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FUMPAMNUSSES!
¿Qué es Fumpamnusses!?... Fumpamnusses! es todo y es la primera vez. Siempre hay una primera vez. Escribo pues, por primera vez, en algo que tiene que ver con el exabrupto digestivo de un sapo ("Blog") sin saber siquiera lo qué es (me refiero al Blog, aunque en el fondo tampoco sé muy bien lo que es un sapo.) Mi declaración de intenciones espero que sí quede clara: me limitaré a realizar las veces que crea oportuno un ejercicio brusco, continuado y compulsivo de literatura automática, de exorcismo necesario y suficiente de los restos de energía negativa o positiva, qué sé yo, o de encauzamiento de ideas, frases o palabras que mi mente quiera en ese preciso momento que queden reflejadas en este nuevo e inefable invento. Invito, pues, a este ejercicio a todos los interesados en el arte de la improvisación mecánica, maquinal, indecorosa y pueril. No esperen grandes ideas, no espero grandes ideas, sólo el placer de ver concatenadas ciertas imágenes que surgen improvisadamente y en plena libertad, quizás en extrema libertad, esperanzado en que no me suceda algo tan lamentable como aquello que le ocurrió a aquel pequeño electrodoméstico que, de tan libre y tan enamorado como estaba de Sir Douglas H. Silverstone, declaró la independencia de todas las anguilas del mundo y de ciertos huevos de Pascua de los alrededores de Castel Gandolfo.
¿Qué es Fumpamnusses!?... Fumpamnusses! es todo y es la primera vez. Siempre hay una primera vez. Escribo pues, por primera vez, en algo que tiene que ver con el exabrupto digestivo de un sapo ("Blog") sin saber siquiera lo qué es (me refiero al Blog, aunque en el fondo tampoco sé muy bien lo que es un sapo.) Mi declaración de intenciones espero que sí quede clara: me limitaré a realizar las veces que crea oportuno un ejercicio brusco, continuado y compulsivo de literatura automática, de exorcismo necesario y suficiente de los restos de energía negativa o positiva, qué sé yo, o de encauzamiento de ideas, frases o palabras que mi mente quiera en ese preciso momento que queden reflejadas en este nuevo e inefable invento. Invito, pues, a este ejercicio a todos los interesados en el arte de la improvisación mecánica, maquinal, indecorosa y pueril. No esperen grandes ideas, no espero grandes ideas, sólo el placer de ver concatenadas ciertas imágenes que surgen improvisadamente y en plena libertad, quizás en extrema libertad, esperanzado en que no me suceda algo tan lamentable como aquello que le ocurrió a aquel pequeño electrodoméstico que, de tan libre y tan enamorado como estaba de Sir Douglas H. Silverstone, declaró la independencia de todas las anguilas del mundo y de ciertos huevos de Pascua de los alrededores de Castel Gandolfo.
8.2.10
113. ¿Qué es exactamente un psicopompo?
7.2.10
112. La dieta del Dr. Ceballos
5.2.10
111. Breve encuentro en Nicea
28.1.10
110. Una cierta ambivalencia
Soy español, sevillano, de Triana. Me llamo Higinio Menéndez Flórez. He robado un puñao de garbanzos remojaos hace un rato en un puesto de la plaza y me han trincao. No me ha dao tiempo a salir de najas. El segurata de la puerta que da al puente me ha cogío del gorro de la chupa y me ha dao un revolío que casi me estampa contra una barrica de arenques. ¡Qué habilidá, el tío cabrón!
Soy italiana, del sur, soy napolitana. Me llaman la Sporca, aunque mi verdadero nombre es Giusseppina Rospigliosi. Tras hacerle un servicio a un asqueroso labriego que venía a la ciudad en una furgoneta también asquerosa, le he robado la cartera, pero en el último momento me ha agarrado la mano y no me la ha soltado hasta que no le he hecho otro servicio, esta vez gratis.
26.1.10
109. Escotes ilustrados
En 1791 un estudiante oxoniense llamado John Allyn decía poseer cierta cantidad de sangre de Buda, que vendía a 20 libras la onza. La vida de John se desarrolló por estos vericuetos de rapacería y picaresca hasta el día de su ejecución en el castillo de Wordsmath en la primavera de 1821. De natural seductor, con la empatía proverbial de los Allyn y el empaque de los antepasados maternos, los condes de Bitchfolk, recorrió las tierras del norte y los páramos del sur arrasando con su gracia natural corazones y haciendas en una vorágine de engaños, traiciones y audaces huidas, que dejaron un rastro de leyenda por todo el país. Hasta el mismo canciller, Sir Tadeus Higgins, fue objeto de su trapacería sin par al conseguir que comprara por un precio exorbitante la "auténtica" empuñadura de la artúrica espada Excalibur. Y esto lo hizo en dos ocasiones, la segunda disfrazándose de Lord Truthurst Higgins, padre del canciller. En una visita de Estado de la reina Margarita de Francia tuvo la osadía de robar toda su lencería, incluso la que llevaba puesta en el momento de las presentaciones reales en palacio. Sus días de latrocinio finalizaron el día que fue capturado al ser confundido en una taberna de Oakenfield, con sir Percy Blakeney, más conocido en Francia como La Pimpinela Escarlata.
