sin proponérselo enemistar a las tribus de la costa con los clanes de la montaña, originando a la postre una guerra civil en el territorio tracio que diezmó la población y desestabilizó esa importante zona del Imperio. Llamado a Roma con premura, el emperador lo humilló frente al Senado, arrancándole personalmente los cingulae de la fibula y obligándole a volver no al circo en calidad de auriga, sino al anfiteatro en calidad de gladiador. En su primer combate perdió el ojo derecho y el brazo izquierdo. En su segundo y último combate perdió el ojo izquierdo y el brazo derecho. Manco y ciego, pero con su fortuna intacta, intentó volver a Marsilia, pero la tríada capitolina formada por Júpiter, Juno y Minerva, dispuso que una tempestad devorara la embarcación en que Diocles intentaba escapar de su negro destino. El desastre ocurrió al norte de la isla de Córcega, a cuatro millas marinas del cabo Orsini, cerca del pequeño puerto de Montecaffino, pueblecito donde diez siglos después nacería el insigne poeta corso Ariosto Ariani.

18.8.10

167. El ciervo y la gusana


          Precisemos con concreción prusiana el lugar exacto de la colina en el que ubicaremos el estandarte. No vale cualquier punto. Ha de ser un punto que equidiste de otros puntos. La estrategia y la logística de armamentos establecen las reglas canónicas que nunca se deben vulnerar. En la batalla de Aquatteri, el dogo Ulpiano Casavetti consintió en el desabastecimiento de grano en la ciudad de Venecia durante seis meses a cambio de poder disponer del flujo necesario de estraperlo de pólvora polaca en los puntos claves de almacenamiento en el Adriático. Esto salvó, a pesar de la hambruna, el errático predominio político y militar de las pocas ciudades-estado todavía sobrevivientes a finales del siglo XVII. Gismondo Trotti, en un ejercicio de prepotencia equivocada, no se atuvo a regla alguna en el asedio de Capua y enarboló la enseña de la opción equivocada. El Papa lo castigó con justeza y con justicia y acabó sus días en las mazmorras del castillo Maroni, apartado como si fuera un apestado de los círculos de poder. Por tanto, pensemos con serenidad el lugar exacto donde colocaremos nuestro estandarte; en ello nos va no sólo la vida, también nos va el honor y la gloria.

          Un beso muy gordo, te quiero:

          Mari Puri.

28.7.10

166. Helado de leña


          Ettore Majorana, físico italiano desaparecido en 1938, tenía una hermana sordomuda de nacimiento que le ayudaba en los quehaceres del laboratorio. Se rumoreó que fue ella la verdadera artífice de la famosa "Teoría del protón austero" y de la no menos famosa "Ecuación de Mejorana", proceso matemático que ponía patas arriba los hallazgos de Huymann en el campo de los grupos moleculares convexos. Dado a las bebidas blancas de alta graduación alcohólica, Ettore no estaba casi nunca para nada y es probable que los rumores de su apocrifia sean ciertos, o al menos, altamente probables. La diletante sordomuda, de nombre Silvana, también bebía, pero sólo bebidas gaseosas, con cuantas más burbujas mejor. Se profesaban un amor fraternal y un respeto mutuo, pero no todos los días, ocurriendo que los fines de semana aparecía en su relación un odio fraterno poco respetuoso, en ocasiones feroz y con violentas consecuencias físicas para ambos. Quedaron huérfanos muy pronto y fueron criados por unas monjas mendicantes de Sorrento, las Hermanas Capuchinas Humilladas. Posteriormente fueron puestos en venta por las hermanas una vez adiestrados y aseados, acabando ambos en el castillo de Francesco Pianolla, donde fueron educados en las artes de la física él, y en las del amor galante ella. Otro día, quizás, continuaremos la historia de Ettore y Silvana, pero es que tengo que ir inmediatamente, con gran premura, diría yo, a hacer de vientre.

26.7.10

165. Maltrecha simiente, además de venenosa


          Estoy sumido, muy sumido en el pantano de no querer seguir siendo. No así, como soy ahora, sino "siendo" en la totalidad. Otro modo me es no imaginado a fuerza de no haberlo sido. No es irme, sino no estar o no haber venido por no ser ni esperado ni tan siquiera intuido. Para adolecer hay que sentirse carente y eso es lo que desearía de pleno: la carencia absoluta para no ser ni en un atisbo, ni por asomo, para nada y para nadie, la abolición no necesaria, pues abolir lo inabolible es lo que me pertenece y a lo que tiendo. Ser un no-pensamiento en la mente de un ser inaprensible e inexistente. Situación al margen de un proyecto de realidad, del lado oscuro o luminoso de un tremendo vacío, cubierto de oquedad inimaginada. No ser en todo el espacio-tiempo de una ausencia. El deseo que empaña mi energía yacente es contrario al deseo del verbo. He de estar fuera del camino de Dios, marginado de su boceto, intrascendente a su halo y a su sino. La huida precoz, el fin sin fin porque no hay principio. Regalo los efectos, los dono al éter confuso de las vicisitudes vitales de algo o de alguien. No los quiero. Mucho menos quiero ser causa. La cedo también a los coleccionistas de locuras enquistadas en la materia que tanto aprecian. Quiero ser sólo el adiós, aunque sé que la nada también se halla arañada, incomprensiblemente, de odios y esperanzas.

23.7.10

164. Un ramito de biznaga


          Los catalanes de Lekeitio, vizcaínos adoptivos, y los vascos de Terrassa, barceloneses de adopción, son mil seiscientos treinta y uno, todos con cara de refugiados políticos, todos con clavículas prominentes, todos con ancestros emigrados a Cuba, todos sabedores de un secreto mitad geográfico mitad sacrílego que deja a sus hermanos en muy mal lugar. Las breñas del Lekeitazgo y las frondas mediterráneas del Terrassol delimitan zonas climáticas de ozono enriquecido debido a las fermentaciones cúpricas de la flora autóctona y a la putrefacción troncular de los animalillos del bosque bajo. Este ámbito ecológico, según etólogos afamados como Niko Timbergen, es único en el mundo, lo que no significa que sea interesante. Sólo su unicidad, su solvencia como solitario ecosistema, le da su carta identitaria, nada más, porque por lo demás, posee el mismo interés que pudiera tener el tic nervioso del sacristán de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Alfalfa Florida de la localidad murciana de Totana. Mis agria simpatía por estos ciudadanos y su entorno me hace recordar aquella cancioncilla de Pablito Brines que decía así: "Brumas de cieno, mi alma / cohabitan sobre la aurora / mientras los carabineros / abren su pecho condecorado. / ¡Qué vivan las madreperlas, / qué mueran las grapadoras!".

19.7.10

163. Mucho mejor con moño


          Tantos años sin ver negros por las calles..., tantos años viendo chinos en cinemascope..., y ahora, chinos y negros por todos lados. En mi esquina limosnera les pido a negros y a chinos monedas para ir a San Juan de Puerto Rico en un barquito de vela, y ellos no me dan nada porque son pobres y avaros. El amarillo y el negro son colores que se obstaculizan en las calles. Comprueben y verán que jamás caminan un chino y un negro en el mismo tramo de una avenida. Cosa curiosa, sin duda. Se anulan entre sí. Los chinos, si fueran negros, emigrarían al sur, los muy bobos, y si el negro, ya luenga la coleta y rasgados sus ojillos algodoneros, emigra, lo haría al este, el muy estúpido. Yo sigo pidiéndoles los óbolos que necesito en mi esquinita limosnera y ellos siguen sin mirarme siquiera, porque chinos y negros son poco conmiserativos y todo lo que tienen de poco lenguaraces lo tienen de sibilinos y displicentes para con los más miserables que ellos. Por eso no saben ni siquiera regresar a su tierra natal una vez emigrados. No tienen miras, y para ambos (negro y chino / chino y negro) el futuro es casi inexistente. Cuando llegue a San Juan de Puerto Rico me haré cónsul y aboliré la pena de suerte. Me casaré con la hija miope de un rico hacendado y escribiré la Historia General de las Migraciones en América Latina. Tendré hijos miopes y ricos, y amantes chinas y negras por todas partes de la isla.

