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FUMPAMNUSSES!

¿Qué es Fumpamnusses!?... Fumpamnusses! es todo y es la primera vez. Siempre hay una primera vez. Escribo pues, por primera vez, en algo que tiene que ver con el exabrupto digestivo de un sapo ("Blog") sin saber siquiera lo qué es (me refiero al Blog, aunque en el fondo tampoco sé muy bien lo que es un sapo.) Mi declaración de intenciones espero que sí quede clara: me limitaré a realizar las veces que crea oportuno un ejercicio brusco, continuado y compulsivo de literatura automática, de exorcismo necesario y suficiente de los restos de energía negativa o positiva, qué sé yo, o de encauzamiento de ideas, frases o palabras que mi mente quiera en ese preciso momento que queden reflejadas en este nuevo e inefable invento. Invito, pues, a este ejercicio a todos los interesados en el arte de la improvisación mecánica, maquinal, indecorosa y pueril. No esperen grandes ideas, no espero grandes ideas, sólo el placer de ver concatenadas ciertas imágenes que surgen improvisadamente y en plena libertad, quizás en extrema libertad, esperanzado en que no me suceda algo tan lamentable como aquello que le ocurrió a aquel pequeño electrodoméstico que, de tan libre y tan enamorado como estaba de Sir Douglas H. Silverstone, declaró la independencia de todas las anguilas del mundo y de ciertos huevos de Pascua de los alrededores de Castel Gandolfo.



29.6.10

156. La realidad catalana


          Sepamos lo que sepamos de la rosa nunca conoceremos lo que piensa y sufre en primavera. Particularmente me importa una higa lo que piensa y sufre una rosa en primavera; una rosa o un melón, claro está. Es más, estoy convencido de que las rosas (o los melones) no experimentan exactamente lo que nosotros denominamos "pensamientos". Aunque adoro la poesía, abomino de los poetas. He asesinado muy poco, apenas nada durante los años que llevo de vida (cincuenta y tres), pero mis víctimas han sido siempre poetas. Hay cosas que deberían de existir sin causa ni origen, ser eternas, quedar al margen de las ciencias inquisitivas que investigan su génesis, y la poesía sería una de estas cosas. Me gusta la idea de una rosa pensante (o de un melón pensante), me la suda el pensamiento en sí. Y aborrezco al miserable que lo plasma en un papiro. El arte en general debería carecer de progenitores. Picasso era un cubo de basura ideológica; Dante, el único cursi de la Baja Edad Media; Lorca, un modelo para anuncios de brillantina; Byron, un cojo bribón; Cervantes, un técnico en bestsellers amanerado; Botero, un tontolculo con glaucomas; Mozart, un niño moña mortecino...

          Hiérome la palma de la mano con el tallo de la rosa.

          Su puta madre.

28.6.10

155. Hasta aquí hemos llegado, María Pilar


          A todo el mundo hoy le ha dado por hablar del liberalismo económico (ya saben: Malthus, Adam Smith, Stuart Mills...). Quizá se deba a que los almendros han florecido o a que los leguleyos castellanos abandonan sus despachos y covachuelas para unir sus destinos a los de La Mesta. Todos hablan hoy de si intervencionismo sí o intervencionismo no, si hay que poner velas al proteccionismo o sumirlo en el albañal del olvido. Yo creo que todo esto se debe al cambio cismático o al calentamiento tribal en el que nos sumen la clase política y sus denostadas biografías. En economía domino varias materias. Soy autor de numerosas recensiones en las mejores revistas profesionales. Tengo columna propia diaria en The Economist y en el Episcopalian Commercial Journal, y he escrito numerosos libros de cuentos infantiles para los hijos de profesores de economía comparada de las principales universidades norteamericanas y canadienses. Soy comisionado de la U.N.E.S.C.O. para las actividades de proselitismo financiero en el Cono Sur, y me ha sido concedida la Medalla del Congreso Norteamericano con distintivo azul por mis servicios desinteresados en la consecución de la supresión de anomalías en los nuevos recortes presupuestarios para las escuelas de niños deficientes afroamericanos de Chicago. Mi nombre es David Ricardo y nací en el condado de Forgainsex, cerca de Bristol.