22.1.10
108. Saturnales
20.1.10
107. Édith Piaf y los chihuahuas
15.1.10
106. Fiesta en Cantora
14.1.10
105. Madre, esto está mohoso
13.1.10
104. A la Legión le gusta el aguardiente
12.1.10
103. La fornicatriz Eudora
11.1.10
102. Lejía o amoniaco
8.1.10
101. La conexión antillana
Primer final:
De pronto una vibración cada vez más intensa hizo temblar el suelo, y a los pocos segundos aparecieron unos tres mil elefantes en estampida que arrasaron la ciudad y aplastaron sus casas y a todos y cada uno de sus habitantes.
Segundo final:De pronto una vibración cada vez más intensa hizo temblar el suelo, y a los pocos segundos aparecieron unos tres mil elefantes en estampida que arrasaron la ciudad y aplastaron sus casas y a todos y cada uno de sus habitantes.
Al acabar su desayuno, damas y caballeros desalojaron el café y el salón de té, dirigiéndose al amplio salón que tenían alquilado y donde cada domingo se reunía la Asociación de Amigos del Sexo Oral, a la que pertenecían todos ellos, y en donde una vez despojados de sus trajes y vestidos, se entregaron gustosos y apasionados a su divertida afición dominical.
7.1.10
100. Vernon Ullman, un hombre en entredicho
3.1.10
99. Un jurisperito peruano
31.12.09
98. Puntos de fuga
30.12.09
97. Los límites del Aurresku
28.12.09
96. La materia oscura, una visión desde el interior
26.12.09
95. Cosas de la edad tardía
23.12.09
94. Monsieur Didier se va a la montaña
21.12.09
93. Ensayos de ingratitud
18.12.09
92. Vinagre de cebolla albarrana
16.12.09
91. El teatro de Lola Membrives
15.12.09
90. La Liga Hanseática y los guisantes de olor
14.12.09
89. Cosmogonía del pene
Estoy atravesando el mayor bache emocional y anímico de mi vida. He pospuesto varios días la ejecución del dictamen. Me lo comunicaron a través de un free-xmin' el pasado jueves. No necesito exponeros, viejos camaradas, lo que me entró por el cuerpo. Me puse de inmediato en comunicación con Fray Buchanan, pero me dijo que él ya no estaba en eso, que llamara a Lourditas o a Deseada Miñón Cotán. No lo hice, me daba vergüenza, después de lo de Valladolid. El plazo de finalización para la ejecución del dictamen se acerca. Ya ni sé el número de leotardos que me he puesto, y nada. He salido de parranda con mis dos castores para despejar un poco el velo de angustia que me cubre, pero no me ha servido tampoco de nada. En televisión no han emitido comunicado alguno. En la prensa sí, pero en páginas poco legibles. Me llamó ayer Sir Thomas Arlington para una paparruchada, yo creo que sabe o sospecha algo. Me informó el goliardo de Yuste que las aguas estaban calmas en casa del comisionado, pero yo ya no me fío de nada ni de nadie. Cené ayer angulas con Coca-cola con mi madre Juana. Mi padre había ido con Fontanalls a por agua mineral con gas a la taberna. Todo es un caos. Y las corridas de toros que tenía apalabradas con Tonino se van a ir al garete. Voy a huir, creo que no me queda otra. Me da pena tener que dejar Bodas de sangre a la mitad.
9.12.09
88. Serenidades
Se me viene encima un enjundioso problema que va a abastecerme de ansiedad los próximos meses. Verán ustedes: yo soy camionero, o transportista, como ustedes prefieran, pero sólo de soslayo. La policía de fronteras me conoce de oídas, y la policía metropolitana me supone muerto. Hace unos días, los jefes de la Mesta del Norte me hicieron un encargo por mediación de la viuda Hissman, que yo acepté con sumo placer, pues ahí no hay problemas de plata. A su vez, los beatos de Santa Marta me suplicaron que no lo hiciera, que me llevara de sus cuevas lo que quisiera, pero que no realizara el porte de momento, no fuera que el Señor me castigara con hijos zurdos, o bisoños en cuanto a templanza y temperamento. Pero el pacto tácito con la Mesta norteña ya se daba por iniciado y al volver a la alquería, por si me devolvían el documentario, ellos ya habían partido hacia los mares del sureste continental. Así que doblé por San Aurelio, y en Santa Marta me despedí de la beatería con dolor de corazón. Y aquí me ven ustedes, con el tráiler hasta arriba de cofres, algunos sobradamente radiactivos, otros merecidamente perniciosos y los más, atestados de droga inane para los habitantes de Metrópoli. Pero es que yo sólo transporto de soslayo, no de facto. Eso, tenían que saberlo, pero me dejé llevar por la avaricia o por los vapores del betún de Judea, o yo que sé qué me pasó. ¡Vaya lío!