16.7.10

162. Bestiario 02


          TRIPHONÉ: Trasgo de la subespecie silvana, bailarín irredento, mordaz en su lenguaje, procaz con las jóvenes vírgenes del valle y borracho permanente e inmanente, Triphoné presenta una morfología golosa y atrayente: su cuerpo es una especie de guirlache translúcido que deja ver sus albos huesos como almendras y avellanas inmersos en ámbar almibarado. Su cráneo emite un halo que fosforece con la luz de luna y su crespo pelo crepita como el maíz tostado. Sus dientes protruyentes y equinos no dejan de rumiar y rechinar en un estridente roce metálico, casi industrial. No tiene brazos, pero sí dos fuertes extremidades inferiores, con unos formidables pies de seis largos dedos prensiles. No tiene enemigos y es amigo de lo inanimado, sobre todo de las rocas de basalto, a las que venera y adora. Vive cómodo y trashumante en terreno selvático o muy boscoso, y tan sólo abandona el verdor de la fronda para lamer las piedras rugosas, que son su pasión confesa. Los Huilös, malvados seres ululantes del bosque, se desternillan de risa cuando ven a Triphoné con sus rocas lame que te lame, pero es que los Huilös ríen por cualquier cosa, ya se sabe. Triphoné siente a veces la soledad, o algo parecido, pero no sabe qué es eso, porque a casi nada le ha puesto nombre, y ya sabemos que lo que no tiene nombre no existe.

15.7.10

161. Impresiones de un vencejo


          Ayer me encontré con un imbécil. Amigo, buena persona, pero imbécil. Mientras tomábamos una taza de café, vertió una serie de opiniones sobre diversos temas: políticos, sociales, ciudadanos, incluso deportivos y taurinos. Mis alarmas fueron gradualmente disparándose al comprobar que su discurso, su enfoque al analizar ciertas cuestiones más o menos enjundiosas, su toma de posición frente a ciertos temas coincidía plenamente con mi discurso, con mi análisis, con mi enfoque y mi posición frente a esos mismos problemas. Era como si el imbécil repitiera todos y cada uno de mis pensamientos, de mis opiniones, de mis querencias, filias y fobias intelectuales. Una vez que se hubo marchado me quedé perplejo y asustado. Como en un espejo me había sentido reflejado, me había visto a mí mismo exponer mi pensamiento de una manera inequívoca y llana. Era el discurso que me definía, que me representaba ante los demás, pero la persona que lo había expuesto no era yo, sino un soberano imbécil. ¿Qué nefasta consecuencia debía sacar de este encuentro? Por más ecuaciones que diseñé para definir el suceso el resultado final siempre era que a = b, siendo a yo y b el imbécil. Así que desde ayer soy miembro numerario del selecto club de los imbéciles, para servir a Dios y a todos ustedes.

14.7.10

160. Toros en el Magreb


          Los órdenes arquitectónicos griegos, los arquitectos griegos ordenados, la arquitectura ordenada griega y las órdenes de arquitectos griegos son todo la misma cosa. La columna protodórica, el friso mesojónico y las metopas tardocorintias son la misma cosa. Los fustes de los elementos sustentantes, con su variable número de acanaladuras y su diferente profundidad, la mesura singular de los triglifos y la riqueza plástica de sus tímpanos son todo ello la misma cosa. En conjunto y en sus partes la Hélade, el concepto histórico del Peloponeso, las ciudades-estados de genealogía micénica y un ágora encendida de proteicos discursos son todo la misma cosa. Provenimos de "la cosa" y nos dirigimos a "otra cosa" muy alejada en el tiempo y en el espacio de la "cosa primigenia". La Biblia se diferencia de lo griego en que es "muchas cosas", no "la cosa". La Biblia es: prepucios desgarrados, batallas de hombres contra hombres-insecto, genealogía de algunos ríos, hombres locos, llanto eterno, cruces curiosas, cruces curiosos y mucha muerte. La Biblia nos separa del tiempo griego y de la tierra griega, con todo lo que ello supuso y supone.

          Todo lo que acabo de referir es cierto, aunque no soy cristiano viejo ni tomo jamás yogur, si acaso tomo alguna vez una mousaka bendecida en el almuerzo, pero sólo de vez en cuando.

9.7.10

159. La samba como excusa


          "Pervirtamos el sentimiento y demos alas al enojo. Se nos insta de continuo al abordaje de naves desconocidas y a la conquista de islas ignotas. El griterío nos embravece y nos estimula en el fragor del asalto. Las hormonas guerreras nos dejan sin aliento gran parte de nuestra capacidad de pensamiento racional. Ha de ser así, si hacemos caso de lo que nos dicen nuestros estrategas y adalides. No pensar es el arma más deletérea del guerrero, y los generales lo saben, y le incitan a dejar su mente en blanco, nieve dura y espesa sobre la que erigen el palacio del poder y la gloria efímera de la batalla. Pervirtamos, pues, el sentimiento, y dispersemos nuestro enojo sobre el yermo de la llanura que humea aún tras la quema de rastrojos, tras el exterminio de nuestras preguntas sin respuestas. El enojo será nuestra punta de lanza invertida, regresaremos de nuestras batidas, de nuestras cargas contra el débil enemigo, de nuestras montaraces razzias, y de nuevo en el punto de partida dominaremos el futuro cuestionándonos el pasado y gozando de un presente más limpio, bruñido y acrisolado...

          Palabra de Dios..."

6.7.10

158. ¡Por fin, ya tengo el iZot!


          Voy desinteresadamente a darles un dato que desconocen. Si miran en su biblioteca, observarán que la mayoría de los libros que, ordenada o desordenadamente, descansan en los anaqueles tiene 342 páginas. En mis observaciones por bibliotecas de medio mundo he llegado a esta conclusión numérica: de cada 100 libros, 74 tienen 342 páginas. Mi afición por los libros viene de mi afición por las bibliotecarias. Estas mujeres son muy especiales para mí. Suelen ser gordas sin excesos y muy blandas de carnes,  flaciditas, como si su tejido subcutáneo fuera de la consistencia del flan chino Mandarín®. En la cama son pasivas y risueñas, y a todas les salen hoyuelos en los sitios más insospechados cuando ríen. Suelen tener hermanos deficientes mentales y son muy aficionadas a los gatos. Bibliotecarias fueron mis dos primeras novias, también lo fueron mi primera y mi segunda mujer, y mi amante actual. Incluso mi única experiencia homosexual fue con el actual encargado de préstamos en la biblioteca de Coimbra, el gordito Melho.

2.7.10

157. Los horrores de la copla


          Jacinto Amaya Amorós nació en Moraleda de Zafayona, provincia de Granada. Nadie lo sabe, pero fue el primer traductor al caló del Finnegans Wake de James Joyce. No le reportó un ochavo ni le abrió las puertas de ninguna cátedra, pero sí le dio el espíritu necesario para poner un bar literario en Albolote y una casa de niñas en Atarfe. A los dos años de abierto, entró el primer cliente en el bar de Albolote, que no era otro que el chino Huan, premio Nobel de jardinería y asesor de la Santa Sede para asuntos de corsetería antigua. En realidad entró confundido, pensando que había llegado a la casa de lenocinio de Atarfe. Jacinto cerró el negocio literario, traspasó el lupanar de Atarfe y se fue con el chino Huan a Palamós, donde fundaron una iglesia zen de raíces cuáqueras: Los Hermanos de la Quinta Mazorca. La unión de los fundadores, Jacinto y Huan, con dos apoderados del Banco Bilbao-Vizcaya de Palamós, dio origen al consorcio ASTROLABIO de tan amplia implantación en toda la zona Mediterránea. Al poco tiempo, Huan murió y se hizo cargo del 25% del negocio su hermana Tránsito, casada con el pretor Spitero. De aquí a la invención del Calisay® tan sólo fue dar un pequeño paso.