23.6.10

154. Óperas inacabadas


          Los nombres intercambiables de las flores, de la mayoría de los animales y de los astros. París bien valía haberse llamado Persépolis. Los nombres de los santos. El nombre de los vientos, sus dioses y los templos que los acogen. Nunca el rosario en las manos de mi madre, siempre los granos de luz en el cendal de la bruja joven y seductora. Los nombres, siempre ellos. La madeja (pétalo de Samoa) se devana entre vergas de bambú ("bambú" sí es "bambú", como "sangre" también lo es). Dios nombra como abomina. Somos y tenemos que ser algo, porque alguien escondido en la vorágine de lodo así lo dispuso. Pero el árbol es el horizonte y la niebla acude con presteza a otros nombres no por conocidos menos verdaderos (cadalso, pez, luna...). Gramáticos no faltan en este vergel de letras, si acaso sobran a millares. Nos faltan dioses con gramáticas verdaderas que sólo crean en el sustantivo, que no quieran ser verbo y que desprecien los adjetivos en general y "turbulento" en particular. Iletrados que somos y seremos, pero que acaso no fuimos. El nombre de nuestros pueblos, el nombre de nuestras metas (palabra del diablo, mejor "desfile"). En el infierno, todo bien denominado, dispuesto con corrección, sólo se observa lo nombrable. Súcubos e íncubos, perfectos en su esencia y discretísimos sabedores de todo.

21.6.10

153. Ensayos testiculares


          En la esquina oriental de la plaza se veía el almacén de sextantes de Mr. Pitt. Lleno de sextantes el escaparate y los estantes de la tienda-almacén. Lleno de sextantes el sótano y los altillos de la tienda-almacén. Los sextantes de Mr. Pitt se podría decir, sin faltar a la elegante y aconsejable virtud de la verdad, eran los mejores de la ciudad, e incluso los mejores de todo el condado de Cork. Él mismo los fabricaba utilizando materias primas de primer orden: cedros del Líbano, cobre de Priego, vidrio esloveno, cachemira de mongolia y cuernas de cebú de aquí, del autóctono. Empezó utilizando cebú criollo pero las mediciones de los sextantes demediaban algún gradito de latitud. Su mujer, la primera, de soltera Uganda Kincade (su padre fue el descubridor del río Nbuzúu, afluente del Zambeze, de ahí el nombre de la niña), su primera mujer, decía, fue la que le advirtió de la desviación de los aparatitos y la que le sugirió que utilizara el cebú irlandés, el de toda la vida. Había días de otoño que Mr. Pitt vendía medio millón de sextantes, y eso que no abría por las tardes ni tampoco los fines de semana, tiempo que empleaba en hacer manualmente los aparatos (los sextantes, claro; a estas alturas del relato ya deberían saberlo) y en dar goce carnal a Uganda al principio, y posteriormente a Priscilla, su segunda esposa, de soltera Priscilla Vaughan, hija de Sir Peter Vaughan, archidiácono de Blumbest y lector junior en el Trinity College de Dublín.

18.6.10

152. Bestiario 01


          ZOLIC: Es el estercolero de los Nhutos, pueblo de raigambre selvática y señores de los pantanos. Su aspecto es el de un asno antropomórfico con duras escamas y ojos protuberantes. La ferocidad que lo caracteriza es emblemática pero falsa. Por tanto su victimario es inexistente, lo que no le impide hacerse fuerte en su fama literaria y acordarse con otros homúnculos ciertamente crueles y lesivos, como los Triscos y los Siringos. Su maldad, como veremos es impuesta por las circunstancias, no por imperativo categórico. Recoge el estiércol de las aldeas próximas a los pantanos y zonas lacustres limítrofes y lo deposita bajo los fresnos sagrados del bosque, donde los Nhutos lo devoran al amanecer. Se aloja en el hueco de árboles calcinados y su salmodia flemosa y gorjeante acompaña su sueño inquieto. Cohabita rara vez con ejemplares de su especie, haciéndolo a menudo con aves carroñeras a las que primero decapita y después de la coyunda ingiere. Se cubre en invierno con las plumas de dichas aves y en verano se sumerge en el cieno bituminoso que lo protege del magma de insectos que le rodea. Los Nhutos pagan sus servicios ofreciéndole una doncella en la estación de las anémonas. Zolic se empluma para la ocasión. La doncella fallece antes de llegar a la morada de Zolic, lo que excita sobradamente al estercolero y le hace cometer actos de tal sevicia y venalidad que su descripción rebasa el carácter moral y didáctico de esta obra.