4.12.09
87. El capote de Truman
Avellaneda, biógrafo apócrifo de Tirso de Molina, necio y mendaz juntaletras, nacido en un lupanar de Córdoba, ha muerto esta madrugada. Sentimos en lo más profundo de nuestras almas que la gente muera. El rock'n'roll nos salvó durante algunas décadas, pensábamos que la música tribal, la droga urbana y el sexo a destajo nos harían eternos, pero no fue así, nos hicieron políticos del hare krishna, burguesones de olla y playa, rapavelas de domingo y vocingleros de la champion. Somos menos limpios por ello, lo reconocemos todos cuando nos encontramos en los vagones del metro, y nos hacemos los locos para no sentirnos carcomidos por la vergüenza de los traidores. Así que, no aguantando más, he decidido apoderar a un púgil de La Elipa, que me han asegurado tiene una pegada letal. Se llama Augusto Rebollo y nació en un lupanar cordobés, como todo el mundo. Hoy me lo van a presentar. Hemos quedado a almorzar el Rey, el Conseller de Educació i Cultura del Govern de les Illes Balears, la duquesa de Medina Sidonia, que Dios la tenga en su seno, y yo, para hablar de boxeo en general y de Augusto Rebollo en particular, pero éste último no es seguro que venga, porque es presidente de una mesa petitoria en el Día Mundial de la Hiperplasia Benigna de Próstata, que se celebra precisamente hoy, ¡qué fatalidad!
3.12.09
86. Porn symphony
El abrecartas se hallaba clavado en el cuello de la doncella, atravesándolo de lado a lado. Aun así nos dispensó una educada sonrisa mientras nos recogía el sombrero, el abrigo y los aperos de labranza a mi ayudante y a mí, y nos hacía pasar con un gesto conminatorio de su brazo izquierdo al salón. Allí, con dos disparos en la cara, lo que hacía ciertamente difícil su reconocimiento, nos tendió la mano y nos saludó afectuosamente el barón Ducatti, que nos hizo sentar en el acogedor sofá de cuero rojo junto a la chimenea y nos ofreció una copa de oporto con galletitas. A un lado del escritorio estilo regencia yacía dormida en una otomana la baronesa Ducatti, de la que colgaban sus intestinos hasta la alfombra persa, probablemente debido a los dos tiros a quemarropa que, según nos informó el barón, le había pegado el mayordomo. Pero la baronesa se despertó en seguida, quizás a consecuencia del zumbido de las moscas que pululaban gozosas en el charquito de sangre abdominal de su vestido negro. Recogiendo con gracia su manojo de tripas se levantó y nos saludó con suma deferencia, ofreciéndonos otra copita de oporto, esta vez acompañada de galletas gigantes. Preguntada la doncella por el causante de la agresión, también respondió con plena seguridad haber sido asesinada por el mayordomo. El barón también fue tajante en este extremo: el mayordomo sin duda fue el que le disparó dos veces a la faz. Mi ayudante no cesó en ningún momento de tomar notas. Esa misma noche procedimos a la detención del mayordomo, que confesó, sin presionarlo, ser el autor de la muerte de la doncella y de los varones Ducatti. Igualmente confesó ser el autor de tres novelas bizantinas y de dos entremeses de tema manchego.
2.12.09
85. Panorama actual de la novela histórica
Erik Satie conoció en su juventud a Jürgen T., transformista muniqués de escasos dos metros de altura, filósofo a ratos y profeta diletante. Le compuso una pieza titulada Foxtrot pour JT una tarde de ajenjo y crepúsculos renuentes en aquel París que, aunque dicen que existió, no existió jamás, o si existió lo hizo de manera inconstante en la mente de algún pintor impresionado, desconocido y rico. Una tarde de grisura otoñal se les unió Dita Rizzo, artista antigua de variedades invariables, alcohólica y divertida. Satie le compuso una pequeña oda sinfónica a la que tituló Sonatina pour Dita. Entre aullidos de gato y maullidos de lobo el amanecer los cazaba fácilmente, derrengados en el césped de jardines prohibidos y húmedos. Una mañana estival de calor agropecuario conocieron a Benny Tibbs, agregado cultural de la embajada americana y nocherniego empedernido. Poco hizo falta para que se uniera al grupo y para que Satie le compusiera una humorística pieza, para ser tocada a cuatro manos, que llevaba por título Chanson pour le Ambassador. Las amistades en el París de entonces no eran sólidas. La cultura francesa y sus costumbres no prestan mucha atención a la amistad, de hecho, en francés no existen las palabras amistad ni amigo. Nadie que yo conozca tiene un amigo francés. Mi mujer es francesa, y mi madre, y mi amante Georgette, y mi hijo Jean-Claude, pero ellos no son mis amigos, ¿para qué?