29.6.10

156. La realidad catalana


          Sepamos lo que sepamos de la rosa nunca conoceremos lo que piensa y sufre en primavera. Particularmente me importa una higa lo que piensa y sufre una rosa en primavera; una rosa o un melón, claro está. Es más, estoy convencido de que las rosas (o los melones) no experimentan exactamente lo que nosotros denominamos "pensamientos". Aunque adoro la poesía, abomino de los poetas. He asesinado muy poco, apenas nada durante los años que llevo de vida (cincuenta y tres), pero mis víctimas han sido siempre poetas. Hay cosas que deberían de existir sin causa ni origen, ser eternas, quedar al margen de las ciencias inquisitivas que investigan su génesis, y la poesía sería una de estas cosas. Me gusta la idea de una rosa pensante (o de un melón pensante), me la suda el pensamiento en sí. Y aborrezco al miserable que lo plasma en un papiro. El arte en general debería carecer de progenitores. Picasso era un cubo de basura ideológica; Dante, el único cursi de la Baja Edad Media; Lorca, un modelo para anuncios de brillantina; Byron, un cojo bribón; Cervantes, un técnico en bestsellers amanerado; Botero, un tontolculo con glaucomas; Mozart, un niño moña mortecino...

          Hiérome la palma de la mano con el tallo de la rosa.

          Su puta madre.

28.6.10

155. Hasta aquí hemos llegado, María Pilar


          A todo el mundo hoy le ha dado por hablar del liberalismo económico (ya saben: Malthus, Adam Smith, Stuart Mills...). Quizá se deba a que los almendros han florecido o a que los leguleyos castellanos abandonan sus despachos y covachuelas para unir sus destinos a los de La Mesta. Todos hablan hoy de si intervencionismo sí o intervencionismo no, si hay que poner velas al proteccionismo o sumirlo en el albañal del olvido. Yo creo que todo esto se debe al cambio cismático o al calentamiento tribal en el que nos sumen la clase política y sus denostadas biografías. En economía domino varias materias. Soy autor de numerosas recensiones en las mejores revistas profesionales. Tengo columna propia diaria en The Economist y en el Episcopalian Commercial Journal, y he escrito numerosos libros de cuentos infantiles para los hijos de profesores de economía comparada de las principales universidades norteamericanas y canadienses. Soy comisionado de la U.N.E.S.C.O. para las actividades de proselitismo financiero en el Cono Sur, y me ha sido concedida la Medalla del Congreso Norteamericano con distintivo azul por mis servicios desinteresados en la consecución de la supresión de anomalías en los nuevos recortes presupuestarios para las escuelas de niños deficientes afroamericanos de Chicago. Mi nombre es David Ricardo y nací en el condado de Forgainsex, cerca de Bristol.

23.6.10

154. Óperas inacabadas


          Los nombres intercambiables de las flores, de la mayoría de los animales y de los astros. París bien valía haberse llamado Persépolis. Los nombres de los santos. El nombre de los vientos, sus dioses y los templos que los acogen. Nunca el rosario en las manos de mi madre, siempre los granos de luz en el cendal de la bruja joven y seductora. Los nombres, siempre ellos. La madeja (pétalo de Samoa) se devana entre vergas de bambú ("bambú" sí es "bambú", como "sangre" también lo es). Dios nombra como abomina. Somos y tenemos que ser algo, porque alguien escondido en la vorágine de lodo así lo dispuso. Pero el árbol es el horizonte y la niebla acude con presteza a otros nombres no por conocidos menos verdaderos (cadalso, pez, luna...). Gramáticos no faltan en este vergel de letras, si acaso sobran a millares. Nos faltan dioses con gramáticas verdaderas que sólo crean en el sustantivo, que no quieran ser verbo y que desprecien los adjetivos en general y "turbulento" en particular. Iletrados que somos y seremos, pero que acaso no fuimos. El nombre de nuestros pueblos, el nombre de nuestras metas (palabra del diablo, mejor "desfile"). En el infierno, todo bien denominado, dispuesto con corrección, sólo se observa lo nombrable. Súcubos e íncubos, perfectos en su esencia y discretísimos sabedores de todo.

21.6.10

153. Ensayos testiculares


          En la esquina oriental de la plaza se veía el almacén de sextantes de Mr. Pitt. Lleno de sextantes el escaparate y los estantes de la tienda-almacén. Lleno de sextantes el sótano y los altillos de la tienda-almacén. Los sextantes de Mr. Pitt se podría decir, sin faltar a la elegante y aconsejable virtud de la verdad, eran los mejores de la ciudad, e incluso los mejores de todo el condado de Cork. Él mismo los fabricaba utilizando materias primas de primer orden: cedros del Líbano, cobre de Priego, vidrio esloveno, cachemira de mongolia y cuernas de cebú de aquí, del autóctono. Empezó utilizando cebú criollo pero las mediciones de los sextantes demediaban algún gradito de latitud. Su mujer, la primera, de soltera Uganda Kincade (su padre fue el descubridor del río Nbuzúu, afluente del Zambeze, de ahí el nombre de la niña), su primera mujer, decía, fue la que le advirtió de la desviación de los aparatitos y la que le sugirió que utilizara el cebú irlandés, el de toda la vida. Había días de otoño que Mr. Pitt vendía medio millón de sextantes, y eso que no abría por las tardes ni tampoco los fines de semana, tiempo que empleaba en hacer manualmente los aparatos (los sextantes, claro; a estas alturas del relato ya deberían saberlo) y en dar goce carnal a Uganda al principio, y posteriormente a Priscilla, su segunda esposa, de soltera Priscilla Vaughan, hija de Sir Peter Vaughan, archidiácono de Blumbest y lector junior en el Trinity College de Dublín.

18.6.10

152. Bestiario 01


          ZOLIC: Es el estercolero de los Nhutos, pueblo de raigambre selvática y señores de los pantanos. Su aspecto es el de un asno antropomórfico con duras escamas y ojos protuberantes. La ferocidad que lo caracteriza es emblemática pero falsa. Por tanto su victimario es inexistente, lo que no le impide hacerse fuerte en su fama literaria y acordarse con otros homúnculos ciertamente crueles y lesivos, como los Triscos y los Siringos. Su maldad, como veremos es impuesta por las circunstancias, no por imperativo categórico. Recoge el estiércol de las aldeas próximas a los pantanos y zonas lacustres limítrofes y lo deposita bajo los fresnos sagrados del bosque, donde los Nhutos lo devoran al amanecer. Se aloja en el hueco de árboles calcinados y su salmodia flemosa y gorjeante acompaña su sueño inquieto. Cohabita rara vez con ejemplares de su especie, haciéndolo a menudo con aves carroñeras a las que primero decapita y después de la coyunda ingiere. Se cubre en invierno con las plumas de dichas aves y en verano se sumerge en el cieno bituminoso que lo protege del magma de insectos que le rodea. Los Nhutos pagan sus servicios ofreciéndole una doncella en la estación de las anémonas. Zolic se empluma para la ocasión. La doncella fallece antes de llegar a la morada de Zolic, lo que excita sobradamente al estercolero y le hace cometer actos de tal sevicia y venalidad que su descripción rebasa el carácter moral y didáctico de esta obra.