15.6.10

151. Incertidumbre en el Elíseo


          Tengo una pulga deletérea en el centro de mi pecho. Es de una vesania etíope y su crueldad para conmigo es inaudita. Su misma inconsistencia, su tamaño grotesco la hace más diabólica en sus efectos. Su mal es desolador por cuanto nace de algo cercano a la nada. No consigo ahuyentarla, cada día se enraíza con una fuerza mayor en lo más profundo de mis vísceras, y allí sé que se regodea en su insidia infinita. Pensamos que el mal es una masa negra, informe, aterradora en su tamaño oceánico, pero lejos de ello el mal es la punta del más agudo alfiler, la mota de polvo suspendida en el mínimo rayo lunar, es casi la invisibilidad de la más ligera de las sombras. En mi caso es este insecto ínfimo y saltarín que bloquea todo brote de bondad o luz en mi corazón, que cercena nada más nacer cualquier instante de felicidad, que no me deja un ápice de libertad para un pensamiento libre y generoso. Quiero desgarrarme entero con mis propias manos, y lo haría si tuviera la certeza de encontrarlo, aunque fuera entre las telas de mi corazón, que enferma con su presencia día a día, minuto a minuto, lágrima a lágrima. ¿Quién puso a la pulga en mi interior y con qué fin? ¿A qué dios agrada la condición que padezco? ¿Por qué sospecho que la muerte no solucionará nada?

150. All tomorrow's parties


          Jamás me pude enterar por qué me llamo Macedonio. Preguntados mis padres por tal ocurrencia no supieron darme una respuesta. Ellos tampoco recordaban qué circunstancias especiales (porque tuvieron que ser especiales o mínimamente singulares) condujeron a mi inscripción en el Registro Civil con ese nombre. Ningún Macedonio constaba en ninguna de las ramas ya fueran cercanas o remotas de mi árbol genealógico. Mi nacimiento no coincidía con la festividad de san Macedonio Magnus (31 de abril). No teníamos antepasados helenos, y las tendencias religiosas familiares distaban mucho de las profesadas por el patriarca de Constantinopla Makedonios (342-370), practicante de un arrianismo radical y fundador de la secta de los neumatómacos. Tampoco nos gustan a los miembros de mi familia la mezcolanza de trocitos de fruta almibarada. Tan sólo conozco a un Macedonio, de apellido Fernández, escritor uruguayo o argentino, no recuerdo en este momento. Detesto mi nombre. Me gustaría haberme llamado César o Gaetano o Blasillo o Lisípides o Francesc o Malcom o Curzio o Arístides, pero nunca Macedonio, nunca.

6.6.10

149. París era una siesta


          En febrero de 1957 nació Mario Riquelme. Aquel invierno de heladas litúrgicas también nació Tomasito Posadas que, aunque sólo vivió once minutos, dejó una ingente cantidad de nada para repartir entre nadie. Mientras Mario nacía, moría Elia Cercedilla, la abuela de la Albufera, que a sus ciento ocho años bordaba todavía motivos valencianos en las trencas de sus bisnietos. Las personas, ya sean de orden o despojos sociales, nacen y mueren casi todos los días. No recordamos nuestro nacimiento, nadie lo recuerda, por lo que cabe la posibilidad de que sea camelo, de que a algún organismo internacional, ya sea de corte ecuménico o genocida, de carácter filántropo o totalitario, le interese que todos pensemos, sin posibilidad de alternativa, que hemos nacido, que hemos sido concebidos, y que nuestra madre se llama Rafaela, como es mi caso. Pero seguridad en ello no hay. Tampoco está claro eso de que todos morimos, nada sabemos de la muerte, conocemos la de los demás, pero no conocemos detalles de la nuestra. Así que he optado por considerarme eterno. Me sale barato, me evita la sumisión inhóspita a la desagradable nostalgia y me anula la incertidumbre y el miedo al punto final. El presente, como todos sabemos (quizás sea lo único que realmente sabemos), es una mierda soberana, pero con mi nueva condición de ser eterno, disfruto el presente (disfruto la mierda) de una manera distinta, de una manera, por qué no decirlo, divina.

          Buenas tardes.