1.12.09
84. El celibato de Calvino
Ed Gain, el asesino caníbal de Wisconsin, no nació en Wisconsin, sino en Duluth, Minnesota. De allí salió a los dieciocho años, en 1955, rumbo al sur con su maleta de vanadio y dos docenas de huevos duros como piñones. A los quince años ya se había comido viva a su prima carnal Abigail de cuatro años y un año después al Sargento de West Point, Doug Nash, al que primero mató con un hacha pequeñita. Hasta que salió de Duluth no mató ni se comió a nadie más, que se sepa. De camino a Wisconsin, a donde se dirigía para trabajar en el rancho de una hermana de su madre, se comió a dos chicas de un coro de góspel, a las que mató con una machota nueva, y poco antes de llegar, al dueño de un bar de carretera llamado Curt Bennet, al que estranguló y violó, por ese orden. Ya en Wisconsin, más concretamente cerca de Madison, donde se encontraba el rancho de tía Paulette, lo primero que hizo al verla fue pegarle un tiro y comérsela. En los siguientes seis años mató y se comió a trescientos veinticinco ciudadanos de Wisconsin. No era un buen chico este Ed Gain. Se diría que era una mala persona. En su confesión, que quiso hacer por escrito, cometió innumerables faltas de ortografía y durante la vista eructó y ventoseó sin el menor recato.
30.11.09
83. Celestinas y Regentas
El hombre no viene del mono. El hombre, sencillamente, no viene. La mujer, aunque tampoco viene, si tuviera que venir, vendría, pero no la espero. Tampoco espero al mono, aunque él sí que viene, los jueves, pero yo, los jueves no vengo, porque soy hombre, y los hombres, como queda dicho, no vienen. Alguien que no viene, ¿es que va? Es posible. Entonces comencemos:
El hombre va hacia el mono. Es algo muy complejo, pero va hacia el mono. La mujer que va, va hacia la mona, igualmente que el hombre va hacia el mono. Si no tuviera que ir, no iría, al menos eso espero. Espero a una pareja de monos, macho y hembra, todos los jueves, pero ellos disponen su agenda como les place y pueden venir un domingo por la tarde, o no venir. Yo sí que vengo los jueves.
Por tanto, si el hombre no viene y el mono sí viene o, sensu contrario, el hombre viene y el mono es libre de ir y venir, la mayoría de encuentros entre mono y hombre, no digo nada entre mujer y mono o entre hombre y mona, serán de carácter aleatorio, encuentros estadísticamente poco significativos, encuentros en la encrucijada, una mirada de reconocimiento, un hasta luego. Los vectores de ambas especies serán equidistantes, pero opuestos, jamás derivativos. El hombre y el mono, pues, nunca hubieran seguido el mismo camino evolutivo.
No anduvo descaminado el betunero de Sagasta cuando afirmó que a Darwin, lo que le hacía falta era un poco de templanza escolástica.
29.11.09
82. Güelfos y gibelinos
Santo Tomás de Aquino fue un mediocre cocinero mucho antes de ser un no tan mediocre fraile. Su hermano, que también fue santo, pero que nadie recuerda su nombre, ni yo tampoco, se llamaba Pelayito. Este chico era un mes mayor que Tomasín y dieciocho años mayor que la niña de mi dentista, Sor Inés de la Ventresca, que no tiene nada de santa y, para mí, que ejerce en ocasiones ciertas artes meretricias que le reportan pingües beneficios a la joía. Si bien el bonete parroquial es, per se, merecedor de todos mis respetos, me abstengo de indicar lo que pienso de la mitra obispal, o del capelo cardenalicio, por no hablar de la tiara papal. Un día pinté un óleo en el que el párroco Toño, el obispo Aróstegui, el cardenal von Poppel y el papa Eusebio CCVII intercambiaban sus gorritos frente al edificio de la Masonería de Trípoli. Fue muy aclamado este cuadro mío en el certamen anual de la Academia, mereciendo encendidos elogios de Eulogio Bañuelo, el famoso acuarelista semigallego, aunque el primer premio se lo llevó mi hijo Garcipérez, que me pintó a mí, vestido de húsar de medio cuerpo hacia arriba y desnudo el resto, pero con botas. Un genio. Me siento muy orgulloso del niño. La vida entre sotanas y pinceles es dulce y leve como una breva, suave y digna como el jugo de la cotufa.