15.6.10

151. Incertidumbre en el Elíseo


          Tengo una pulga deletérea en el centro de mi pecho. Es de una vesania etíope y su crueldad para conmigo es inaudita. Su misma inconsistencia, su tamaño grotesco la hace más diabólica en sus efectos. Su mal es desolador por cuanto nace de algo cercano a la nada. No consigo ahuyentarla, cada día se enraíza con una fuerza mayor en lo más profundo de mis vísceras, y allí sé que se regodea en su insidia infinita. Pensamos que el mal es una masa negra, informe, aterradora en su tamaño oceánico, pero lejos de ello el mal es la punta del más agudo alfiler, la mota de polvo suspendida en el mínimo rayo lunar, es casi la invisibilidad de la más ligera de las sombras. En mi caso es este insecto ínfimo y saltarín que bloquea todo brote de bondad o luz en mi corazón, que cercena nada más nacer cualquier instante de felicidad, que no me deja un ápice de libertad para un pensamiento libre y generoso. Quiero desgarrarme entero con mis propias manos, y lo haría si tuviera la certeza de encontrarlo, aunque fuera entre las telas de mi corazón, que enferma con su presencia día a día, minuto a minuto, lágrima a lágrima. ¿Quién puso a la pulga en mi interior y con qué fin? ¿A qué dios agrada la condición que padezco? ¿Por qué sospecho que la muerte no solucionará nada?

150. All tomorrow's parties


          Jamás me pude enterar por qué me llamo Macedonio. Preguntados mis padres por tal ocurrencia no supieron darme una respuesta. Ellos tampoco recordaban qué circunstancias especiales (porque tuvieron que ser especiales o mínimamente singulares) condujeron a mi inscripción en el Registro Civil con ese nombre. Ningún Macedonio constaba en ninguna de las ramas ya fueran cercanas o remotas de mi árbol genealógico. Mi nacimiento no coincidía con la festividad de san Macedonio Magnus (31 de abril). No teníamos antepasados helenos, y las tendencias religiosas familiares distaban mucho de las profesadas por el patriarca de Constantinopla Makedonios (342-370), practicante de un arrianismo radical y fundador de la secta de los neumatómacos. Tampoco nos gustan a los miembros de mi familia la mezcolanza de trocitos de fruta almibarada. Tan sólo conozco a un Macedonio, de apellido Fernández, escritor uruguayo o argentino, no recuerdo en este momento. Detesto mi nombre. Me gustaría haberme llamado César o Gaetano o Blasillo o Lisípides o Francesc o Malcom o Curzio o Arístides, pero nunca Macedonio, nunca.

6.6.10

149. París era una siesta


          En febrero de 1957 nació Mario Riquelme. Aquel invierno de heladas litúrgicas también nació Tomasito Posadas que, aunque sólo vivió once minutos, dejó una ingente cantidad de nada para repartir entre nadie. Mientras Mario nacía, moría Elia Cercedilla, la abuela de la Albufera, que a sus ciento ocho años bordaba todavía motivos valencianos en las trencas de sus bisnietos. Las personas, ya sean de orden o despojos sociales, nacen y mueren casi todos los días. No recordamos nuestro nacimiento, nadie lo recuerda, por lo que cabe la posibilidad de que sea camelo, de que a algún organismo internacional, ya sea de corte ecuménico o genocida, de carácter filántropo o totalitario, le interese que todos pensemos, sin posibilidad de alternativa, que hemos nacido, que hemos sido concebidos, y que nuestra madre se llama Rafaela, como es mi caso. Pero seguridad en ello no hay. Tampoco está claro eso de que todos morimos, nada sabemos de la muerte, conocemos la de los demás, pero no conocemos detalles de la nuestra. Así que he optado por considerarme eterno. Me sale barato, me evita la sumisión inhóspita a la desagradable nostalgia y me anula la incertidumbre y el miedo al punto final. El presente, como todos sabemos (quizás sea lo único que realmente sabemos), es una mierda soberana, pero con mi nueva condición de ser eterno, disfruto el presente (disfruto la mierda) de una manera distinta, de una manera, por qué no decirlo, divina.

          Buenas tardes.

25.5.10

148. Dulces recuerdos de Veracruz


          Oigo el deleznable rebuzno, sonido atroz, miserable y de largo reverbero, que me persigue en casa, y en el trabajo, y en el protésico, y en la mancebía de la esquina. Tengo un burro metido en mi interior, entre las entretelas de mi corazón sereno y dadivoso, en lo más recóndito de mi alma saducea. Lo tengo explayado, disuelto, tengo al burro espolvoreado en los poros y recovecos de mi piel gitana. Nazco cada mañana con el insoportable olor a burro hambriento. Me cocea de dentro afuera como si quisiera escapar de donde yo no lo retengo. ¡Que se vaya el burro asqueroso de mí!, ¡Que proceda a la migración, a la transubstanciación, a la metempsicosis, pero que salga de mí! Me sé burro y siento al burro inmanente en mí. Yo, que sólo he creído en la filosofía pragmática; yo, que he amado hasta la ternura las ideas situacionistas; yo, que he amamantado en mi academia a los últimos restos de jóvenes rebeldes, a los últimos e irreductibles soldados del pensamiento posmoderno... Y aquí yazgo yo, en la sumisión al burro interior, sodomizado desde dentro por un asno belicoso y nocivo, que aturde las vísceras y las glándulas y los órganos que no le pertenecen y de los que se ha apoderado como un colono loco e insaciable.

          El burro se llama Platero, es peludo, pequeño y suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón.

          ¡Sus muertos!

21.5.10

147. Festival de cositas amenas


          El gen causante de la dilatación de nuestro iris se encuentra en el cromosoma 17 (también llamado cromosoma argentino o simplemente cromosoma Ernesto). Por eso, a los habitantes de Kiosmo, pequeño islote del archipiélago Imohn, al noroeste de la ciudad costera de Dafos, en el Adriático, por eso, decía, a los habitantes de este islote, provenientes en un 85% de una familia o tronco común con múltiples uniones endogámicas a lo largo de los siglos, por eso decía, a estos isleños endogámicos del mar adriático, todos ellos con el mismo apellido, Vassiliadis, a todos ellos, decía, les falta la capacidad de dilatar el iris de sus bellos ojos griegos. ¿Y por qué? Pues porque carecen del gen dilatador del iris que se encuentra en el cromosoma 17, ya saben, el argentino, el cromosoma Ernesto, ¿recuerdan? Pues bien, estos hombres y mujeres no dilatan sus iris en ninguna de las tres circunstancias clásicas o canónicas en que se dilata el iris en general: a) mirando amaneceres con el pensamiento puesto en  atardeceres casi olvidados; b) observando con detenimiento a tu propia mujer, es decir a cualquier mujer; o c) siendo sorprendidos por un relámpago otoñal mientras se practican buenas acciones sin ser conscientes de casi nada. Estos isleños son trabajadores haraganes, doctores en estulticia y personas de un serio carácter risueño y soñoliento. Amo su isla, pero solo porque está cerca de otra, casi pegada a ella, y que todos ustedes ya saben seguro a qué isla me estoy refiriendo.

19.5.10

146. ¿Qué hay detrás de la tos?