25.5.10

148. Dulces recuerdos de Veracruz


          Oigo el deleznable rebuzno, sonido atroz, miserable y de largo reverbero, que me persigue en casa, y en el trabajo, y en el protésico, y en la mancebía de la esquina. Tengo un burro metido en mi interior, entre las entretelas de mi corazón sereno y dadivoso, en lo más recóndito de mi alma saducea. Lo tengo explayado, disuelto, tengo al burro espolvoreado en los poros y recovecos de mi piel gitana. Nazco cada mañana con el insoportable olor a burro hambriento. Me cocea de dentro afuera como si quisiera escapar de donde yo no lo retengo. ¡Que se vaya el burro asqueroso de mí!, ¡Que proceda a la migración, a la transubstanciación, a la metempsicosis, pero que salga de mí! Me sé burro y siento al burro inmanente en mí. Yo, que sólo he creído en la filosofía pragmática; yo, que he amado hasta la ternura las ideas situacionistas; yo, que he amamantado en mi academia a los últimos restos de jóvenes rebeldes, a los últimos e irreductibles soldados del pensamiento posmoderno... Y aquí yazgo yo, en la sumisión al burro interior, sodomizado desde dentro por un asno belicoso y nocivo, que aturde las vísceras y las glándulas y los órganos que no le pertenecen y de los que se ha apoderado como un colono loco e insaciable.

          El burro se llama Platero, es peludo, pequeño y suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón.

          ¡Sus muertos!

21.5.10

147. Festival de cositas amenas


          El gen causante de la dilatación de nuestro iris se encuentra en el cromosoma 17 (también llamado cromosoma argentino o simplemente cromosoma Ernesto). Por eso, a los habitantes de Kiosmo, pequeño islote del archipiélago Imohn, al noroeste de la ciudad costera de Dafos, en el Adriático, por eso, decía, a los habitantes de este islote, provenientes en un 85% de una familia o tronco común con múltiples uniones endogámicas a lo largo de los siglos, por eso decía, a estos isleños endogámicos del mar adriático, todos ellos con el mismo apellido, Vassiliadis, a todos ellos, decía, les falta la capacidad de dilatar el iris de sus bellos ojos griegos. ¿Y por qué? Pues porque carecen del gen dilatador del iris que se encuentra en el cromosoma 17, ya saben, el argentino, el cromosoma Ernesto, ¿recuerdan? Pues bien, estos hombres y mujeres no dilatan sus iris en ninguna de las tres circunstancias clásicas o canónicas en que se dilata el iris en general: a) mirando amaneceres con el pensamiento puesto en  atardeceres casi olvidados; b) observando con detenimiento a tu propia mujer, es decir a cualquier mujer; o c) siendo sorprendidos por un relámpago otoñal mientras se practican buenas acciones sin ser conscientes de casi nada. Estos isleños son trabajadores haraganes, doctores en estulticia y personas de un serio carácter risueño y soñoliento. Amo su isla, pero solo porque está cerca de otra, casi pegada a ella, y que todos ustedes ya saben seguro a qué isla me estoy refiriendo.

19.5.10

146. ¿Qué hay detrás de la tos?


          Las tumbas de los poetas (si no han visto alguna no sigan leyendo) se destacan de las demás por cuatro características primordiales: 1) Tienden a lo octogonal (octogonalidad); 2) Les crecen, cercanas, flores pequeñas, como la Tricophilia; 3) Huelen a chalina, levita y a cabritilla rancia; y 4) Se oye alrededor el trino de pájaros inexistentes. Comprueben lo que digo el próximo domingo: lleven a su esposa o a su marido y a sus hijos a pasear por el cementerio de su ciudad y dirijan sus pasos hacia los restos mortales inhumados de los numerosos poetas que a buen seguro residieron en sus calles. Es natural que para acercarse al mundo de la poesía haya que ser un poco poeta. A veces alguien se cree dotado con el arte de Calíope o de Erato, pero no es un verdadero poeta. Para comprobarlo, sólo tiene que morir y solicitar a un deudo que acuda a su tumba. Si el amigo percibe una cierta rectangularidad de la losa, si atisba alrededor de la fosa tierra seca o arbustos desmedidos, si sólo percibe el aroma de la soledad y el viento, y si cruzan frente a ella vencejos desaforados y ríspidos, entonces debe humildemente hacer encallar el velero de la veleidad artística  de su amigo muerto y suspirar por el bien que hubiera sido, pero que desgraciadamente sólo fue una falsa esperanza.