25.11.09
81. Efemérides
La delicada situación de los telares del alma, de mi alma, es un dispendio de sencillos laberintos de cristal, fáciles de transitar, incluso un niño con ojeras, un niño con la tisis blanca más pura podría encontrar fácilmente la salida. Esta situación anímica, mi situación anímica, es por tanto susceptible de que cualquier ave de la costa anide sin más en ella. Mi alma no da miedo porque es nítida y visible, y todos sabemos que sólo produce miedo lo que no vemos, aquello que está muy por detrás de la mirada o muy por delante del tacto. Volviendo a mi delicada situación, he de definirla con tonos blancos. Mi alma se dispersa en todas las tonalidades de ese color que me absorbe e inutiliza en una niebla insonora, porque mi alma acoge muy pocos sonidos, apenas algún salmo lejano y disonante. La música ya no invade, ya no me invade como antes. Blanca, con esqueleto de cristal, anidada por mudas gaviotas, sin música de fondo... ¿Es mi alma un mar de tranquilidad o la muerte de un mar que languidece débil antes del último estertor? La miro desde la cumbre de mi orgullosa nada y la confundo con otras cosas. A veces vibra como las alas de las mariposas cuando van a morir, o como los labios de Venus cuando despierta. Creo en el fondo que se está muriendo. Siento que amanece ya, siento ya los primeros albores de la añoranza.
20.11.09
80. Judit y Holofernes. ¿Qué le vamos a hacer?
La necesidad imperiosa es como cuando iguanas de otro tiempo siembran su pleistocénica inmovilidad sobre algún abuelo en la salita. Conocemos la salita, porque es nuestra salita, la salita donde consumimos los productos alimenticios, y donde ventoseamos cantando el himno del Getafe, y donde lloramos la salmuera de los recuerdos inhóspitos, y donde vemos Perry Manson, y donde hacemos fundas de ganchillo para los reostatos de los vecinos más allegados. También conocemos a la iguana, que se llama Samuel; es aquella, sí, la que nos trajo el tío Fali de las Indias Occidentales, cuando marchó a las Américas para hacerse pobre después de la guerra, y ya lo creo que lo consiguió. Regresó con su fortuna dilapidada, dos bubas en la entrepierna y la iguana Samuel de regalo para mí. Me hizo mucha ilusión la iguana Samuel, aunque yo hubiera preferido las bubas. Pues eso, a lo que iba, conocemos la salita y la iguana, pero al abuelo no. No sé quién es, no lo conozco, no sé el tiempo que llevará el abuelo en la salita, no habla, parece que está vivo, pero se mueve tanto como la iguana Samuel, a la que no hay quien desprenda del anciano. Se le ha adosado al regazo como sólo saben adosarse los reptiles del Orinoco. He llamado al FBI. Es una necesidad imperiosa la que tengo. Nunca me miran los chinos con los que me cruzo por la calle, pero no sé si esto servirá de ayuda a los agentes gubernamentales. Voy a preparar un Nescafé® con mojicones, que ya estarán a punto de llegar.
17.11.09
79. El efecto Gambler
Todos íbamos en pareja menos J.J., que iba con cerca de seiscientas mujerzuelas. La noche prometía lo que prometen todas las noches, a saber: oscuridad, soledad, sueño y miedo, pero a nosotros nos daba igual porque era de día y hacía un sol radiante y la mañana prometía lo que prometen siempre todas las mañanas: claridad, gentío, vigilia y miedo. J.J. nos invitó a todos a desayunar en un riolè café con salchichas y huevos. Nunca había estado en un riolè. Tampoco conozco un lugar llamado Fontegrús. Las salchichas estaban muy ricas, tan ricas que me comí las mías (12 unidades) más las de una de las mujerzuelas de J.J., en concreto la mujerzuela nº 196, que era vegetariana, así que me zampé otras 12 unidades; por tanto en total fueron 24 salchichas. Después nos fuimos todos a casa del Cardenal Ullastres, presidente a la sazón, del club de Numismática Compleja. Nos recibió con gesto adusto, como suelen recibir los que ostentan la responsabilidad del capelo cardenalicio, pero al ratito ya estábamos todos en una animada conversación o plática distendida y amena. La vida monacal, los urinarios de Ostende, los caramelos de los conventos de Tracia, todos estos y otros muchos temas fueron debatidos en franca camaradería en casa del prelado. A las 14 horas nos marchamos a nuestros respectivos hogares en diversos trolebuses, como mandan las buenas costumbres. Yo me bajé dos paradas antes de lo habitual y entré en el mismo riolè de por la mañana, y me tomé un vermut con algo parecido a las aceitunas.
13.11.09
78. Un flirt en Sinaloa
La Señora recogió los restos de su mirada que había extendido por los humedales. Mientras con la mano libre compone su moño dorado con gesto de automatismo doméstico, con la otra mano aprieta con fuerza el pañuelo rojo que Billy le ha bajado del dormitorio. La tarde renuncia a luchar en un crepúsculo deshilvanado y lívido. La Señora no llora, aunque sus hombros experimentan un ligerísimo temblor que anuncia el pronto espasmo de la angustia, la inminente crisis de llanto y de dolor. Billy, desde la entrada del salón, arruga su sombrero de paja, pidiéndole a Dios que la Señora no llore, que no sufra, que las cosas sean de otra manera. Billy tiene tantas pecas en su cara como anhelos por cumplir. En Navidad ya tendrá dieciséis años y ella le ha prometido un caballo. Es tan buena con él. Querría acercarse a ella, decirle una palabra mágica que la hiciera olvidar todas sus penas, que la hiciera sonreír o, mejor, reír a carcajadas. Pero quizás ni sepa que Billy está allí detrás, esperando a que le diga que se marche. Hasta él llega su olor. ¡Qué bien huele siempre! Huele a lavanda, a limón, a canela, huele como huelen las cosas que jamás serán tuyas y las amas más que a nada en el mundo.