          Las tumbas de los poetas (si no han visto alguna no sigan leyendo) se destacan de las demás por cuatro características primordiales: 1) Tienden a lo octogonal (octogonalidad); 2) Les crecen, cercanas, flores pequeñas, como la Tricophilia; 3) Huelen a chalina, levita y a cabritilla rancia; y 4) Se oye alrededor el trino de pájaros inexistentes. Comprueben lo que digo el próximo domingo: lleven a su esposa o a su marido y a sus hijos a pasear por el cementerio de su ciudad y dirijan sus pasos hacia los restos mortales inhumados de los numerosos poetas que a buen seguro residieron en sus calles. Es natural que para acercarse al mundo de la poesía haya que ser un poco poeta. A veces alguien se cree dotado con el arte de Calíope o de Erato, pero no es un verdadero poeta. Para comprobarlo, sólo tiene que morir y solicitar a un deudo que acuda a su tumba. Si el amigo percibe una cierta rectangularidad de la losa, si atisba alrededor de la fosa tierra seca o arbustos desmedidos, si sólo percibe el aroma de la soledad y el viento, y si cruzan frente a ella vencejos desaforados y ríspidos, entonces debe humildemente hacer encallar el velero de la veleidad artística  de su amigo muerto y suspirar por el bien que hubiera sido, pero que desgraciadamente sólo fue una falsa esperanza.

17.5.10

145. Termodinámica básica para novilleros


          Me hallo muy impactado por el conocimiento al que he tenido hace poco acceso sobre el calendario de fiestas judías. El rabino Mashrack, el más viejo de todos los rabinos del Medio Oeste norteamericano, me hizo partícipe (algo inaudito para un gentil como yo) de los orígenes de las 33 fiestas de carácter sagrado que posee la religión judaica. A continuación expondré pormenorizadamente cada una de ellas: El día era tan lluvioso que me enteré demasiado tarde. "Pas-de-zephyr" es un complicadísimo paso de ballet del que dudo de su existencia real. También dudo de la existencia real del ave sudamericana "tinamú". Los neo-paganos que no querían a Akón III de Noruega, en vez de echarlo del país, lo tostaron en piedras volcánicas para dar ejemplo a los elfos y a los enanitos del bosque. Ombú, blenda y monacato son las palabras menos visitadas en el Diccionario Enciclopédico de la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford. Y tú, Candelita, deja de sorberte los mocos como una cualquiera. Parece mentira que te hayas educado en Suiza con las hijas de las cortesanas más decentes de Europa. El primo Leopoldo, que vendrá mañana, traerá deditos de San Gil, y pezoncillos de Santa Tania Nonata que tanto te gustan. Ayer, precisamente me enteré leyendo El Pionero, que hubo un gran aforista norteamericano que a la sazón fue un gran jugador de béisbol; tenía un nombre muy curioso: Yogi Berra, precisamente como la fiesta judía del 22 de enero que conmemora cuando las tropas de Ananías le practicaron la circuncisión, quieras que no, a más de 20.000 filisteos prisioneros.

15.5.10

144. Diálogo de sepias


          Esta mañana me he levantado muy temprano, y tras abonar el terruño con guindas en aguardiente, me he arrellanado en el sillón orejero y me he dispuesto a escuchar el Concierto para Doscientos Metrónomos de Ligeti. A mitad de la pieza me entró un ansia inesperada e inaplazable de conocer a una meretriz. Así que me dirigí con gran presteza al Palacio Arzobispal donde su titular, amigo desde la infancia allá en el Colegio de los Hermanos Carmelitanos de Éibar, me permitió el acceso a los Libros Negros Censitarios de Mujeres Perdidas. Lilian Morales, "la Cimarrona" fue la elegida al azar. Sus señas eran: Avda. Plutarco Elías, 29 (Club "La Chacharita") 84200 Agua Prieta, Sonora. México. Monseñor, en un gesto que le honra, puso a mi disposición su jet privado, y tras doce horas de vuelo he llegado a mi destino. La Chacharita todavía estará abierta, supongo. Tras acicalarme llego al local de alterne. Pregunto por ella a un enano zambo con sombrero tejano y me indica que se halla en la parte de atrás. Allí me dirijo con él. Me señala con su dedo ensortijado a una enana zamba con sombrero mejicano. Me presento y pone cara de enana zamba exasperada. Dice estar hasta sus partes de Ligeti. Odia la música clásica contemporánea en general y a Ligeti en particular. Docenas de visitantes de todos los países del mundo vienen a asediarla tras la audición de no sé qué vaina de música de metrónomos. Así que me ha mandado a chingar a mi madre.

12.5.10

143. Contoneos sindicales


          Me escuecen las uñas de vergüenza cuando la veo pasar por la vereda. Con su cántara de mimbre y su canasto de loza, tan risueña y grácil como un calamar de pozo, con su toquilla de graba y su mandilito de musgo fresco. Me muero de la vergüenza porque recuerdo cuando le agredí con mis palabras de burdo jornalero calabrés. Yo la requebré de amores y ella bajó su mirada de virgen sarda y corrió a la cueva de La Negrilla para restañar las heridas a su honor por mí infringidas. Ella es tan débil y frágil como una semilla de gladiolo azucarada, como el aceite que destilan las castañas en Basora. Allí la veo en el recodo del camino. Su trenza se bambolea como un incensario gallego aromando las zarzas de los campos, y sus caderas crean la música para el baile de la primavera. Y mi cara enrojece como la manzana de la bruja mala y me resbalan dos lagrimones sucios por los surcos de mi cara campesina, cara de vergüenza, cara de mineral antiguo. El cura me absuelve pero mi pensamiento quema y mis vellos se encrespan como crestas de gallo cuando la veo. Voy a comprarle un vestido para la romería, un vestido sencillo de piqué, en tonos lavanda, con mangas evasé, fruncidito al talle, escote a la caja y con un poquito de vuelo, algo a la vez elegante y muy ponible. Yo creo que le quedará bien.

10.5.10

142. Ritchie Montesinos conquista Nashville


          Pocos herejes en África tan oscuros como Sabelio. Nacido en libia a mediados del siglo III, se sabe que su madre era nubia, y de su padre sólo se conoce su afición por la leche de camella, de la que bebía grandes cantidades directamente de la ubre del animal; este hecho le hacía muy popular por los alrededores de la que hoy conocemos como Trípoli y que en aquella época se llamaba Oea. Sabelio creció feliz, aunque ligeramente avergonzado por la extraña conducta alimenticia de su padre. Pero su madre le llenó de amor y supo inculcarle los tres valores fundamentales que los nubios establecen prioritarios para alcanzar la perfección del cuerpo y del alma: a) Procura que los que te rodean no te amenacen con lanzas; b) Sé tú, en todo caso, el de la lanza; y c) No mezcles los dátiles con el adobo de ñu. Sabelio nunca olvidó los tres preceptos maternos, y marchó a Roma a ciscarse en el misterio de la Santísima Trinidad, algo que no gustó en las catacumbas, donde seguían reuniéndose por costumbre y tradición los cristianos hermanos en Cristo. Y el primero de los papas Calixtos, es decir, Calixto, le persiguió todo lo que pudo. Posteriores ciscadores Trinitarios le hicieron sombra. Hasta hubo algún heresiarca que preconizó que la Santísima Trinidad constaba de nueve elementos, tres elementos divinos, tres humanos y tres adimensionales. Pero en fin, Sabelio, excomulgado y pobre como una rata volvió a Oea. Allí se enteró de la muerte de su madre. A los pocos días y con un hambre insoportable encontró a su padre que gustoso le ofreció una de las ubres de la camella bajo la que se encontraba. Y Sabelio mamó, y ya para siempre, de las solícitas y plácidas camellas del desierto libio.