17.5.10

145. Termodinámica básica para novilleros


          Me hallo muy impactado por el conocimiento al que he tenido hace poco acceso sobre el calendario de fiestas judías. El rabino Mashrack, el más viejo de todos los rabinos del Medio Oeste norteamericano, me hizo partícipe (algo inaudito para un gentil como yo) de los orígenes de las 33 fiestas de carácter sagrado que posee la religión judaica. A continuación expondré pormenorizadamente cada una de ellas: El día era tan lluvioso que me enteré demasiado tarde. "Pas-de-zephyr" es un complicadísimo paso de ballet del que dudo de su existencia real. También dudo de la existencia real del ave sudamericana "tinamú". Los neo-paganos que no querían a Akón III de Noruega, en vez de echarlo del país, lo tostaron en piedras volcánicas para dar ejemplo a los elfos y a los enanitos del bosque. Ombú, blenda y monacato son las palabras menos visitadas en el Diccionario Enciclopédico de la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford. Y tú, Candelita, deja de sorberte los mocos como una cualquiera. Parece mentira que te hayas educado en Suiza con las hijas de las cortesanas más decentes de Europa. El primo Leopoldo, que vendrá mañana, traerá deditos de San Gil, y pezoncillos de Santa Tania Nonata que tanto te gustan. Ayer, precisamente me enteré leyendo El Pionero, que hubo un gran aforista norteamericano que a la sazón fue un gran jugador de béisbol; tenía un nombre muy curioso: Yogi Berra, precisamente como la fiesta judía del 22 de enero que conmemora cuando las tropas de Ananías le practicaron la circuncisión, quieras que no, a más de 20.000 filisteos prisioneros.

15.5.10

144. Diálogo de sepias


          Esta mañana me he levantado muy temprano, y tras abonar el terruño con guindas en aguardiente, me he arrellanado en el sillón orejero y me he dispuesto a escuchar el Concierto para Doscientos Metrónomos de Ligeti. A mitad de la pieza me entró un ansia inesperada e inaplazable de conocer a una meretriz. Así que me dirigí con gran presteza al Palacio Arzobispal donde su titular, amigo desde la infancia allá en el Colegio de los Hermanos Carmelitanos de Éibar, me permitió el acceso a los Libros Negros Censitarios de Mujeres Perdidas. Lilian Morales, "la Cimarrona" fue la elegida al azar. Sus señas eran: Avda. Plutarco Elías, 29 (Club "La Chacharita") 84200 Agua Prieta, Sonora. México. Monseñor, en un gesto que le honra, puso a mi disposición su jet privado, y tras doce horas de vuelo he llegado a mi destino. La Chacharita todavía estará abierta, supongo. Tras acicalarme llego al local de alterne. Pregunto por ella a un enano zambo con sombrero tejano y me indica que se halla en la parte de atrás. Allí me dirijo con él. Me señala con su dedo ensortijado a una enana zamba con sombrero mejicano. Me presento y pone cara de enana zamba exasperada. Dice estar hasta sus partes de Ligeti. Odia la música clásica contemporánea en general y a Ligeti en particular. Docenas de visitantes de todos los países del mundo vienen a asediarla tras la audición de no sé qué vaina de música de metrónomos. Así que me ha mandado a chingar a mi madre.

12.5.10

143. Contoneos sindicales


          Me escuecen las uñas de vergüenza cuando la veo pasar por la vereda. Con su cántara de mimbre y su canasto de loza, tan risueña y grácil como un calamar de pozo, con su toquilla de graba y su mandilito de musgo fresco. Me muero de la vergüenza porque recuerdo cuando le agredí con mis palabras de burdo jornalero calabrés. Yo la requebré de amores y ella bajó su mirada de virgen sarda y corrió a la cueva de La Negrilla para restañar las heridas a su honor por mí infringidas. Ella es tan débil y frágil como una semilla de gladiolo azucarada, como el aceite que destilan las castañas en Basora. Allí la veo en el recodo del camino. Su trenza se bambolea como un incensario gallego aromando las zarzas de los campos, y sus caderas crean la música para el baile de la primavera. Y mi cara enrojece como la manzana de la bruja mala y me resbalan dos lagrimones sucios por los surcos de mi cara campesina, cara de vergüenza, cara de mineral antiguo. El cura me absuelve pero mi pensamiento quema y mis vellos se encrespan como crestas de gallo cuando la veo. Voy a comprarle un vestido para la romería, un vestido sencillo de piqué, en tonos lavanda, con mangas evasé, fruncidito al talle, escote a la caja y con un poquito de vuelo, algo a la vez elegante y muy ponible. Yo creo que le quedará bien.