12.11.09
77. Fanatismos 2.0
En noviembre de 1955 Rosa Parks, de raza negra, fue detenida por sentarse en la parte delantera de un autobús de Montgomery en Alabama. A esto lo llamo yo un aserto taimado de pocas bonanzas. Mrs. Parks tenía manías de reina goda y en los autobuses cometía todo tipo de dispendios y distribuciones inexactas con los raperos de Southill. Mrs. Park parecía que tenía noventa noches en los ojos y cuarenta y dos en las aletas de su negra, chata, fea y poco lacedemonia nariz. Los autobuses son en USA de todos los colores del arco iris menos del añil. En USA el añil sólo lo utilizan para los envoltorios de pilas para aparatos de audición de senadores sordos, como Raymond Parks, hermano de Rosa y conductor de autobuses en su época presenatorial, cuando tenía veintiún años y dos trompetas esmaltadas de lapislázuli. El congresista Mel Parks es hermano de Rosa y Raymond y posee un rancho de autobuses sin parte delantera en el norte de Alabama. Allí pasa Mel sus veraneos con las hordas de vascos sureños y con seis valencianos enajenados y perdidos, afiebrados, inserenos y muy divertidos. Lo sé todo de los hermanos Parks porque yo soy su madre, aunque hay días que preferiría ser un paragüero de cinc o una nubecilla en lo alto de un otero de las Galias. Estoy harta de tanto negro y de tanto autobús xenófobo, racista y muy poco añil.
8.11.09
76. Puñales, puñales, puñales
Marta, mejora tu prosodia, y tú, Estébanez, vamos a ver si progresamos con más brío en el lacerado de momios. Atunes no es lo que aquí nos falta; si acaso carecemos de algo es de escaras de escualos pardos y de vihuelas sardas, pero atunes, para dar y regalar. A mí el monje me engañó una vez, quizás dos, pero no más, que uno es tan tuno como el vocero de la almadraba, aunque más ambicioso y severo con la liturgia y su canon. Por eso las señoras del pueblo y las que vienen por San Benito me turdan y me malevan lo que pueden y yo me dejo. Sandio, el talabartero, pues va de corrala en corrala diciendo que yo aspiro al cargo de sebonero. En mi vida, jamás he comerciado ni con recebo ni con alcuces de tondo. Eso fue lo único que mi padre me enseñó en vida, a que nunca mezclara los negocios de ralea con los otros. Por favor, Martita, pon algo más de empeño, tu prosodia es anómala y disonante cuando te distraes. Así me gusta, Estébanez, mucho mejor, así deben quedar de acompasados los momios, muy bien. Las notas del Turquestán son bienes mostrencos y tralarí, tralará. Los grajos de Mallarit tienen el pico curvo y tralará, tralarí. Burla burlando parece que el tiempo de las rémoras ha llegado a su fin. Recoge los instrumentos, Estébanez y tú los utensilios, Marta, así.
6.11.09
75. La república occisa
Ahora sí que ya no hay vuelta de ojo. Empiezo a cortar el costrón de pan pensando en los breves enjuagues con el colutorio azulino del Dr. Samolledo y ya no puedo seguir con mi labor. Me hallo ausente, desauspiciado, enfermo mediano y tonto ruidoso. El cuchillo y su hoja urinosa me pesa a pesar de llevar muy bien remendadas mis manoletinas de yeso. El costrón de pan se resiste como la avaricia del hebreo Daghamon, el siríaco traidor y almizclero, que roba los productos de limpieza del cuarto de las escobas de la comunidad. A mí el pan me gusta lo justo para aborrecer los flanes de fuchina. Me enverdece lo dulce y amarilleo con el bacalao, pero lo siento mío, siempre he sentido ese pescado muy mío, como si mi sacrosanta cofradía de chambelanes así me lo hubiera impuesto antes de entrar en la cafetería. Hoy no me viene bien, pero mañana no sé si tampoco. Es cosa del neurocirujano, no es asunto en el que yo intervenga para nada. Hay un tremendo olor a bencina. Algo escandaloso aunque suave. Te quiero.