8.5.10

141. Érase una nuez


          Tengo delante un plato de lentejas. Todas están boca arriba o boca abajo, ninguna de lado. Si alguna lo estuviera conformaría alguna elipse, pero en mi plato no hay elipse alguna, sólo circunferencias planas de 2,5 mm de diámetro. Ya sé que las lentejas no son planas, son estructuras lenticulares, pero desde mi disposición de comensal, y ya que mi disertación no aborda problemas geométricos sino metafísicos, importa bien poco tal particular. Mis lentejas tienen un aspecto expectante, las que están boca arriba me miran. Deduzco por algo intangible en sus miradas que la causa de su estado expectante no lo constituye el hecho de que en breve van a ser ingeridas y digeridas, sino que su curiosidad esperanzada se halla en la perspectiva de que haga con ellas algo diferente. Y pronto deduzco que ellas saben que yo lo sé. Entonces se agitan un poco al comunicárselo unas a otras (las que están boca arriba a las que están boca abajo, y éstas a las que están en capas inferiores). Así que no me las comeré. He pensado que a cincuenta y cuatro de ellas les haré un trajecito regional correspondiente a las cincuenta y cuatro provincias españolas. A veinticuatro de las más perspicaces las enviaré al extranjero por valija diplomática. A treinta las inscribiré en la Escuela Andaluza de Idiomas para Legumbres, y al resto, unas doscientas, las mandaré a predicar a la zona del Juijui, en la amazonía venezolana.

          Espero que de segundo haya algo consistente. Sé que de postre hay natillas con galleta.

7.5.10

140. Frutería-Verdulería Arcimboldo


          Me acaban de traer a la morgue. He tenido un accidente mortal. Conducía el Hispano Suiza de tía Brígida y he chocado de frente con el carrito de helados de Tinín; creo que lo he matado. No importa mucho porque Tinín es tonto y como heladero minorista era un desastre. Siempre que le pedías un cucurucho de vainilla con bosta, o te lo ponía sólo de vainilla o sólo de bosta. La verdad es que Tinín iba por su sitio. Pero yo sí que iba mareado. Había quedado a comer con el Notario Vargas y con el procurador Estébanez, y tras las firmas nos pusimos hasta el culo de Calisay®. Dentro de un rato me va a hacer la autopsia Nicolasito Méndez, el hijo de Tato Méndez, el ferretero, que hay que ver que buen estudiante le salió el chico: forense a los treinta años. Los siento por tía Brígida. El Hispano Suiza ha quedado para la chatarra. Pero ya no podemos hacer nada. Por cierto que aquí hace un frío que pela. Tinín tiene que estar aquí al lado. Él está más acostumbrado al frío. Yo espero que la autopsia no duela. Lo peor de estas cosas son los trámites, creo yo. Tengo ganas ya de que pase todo y poder descansar en la tumba tranquilito, después de la ambulancia, del hospital, la morgue, el tanatorio, la Misa, qué coñazo.
          Ahora me está entrando sueño, un sueño raro.
          Espero que Tinín me perdone.

5.5.10

139. Ya tengo mi tricotosa


          Hay un humo espeso y gris que sólo lo producen los volcanes más vetustos y los alientos más dudosos. Lo expele el fragor del subsuelo y la boca amarga del hombre iluso. Son humos hermanos, pero de orígenes diversos y alejados. El humo goloso de la tierra no es el humo túrbido del hombre. La duda estalla en las lenguas de los mortales como pequeños krakatoas de ceniza iluminada, y deja un reguero de ominosa lava delicuescente que se petrifica en una nostalgia eterna de piedra pómez. Pero es el humo el que sube glorioso proclamando lo imposible de la vida, la atonía del amor, el fracaso de lo humano, la duda envolvente y opaca de las pasiones yertas y aburridas, la inanidad orgullosa del no ser en que ya estamos convertidos. El humo que revienta las costuras de la tierra es igual, apenas se distingue, pero la tierra expulsa sus tesoros de fuego, su exceso de vida interior, no como nosotros, que solo segregamos el asma humeante de nuestra angustia interrogada. Los volcanes nos invaden generosos y atroces, nos aniquilan con la verdad de su estruendosa totalidad. Sigamos, pues, con esta competencia leal y equilibrada, con esta etérea nube gris de preguntas sin respuestas hasta que el demiurgo encantador o el malévolo hechicero nos atraiga hacia un punto de fuga exacto como la misma muerte, como el eco de un volcán inflamado de deseo.

4.5.10

138. El pulgón de la patata



          Me llamo Antonio José Mondariz Ullate y soy el único ciudadano que conoce los ochenta y dos presidios de la nación. No es que ha haya cursado visita a los centros penitenciarios por mi profesión, ni que por vocación filantrópica pertenezca a alguna organización de ayuda al recluso. No, que va. Yo he estado preso en todas las cárceles por cometer delitos contra la propiedad de las personas, la dignidad de las instituciones, por estafa, por falsificación y por conductas obscenas. Como otros coleccionan dedales o cornucopias, yo colecciono estancias en presidio. Y a mis sesenta y cinco años ya puedo considerar acabada mi colección. Me he pasado treinta y nueve años en la trena. Sin embargo, lo más duro no han sido los días privados de libertad, la violenta rutina de la cárcel, la visión constante de la miseria humana, no, lo peor ha sido la comisión del delito justo en el lugar adecuado para que la condena fuera razonable en tiempo, y precisa geográficamente hablando. Me explico: si, por ejemplo quería ser encarcelado en el Centro Penitenciario de Pereiro, en Ourense, debía estudiar el partido judicial al que pertenecía, los juzgados que suministraban reclusos a dicho centro, las vacantes que había, etc. Por otro lado, el delito en sí debía ser constitutivo de una condena no muy abultada, lo suficiente para poder seguir con mi afición. Un par de veces, por un cálculo incorrecto visité dos veces la misma cárcel, y en otra ocasión robé unos brillantes pensando que eran bisutería, lo que me costó pasar siete años en el mismo sitio. Casi siempre busco abogados novatos y a veces les pago para que hagan mal su trabajo. No he podido casarme ni tener hijos, y mucha gente piensa que soy idiota.

2.5.10

137. Amores de baratillo


          Desiré Buendía de la Laña tiene veintitrés años y unas ganas enormes de que fallezca su íntima amiga Olguita Simancas Cañaseca, de veintidós. En realidad ambas se desean la muerte. En mi tienda de productos anecdóticos y suntuarios las atiendo personalmente. Vienen siempre juntas y destacan por su falta absoluta de pudor. Se desnudan nada más verme. Creo que les gusto. Siempre me traen un obsequio nada anecdótico ni suntuario, una postal antigua de la tumba de Erasmo de Rotterdam (en la catedral de Basilea), la biografía del único papa lisboeta, Juan XXI (de nombre Pedro Hispano) o unos guirlaches de Jávea. Yo a ellas ni las toco porque soy calvinista y sacristán personal del rey. Entre las dos se dejan más de cien soberanos cada vez que vienen. Me incitan a no sé qué salaces juegos, a los que siempre me niego con cierta displicencia no carente de unas gotas de desprecio. Ellas se enfadan y me hacen mohines, que no me agradan porque les dan un aspecto como de arpías metropolitanas o estantiguas de La Moraleja. Olguita quiere ver a Desiré bajo las ruedas de un todoterreno. Los clientes las miran asustados, como es natural, pero yo les digo que miren hacia otro lado, que no llamen a la policía, y les regalo un objeto suntuario a cada uno, o dos anecdóticos a elegir. Yo paso mucha vergüenza cada vez que vienen, pero con los cien soberanos me puedo permitir pagar a los sicarios que le dan las palizas a mi madre.