26.10.09
74. Los payasos de la tele
La dicotomía noema/noesis llevó a Edmund Husserl, astrólogo iraní de reconocida fama, a un suicidio precoz y pequeñito, como las brujas enanas de La Toja. Estas enanas brujas suicidas se apiñan en espeluncas tenebrosas y gritan de manera no desaforada, pero sí ostentosa e irritante. A los niños del balneario se les advierte de estos extraños sucesos cuando llegan, pero aun así vomitan de espanto en las noches de gallega galerna al oír el estremecedor sonido que emiten las diminutas brujas tojeñas en sus rituales suicidas. Edmund Husserl pasó en La Toja once días en 1964, pero no fue para tomar las aguas, nada de eso, fue para saludar al cura de la ermita de San Caralampio, y para emborracharse con él con un orujo que maceraba el eclesiástico en sus propias ingles, proceso éste que le daba al aguardiente un cierto saborcillo a queso de tetilla pasadito. El estruendo de las enanas no llegaba hasta la ermita, gracias a Dios. Allí tan sólo se oía el croar melodioso de las ranas gigantes de las charcas del lindante y lindo campo de golf del Gran Hotel de La Toja, establecimiento hostelero muy apreciado por todas las familias reales de Europa y por casi todos los tiranos uruguayos. A los norteamericanos les da grima ir a los balnearios europeos, creen que se les meterá por el culo alguna larva portadora de la peste negra o algunos pelos de pinceles de pintores prerrafaelitas. Bueno, de cualquier forma, si van a La Toja no dejen de probar las filloas de lamprea, muy buenas para conservar la fe en la existencia de Dios y para imprimir en nuestros corazones la esperanza en una vida dichosa después de la muerte, siempre que nuestras obras hayan sido buenas, claro está.
15.10.09
73. Tarsicio es un buen testigo
Simone de Beauvoir, como es de todos conocido, no obtuvo su primer orgasmo hasta los 39 años, orgasmo provocado por su unión carnal con el escritor estadounidense Nelson Algren. Para el americano fue el orgasmo nº 13.962 y no precisamente uno de los más memorables. Conoció a la francesa durante un torneo de bádminton en Surrey, en el que Nelson obtuvo un honroso undécimo puesto en la clasificación. Simone, abandonando a su marido, Jean-Paul Sartre, frente a una nutritiva bandeja de canapés de ruibarbo con rábanos dulces de Madrás, se dirigió al escritor americano y le propuso la coyunda de manera directa y gesticulante, ya que no sabía hablar inglés. Él, sorprendido, dijo sí varias veces, y ambos se dirigieron disimuladamente a las caballerizas. Allí se amaron durante dieciséis minutos y cuarenta y cinco segundos, tiempo más que suficiente para un coito en territorio británico. El bádminton necesita mucha resistencia aeróbica. Los cristaleros de Bristol manejan unas raquetas especiales llamadas nuffies que, manteniendo la forma clásica de la raqueta de bádminton, poseen una especie de trencillas acabadas en diminutas campanillas y dispuestas en el cabo del mango que, durante el desarrollo del juego, dejan en el aire un lírico y algo disonante concertino que recuerda el crepitar de las alas de libélula en lo más profundo de nuestros sueños.
13.10.09
72. El suicidio de las consonantes
El conde de Palma de Santinelli (1616-1631) vivió pocos años, apenas quince, tres lustros de los cuales dos los pasó encamado debido a una erupción cutánea muy virulenta e invalidante. Este mal dérmico le hacía experimentar un prurito generalizado tan atroz que gritaba de una manera demoniaca noche y día, lo que provocó que una lavandera del castillo, llamada Coralina Batastiatto, se fuera a trabajar más al norte, hacia la parte lindante con los Lagos. Luego, al poco tiempo Coralina se casó con Ruscolo Taninno, traimador de narguillas muy estimado en la comarca, y tuvieron seis hijos, todos sanos y vivos, cuatro hembras y dos varones. Cuando a Ruscolo le daba por beber, pegaba soberanas palizas a su familia, y su familia le pegaba después a él, en una proporción de 7 a 1, lo que hizo que el traimador Taninno dejara la bebida con cierta prontitud. Cuando el conde falleció, la dermatitis dejó de picarle. Uvaldo Ceferinni, botánico y asaltador de tumbas, profanó la del conde a los dos años de su óbito, llevándose los huesos a su laboratorio y haciendo con ellos, tras su pulverización, los famosos polvos del conde de Palma de Santinelli, que tan beneficiosos han sido desde entonces para mitigar el picor que producen las lesiones provocadas por las astutas y peligrosas narguillas en la zona de los Lagos.
9.10.09
71. Panteones de España
No sé si en alguna ocasión he hablado de la flor de arsénico o del agua mercurial, si así ha ocurrido les pido disculpas. Soy químico y farmacéutico por la Universidad de Salerno, el mismo centro de enseñanza donde se doctoró la primera ginecóloga de la historia, Trótula de Salerno, en el año 1050 aproximadamente. Y del alumbre nitroso o de la sal de Júpiter, ¿he hablado? Si así fuere les pido nuevamente disculpas. Soy médico y botánico por la Universidad de Palermo, centro de enseñanza donde cursó sus estudios de humanidades en el año 1392 el primer extraterrestre del que se tiene constancia verdadera, de nombre muy difícil. De lo que sí estoy seguro de haberles a ustedes hablado, selecto ramillete de mentes piadosas y eruditas, es de la serie de aspavientos enfermizos que desplegaba mi tío favorito, el tito Testes, cuando era presa de sus ataque de clorosis. Mi tito Testes era oriundo de Cangas de Onís, aunque toda su vida vivió en el norte del Camerún con mi tita Garuña, oriunda del norte del Camerún y donde vivió todo el tiempo mientras estuvo viva. Al morir (mi tita Garuña) marchó (sí, mi tita, la muerta) a Cangas con sus primos (mi tita era del Camerún, pero tenía primos asturianos, ¿qué pasa?), también muertos, pero no les fueron bien los negocios (a mi tita y a sus primos), y ella (mi tita) volvió de nuevo a los tablaos, de donde nunca tuvo que haber salido.
6.10.09
70. Ellos deben ser gigantes o así
Princesa notó algo parecido a las cosquillas (pudieran ser comezones o pequeños tumbos vibrátiles) en las zonas posteriores de las rodillas, también denominadas corvas en ciertos lugares de la provincia de Madrid (como por ejemplo los alrededores de Robledo de Chavela), y entonces supo que se hallaba probablemente enamorada (o ciertamente encendida de una pasión benéfica y tierna), pero a la vez pudiera ser que la combinación de licores ingerida (Licor 42 o 43, no recuerda, con Red Cul o Bull, no recuerda) fuera la causa originaria de esa extraña sensación en sus miembro inferiores (piernas en su denominación habitual y mayoritaria en toda la Sierra Oeste madrileña, a excepción de Robledo de Chavela, donde se las denomina de otra manera que ahora no recuerdo, se me escapa de la memoria, lo siento). Princesa, pues, tras la fiesta o tras el tiempo de asueto merecido (ya que no todo va a ser trabajar, ellas es enfermera y camionera de bajura) se encuentra probablemente enamorada o ebria, o enamorada y ebria, que todo puede ser. Se halla, de cualquier modo, moderadamente feliz, pero no ve a hombre alguno que le haya provocado el sentimiento amoroso; lo único que ve a su lado izquierdo es un cebú hermoso y orlado con confeti en sus cuernas asimétricas. Él (el cebú) la invita a conocer Laponia, ella acepta. Nadie nunca más los ha vuelto a ver, jamás.
2.10.09
69. Talking about sex
El espliego ensoñador se desliza por los senderos oscuros y oblicuos de la colina. Alejadas, las casas somnolientas se desvanecen en la incierta aurora dorada, casi de oropel. La tibieza del aire se adueña de la campiña entera como señora y reina de feudos verdes, amarillos y olorosos. La estación estalla de tomillo, lavanda y mejorana, la alondra surge y resurge de la fronda, una nube atolondrada vaga solitaria e inexperta en un cielo que se aleja raudo de la palidez hacia un vórtice de azules presagiados. Todo ocurre en un suspiro, en un instante de intenso movimiento, de eléctrica vibración. Un alhelí cede bajo el aliento de la libélula, la genista difumina en un ínfimo piélago polinizado su pequeña alma amarilla. Todo se confunde en el orden selecto y natural, en la vida de las cosas, en el tenue concilio vegetal, animal y mineral. Me gusta imaginar que lo que siento fluye hacia abajo y hacia arriba, y que el óleo del pintor ha creado veladuras y matices exclusivos en mi representación, tan exclusivos como los que utiliza para el velo de la doncella, para la brizna de hierba que el viento dispersa por los campos, para el rayo de sol que penetra en la cabaña pequeña, allá en el bosque tierno y frondoso de abedules.
1.10.09
68. Vivencias del Preste Juan
Suena el órgano y la mandolina acosada. Se oyen los nenúfares secos crepitar bajo las botas militares. Las madres de Pontevedra son las portadoras de enfermedades lacustres que no requieren cuidados especiales para su curación definitiva. Pero se siguen oyendo los órganos acosados y la mandolina crujir bajo las botas manufacturadas con nenúfares muy secos. La música gallega nace de la sangre de la lamprea en Holanda y vierte sus sones por el Camino de Santiago el Grande, el Inconcluso. Así son las cosas, Agustín; así son te pongas como te pongas y te pongas lo que te pongas: ponte la mantilla ocre de la Santa y lo verás; ponte la casulla y la boina talar y no lo verás. Agustín, oh Agustín querido, supón por un instante que te ladran las reatas de teckers del Baronet, ¿qué harías y hacia dónde huirías, imbécil? La ley no es para ti lo que para mí sí es. En fin, voy a poner la mesa que hoy tengo invitados: los Freeman y las hermanas Tanner. Les voy a sorprender, pues voy a matar a una de las Tanner poco a poco, creo que nos divertiremos, Agustín. A los postres estaremos tan borrachos como los goliardos zamoranos de entreguerras, pero ¿qué te voy a contar que tú no sepas, Adrián?
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