1.5.10

136. El arco, el violín y la flecha


          ¡Ay, Ponciano! Si ya te lo dije: no te juntes con orientales, pero tú, como el que oye llover. El que se une a indios, chinos o malayos es como el que escamotea orinales de loza en casa rica, que ni tuerce la brizna, ni tunde la banasta, pero tú tienes que escarmentar en cabeza propia, que no apropiada, con esos bucles afeminados que te has dejado, que parecen guedejas de israelita loco. ¿A qué vino el conciliábulo con ellos en casa, nada más y nada menos, que del turco Ahmed? ¿Es que estás tan impregnado de opio que ni el recuerdo de tu hermana te adecenta la conducta? Eres un tártaro sin honor y no conoces la inocencia de tu etnia en asuntos de diplomacia. Si no te saludo la próxima vez que nos veamos, no vayas a ofenderte, que yo sí profeso la honorable religión del arraigo. Ahora marcho hacia las tierras del norte, donde me esperan las hordas amigas. Cuando coma los gusanos de la tundra me acordaré de ti. Cuando malgaste mi tiempo y mi dinero con las mujerzuelas de Övrinka, me acordaré de tu improbable y desmesurada dicción desdentada de molicie alcohólica y de tu aliento mentolado de mentiras. Ya a tu vida, Ponciano, le queda poca cuerda para llegar al agua negra del fondo del pozo. Aligera tu morral de pecados y pensamientos saturnales y dispón lo que quede de tu alma desmañada en racimos de perdón inmaculado. Hazme caso, maldito P.

30.4.10

135. Por un Vaticano laico


          Mi nombre es Skotos, aunque en ciertos lugares soy conocido como Érebo, y soy un dios primordial, concretamente soy el dios de la oscuridad y las sombras. Parece ser que mi padre es Chronos y mi abuelo Caos. También parece ser que me casé con mi hermana y que tengo un hijo que se llama Éter. Será verdad. Al menos dicen que Hesíodo así lo ha escrito en sus Teogonías. A mí todo esto me trae al pairo. Rodeado de tinieblas, viviendo inmerso en un mar de pétreas brumas, acosado por agujeros negros de insondable invisibilidad y derramando niebla y oscuridad por doquier, ustedes podrán imaginarse la abulia contumaz en la que vivo, la solidez de la desidia en la que me hallo y el aburrimiento ontológico al que estoy sometido. No tengo amigos y aunque tengo esposa, no la veo, ni ella a mí. Mi hijo no viene a verme porque no me ve, y para colmo de males, tampoco puedo hacer ruido, ni hablar, ni gemir, ni gritar. Mi espanto me lo como a solas, en silencio y a oscuras. Todo el mundo me conoce, eso sí, pero no me implora nadie, ni me hace ningún acto votivo, ni tan siquiera me ha consagrado nadie una ermita y mucho menos un templo. Estoy muy enfadado con mi vida. Sé que voy a acabar mal. Algo he de hacer, porque es muy posible que me vuelva loco. Pónganse ustedes en mi lugar.

26.4.10

134. Sabores de Andalucía


          A través de los múltiples fragmentos de cristal en que quedó convertida Raab, la prostituta de Jericó, se podía observar, de forma difusa, fragmentada, casi caleidoscópica, los contornos de la ciudad sagrada, las dunas eternas que la rodeaban y los nidos de palmeras dispersos. A una legua de Jericó destellaban unos finos rayos de luz que podían divisarse desde las azoteas de las casas. Poco a poco se levantó una brisa que peinaba el desierto de este a oeste, rizando en torbellinos discretos los áridos contornos de la arenosa llanura sin fin. Los fragmentos cristalinos de Raab vibraban semihundidos con sus vértices al sol, implorantes, dramáticos, afilados como uñas de muerto. El pecado de la hetaira yacía por fin cubierto, enterrado por la tierra que la desahució y la desterró a vagar para siempre en torno a la casa de sus padres, en torno a la ciudad de los hombres. A todos ellos conoció y todos la conocieron, en todos dejó la huella triste y profunda del arañazo helado de sus brazos, el sopor de sus besos desérticos, el aguijonazo de escorpión de su soledad infinita. Las trompetas de los hombres dejaron los muros intactos. Tan sólo ella, a una legua de Jericó vio estallar su propio cuerpo, su propio corazón en mil fragmentos radiantes y clamorosos.

21.4.10

133. De regreso a La Alcarria


          Si recordáis las máquinas de Tinguely, recordaréis a las hermanas Follarat-Grifolls, afamadas coleccionistas de objetos artísticos modernos del Priorat. Vamos a ver si nos entendemos: no es que las hermanas coleccionistas coleccionaran objetos artísticos modernos realizados en o por artistas ubicados o nacidos en la región del Priorat, no. Las que eran nacidas en el Priorat eran las dos hermanas Follarat-Griffols. ¿Ha quedado claro? Bien, sigamos. De las veintiséis máquinas que realizó en vida el maestro Tinguely, las hermanas poseían veintidós. De las once que realizó tras su fallecimiento, las Follarat-Griffolls tenían nueve. A parte de las famosas máquinas de Tinguely, su más preciado tesoro, las hermanas adquirieron tres móviles de Calder, cuatro ready-made de Duchamp, doce latas de melva automáticas de Chris Davos-Kurtz, un sanpancracio articulado de Tao Naomita, dos instalaciones de minimalismo fluorescente de Dan Flavin, cuatro facistoles gigantes de metacrilato rosa de Deanna Baeza, cinco niñas saltando a la comba de Ron Mueck, y diverso material de arte bélico de Keith Forman. El arte moderno gusta mucho en el Priorat, más en Ulldemolins y Porrera que en Poboleda y Cabacés, donde son más conservadores para el arte. Las hermanas Follarat-Griffolls residen en Margalef de Montsant, en una casa solariega que heredaron de su padre, don Josep. Ambas son solteras, ancianas y adineradas.

20.4.10

132. La Europa de Erasmo


          Ahora que por fin gano dinero con la poesía... ¡Ah!, ¿pero ustedes no lo saben? Pensaba que sí conocían el dato, pero al observar sus rictus en posiciones singulares que, por lo general, denotan duda, y sus miradas suspicaces de brillo sarcástico e incrédulo, me doy cuenta de que andan ustedes en la inopia del hecho. Pues sí, gano una fortuna (a veces más) con mis gráciles letrillas, mis dulces poemas y mis ingeniosos opúsculos de epicedios y epitalamios. Ya sé que somos pocos los poetas con dinero, pero yo, gracias a Dios (y a Calíope y a Erato), que han colmado mi espíritu de arco iris florecientes de rimas, de cúmulos de asonancias y consonancias, de pléyades de metáforas inusitadas, tengo la alegría de contar con cofres y cofres a rebosar de billetes que me dan los..., que me dan los... ¿Quién me da la pasta? ¿De dónde viene el dinero? Perdonen ustedes un momento. A ver, Adrián, ¿tú sabes de dónde saco yo tanta pasta? ¿Qué no tienes ni puta idea? Pero, ¿es que tú no sabes que yo soy poeta, hostias? Te pregunto que a quién mandamos los poemas, porque me imagino que habrá algún editor que los publique y que la gente los comprará, digo yo, si no ¿de dónde carajo sacamos tanta plata? Adrián, ¿tú me estás escuchando? Por cierto, Adrián, ¿con qué rima "terebinto"?

16.4.10

131. La dulzura de las redes inalámbricas


          Describe Dante en su Comedia el rapto de Cunizza por el trovador Sordello. No recuerdo si esta aventura aparece en el apartado dedicado al infierno, al purgatorio o al cielo, porque yo no hago distingos entre estas tres ideas que me parecen las tres sinónimas de estulticia. Sí defiendo con pasión la estética visual del averno dantesco, muy por encima del conceptualismo aburrido del purgatorio y de la cursilada sublime del apartado celestial. Sordello era un mal poeta y Cunizza una mala hija. En Verona no era algo extraño el rapto de una doncella, ni tampoco era extraña la audacia de los trovadores en asuntos de amor cortesano. En Verona, ciudad infectada por un turismo menudo y corrosivo, hay que caminar con la cabeza alta, mirando los gallardetes de los pináculos de las torres balconadas. Verona es sus balcones, como Delft es sus ventanas. Sordello no era Romeo, qué más hubiera querido. Su pasión duró lo que duró su apresamiento y destierro. Cunizza tampoco era Julieta, aunque le fue mejor que a ella, se casó dos o tres veces y tuvo durante su larga vida dos o tres docenas de amantes. Yo sí soy Dante. Soy con más exactitud Edmundo de Sales Tamayo, su reencarnación número treinta y dos contando a partir del original. Si quieren ustedes conocerme, vivo en Santiago de Chile, en el barrio de La Chimba, al norte de la ciudad. Allí tengo una ferretería en el 17 de la Avenida Cardenal Caro, "Ferretería Alighieri", para lo que gusten.

15.4.10

130. Receta clásica del pastel de alforfón


          "Créame, don Práxedes, hoy a todos se nos ve el plumero. Por mucho que simulemos estar abstraídos en nuestras cuitas de partido, la base republicana crece, ya lo creo que crece. Nos han zurrado en La Habana lo que nos zurrarán en Manila, y hay más de cuatro que se frotan las manos, como si esto no fuera con ellos. Pobre gente. En el fondo serán ellos los que sufran las consecuencias, porque ni usted ni yo, don Práxedes estaremos aquí para verlo".

          "Qué razón lleva usted, don Marcelino. Me muero de ganas de ver a su hijastra Manolita. Cuando regrese del taller le regalaré estos caramelitos de malvavisco que me ofrecen los ancianos del asilo de San Genaro, allá en Brihuega. ¿Hace mucho que no va usted a Brihuega? Yo voy todas las semanas. Voy a por los caramelos. A mí, he de confesárselo, Don Marcelino, me dan mucho asco los caramelos de malvavisco, y me dan también mucho asco los ancianos del asilo. Los ancianos, para que no den asco, han de ser ricos. Los ancianos pobres es que son asquerosos, ¿no le parece? Llevo años yendo al asilo de Brihuega a por los malditos caramelos, y ni sé por qué me los dan, ni por qué me tomo la molestia de ir tan lejos, si soy diabético y aborrezco los dulces en general. ¡Allí viene Manolita! Voy a ponerme bien el cachirulo, y usted, don Práxedes, temple de una vez la cítara, por Dios".

14.4.10

129. Clarín y el satanismo ovetense


          Ojeando un catálogo ilustrado de máquinas célibes, topé con el Triásforo de Henning. Este mecanismo, ganador del primer premio en la Muestra Anual de Inventiva de Milán del año 1954, colocó a su creador, Elijah C. Henning en lo más alto del parnaso de la creación industrial moderna. Muy por encima del convertidor Bessemer o del destabulador Minkhoff, el triásforo de Henning laminaba los compuestos siderúrgicos, suprimiendo el paso de las tolvas y el del ventilado con compuestos fosforados, para llegar al paso final del drolling con una carga sumamente inferior de densidad metálica, pero con un enriquecimiento en materias elongables, que hacían del producto final algo inservible, pero muy bonito. Henning, nacido en el seno de una familia de tradición huérfana, se casó a los dieciocho años de soltería con Virginia Q., domadora de lechoncillos e inventora aficionada. A ella debemos el enfriador de torreznos y la rebanadora de fuelle único. La feliz pareja tuvo dos huérfanos, Sinople y Embuda, de adscripción tomista el primero y barbujana la segunda. Se da en decir que formaron una familia desestructurada, pero no es verdad. Los Henning eran singulares, sí, pero si cometían crímenes atroces de lesa humanidad, no era propiamente por desestructuración, sino porque eran muy malas personas, y huérfanos todos.

12.4.10

128. Medidas gubernamentales en sábado


          Me oigo por dentro. Vibran mis enseres viscerales en una sonatina tenue y malsonante, como de oboes desafinando por voluntad propia. A veces es como un tuisanchaut tocado con agonía de bombo. Yo es que me oigo por dentro, de verdad. A veces me dan calambres en la barriga y en las espaldas de atrás. Me tiemblan los nervios de manera grande y sonora, son bordones de contrabajo que se ponen a latir, y sus ondas emergen por los agujeros de mi cuerpo, que como todo el mundo sabe, son once. La piel chirría por dentro, mi piel, con un sonido de tiza sobre encerado seco. Y sobre todo los dedos de las manos, mis dedos, suenan como flautines de pan de molde, sin música, atonales, son flautillos de tisis pronta, pero leve; los dedos de los pies solfean como unos bichbois enfadados entre ellos; son muy californianos mis pies, al menos para todo lo que sea cante. Mi corazón, para molestar, es bastante silencioso, y sólo recita su salmodia de porompompero cuando voy al cardiólogo, los demás días ni se le oye andar por casa. Tengo un bazo de temperamento hindú que reza su mantra en sánscrito como puede, y un hígado gregoriano, y un páncreas que alitera los ritmos jamaicanos como nadie. Mis órganos sexuales, ya viejos, quieren lucirse en los cantes grandes, pero sólo llegan al flamenquito más pedestre. Yo me oigo por dentro, de verdad. Soy un hombre sonoro, pero por dentro, palabra. Ustedes seguro que no me oyen por dentro, pero yo sí que me oigo.

6.4.10

127. El problema tangencial de España


          "El denominador común de las estrategias comerciales de nuestro holding no difiere tanto del de nuestros competidores como ocurría en la etapa anterior. ¿Qué etapa anterior?, dirán ustedes, y yo les tendré que relatar una serie de memorándums cuya lectura y cuyo análisis ni ustedes ni yo estamos dispuestos a afrontar, porque un memorándum está para que su presencia actúe independientemente, de manera determinante, fulminante a veces, no está para su lectura y análisis, porque los memorándums están siempre vacíos de contenido. Esto, supongo, todos lo sabían o, al menos, lo sospechaban, ¿verdad? La existencia del trust que nos acoge en este Consejo de Administración y al que mimamos con nuestro denuedo y trabajo, nos hace responsables de su desarrollo y expansión, porque una acción contraria supondría una deslealtad para con nuestros accionistas y empleados. Es por ello que el próximo lunes todos los directores comerciales de zona se enuclearán en vivo y a vista de todos, el ojo izquierdo. El martes serán los product managers los que sacrificarán a sus primogénitos. El miércoles, a los directores generales se les cortará la lengua. El jueves se ejecutará a uno de cada dos vicepresidentes. Y el viernes, yo, como presidente de esta ejemplar empresa, apretaré el botoncito".

5.4.10

126. La enemistad entre suizos


          Poncio Brito Muñiz era ortopeda diplomado y quiromante aficionado. Su amigo, Sergio Braña Nava, no cursó estudios, pues a muy tierna edad perdió los brazos en un accidente de globo. Su amistad, basada sobre todo en el gusto de ambos por la cetrería y las artes nigromantes, se vio truncada al aparecer en escena la tucumana Flora de la Luz Salazar Vaquerizo, que enamoriscó a los dos amigos y los enfrentó en una guerra de pasión y celos. Y todo para nada, porque Flora de la Luz marchó pronto al norte con un picador gaditano, Manuel Terrón Morgado, y dejó a los dos anteriormente amigos cultivándose de por vida un odio profundo y enrarecido. El alcalde de Gamolledo, localidad del Bierzo donde vivían Poncio y Sergio, se llamaba Eusebio Hinojosa Hortigón y no había nacido en Gamolledo, sino en una aldea cercana, Turbiana, donde había una venta en la que hacían, según decía mucha gente de la región, el mejor botillo del Bierzo. Al notario Don Luis Rodríguez Limón le gustaba mucho el botillo y venía un domingo sí y otro no con su esposa, Doña Catalina Simancas Nunes, que era nacida en Benavente, provincia de Zamora. Y es que donde esté un buen botillo leonés que se quiten todas las paellas valencianas y todas las mariscadas gallegas, como digo yo.