10.5.10

142. Ritchie Montesinos conquista Nashville


          Pocos herejes en África tan oscuros como Sabelio. Nacido en libia a mediados del siglo III, se sabe que su madre era nubia, y de su padre sólo se conoce su afición por la leche de camella, de la que bebía grandes cantidades directamente de la ubre del animal; este hecho le hacía muy popular por los alrededores de la que hoy conocemos como Trípoli y que en aquella época se llamaba Oea. Sabelio creció feliz, aunque ligeramente avergonzado por la extraña conducta alimenticia de su padre. Pero su madre le llenó de amor y supo inculcarle los tres valores fundamentales que los nubios establecen prioritarios para alcanzar la perfección del cuerpo y del alma: a) Procura que los que te rodean no te amenacen con lanzas; b) Sé tú, en todo caso, el de la lanza; y c) No mezcles los dátiles con el adobo de ñu. Sabelio nunca olvidó los tres preceptos maternos, y marchó a Roma a ciscarse en el misterio de la Santísima Trinidad, algo que no gustó en las catacumbas, donde seguían reuniéndose por costumbre y tradición los cristianos hermanos en Cristo. Y el primero de los papas Calixtos, es decir, Calixto, le persiguió todo lo que pudo. Posteriores ciscadores Trinitarios le hicieron sombra. Hasta hubo algún heresiarca que preconizó que la Santísima Trinidad constaba de nueve elementos, tres elementos divinos, tres humanos y tres adimensionales. Pero en fin, Sabelio, excomulgado y pobre como una rata volvió a Oea. Allí se enteró de la muerte de su madre. A los pocos días y con un hambre insoportable encontró a su padre que gustoso le ofreció una de las ubres de la camella bajo la que se encontraba. Y Sabelio mamó, y ya para siempre, de las solícitas y plácidas camellas del desierto libio.

8.5.10

141. Érase una nuez


          Tengo delante un plato de lentejas. Todas están boca arriba o boca abajo, ninguna de lado. Si alguna lo estuviera conformaría alguna elipse, pero en mi plato no hay elipse alguna, sólo circunferencias planas de 2,5 mm de diámetro. Ya sé que las lentejas no son planas, son estructuras lenticulares, pero desde mi disposición de comensal, y ya que mi disertación no aborda problemas geométricos sino metafísicos, importa bien poco tal particular. Mis lentejas tienen un aspecto expectante, las que están boca arriba me miran. Deduzco por algo intangible en sus miradas que la causa de su estado expectante no lo constituye el hecho de que en breve van a ser ingeridas y digeridas, sino que su curiosidad esperanzada se halla en la perspectiva de que haga con ellas algo diferente. Y pronto deduzco que ellas saben que yo lo sé. Entonces se agitan un poco al comunicárselo unas a otras (las que están boca arriba a las que están boca abajo, y éstas a las que están en capas inferiores). Así que no me las comeré. He pensado que a cincuenta y cuatro de ellas les haré un trajecito regional correspondiente a las cincuenta y cuatro provincias españolas. A veinticuatro de las más perspicaces las enviaré al extranjero por valija diplomática. A treinta las inscribiré en la Escuela Andaluza de Idiomas para Legumbres, y al resto, unas doscientas, las mandaré a predicar a la zona del Juijui, en la amazonía venezolana.

          Espero que de segundo haya algo consistente. Sé que de postre hay natillas con galleta.

7.5.10

140. Frutería-Verdulería Arcimboldo


          Me acaban de traer a la morgue. He tenido un accidente mortal. Conducía el Hispano Suiza de tía Brígida y he chocado de frente con el carrito de helados de Tinín; creo que lo he matado. No importa mucho porque Tinín es tonto y como heladero minorista era un desastre. Siempre que le pedías un cucurucho de vainilla con bosta, o te lo ponía sólo de vainilla o sólo de bosta. La verdad es que Tinín iba por su sitio. Pero yo sí que iba mareado. Había quedado a comer con el Notario Vargas y con el procurador Estébanez, y tras las firmas nos pusimos hasta el culo de Calisay®. Dentro de un rato me va a hacer la autopsia Nicolasito Méndez, el hijo de Tato Méndez, el ferretero, que hay que ver que buen estudiante le salió el chico: forense a los treinta años. Los siento por tía Brígida. El Hispano Suiza ha quedado para la chatarra. Pero ya no podemos hacer nada. Por cierto que aquí hace un frío que pela. Tinín tiene que estar aquí al lado. Él está más acostumbrado al frío. Yo espero que la autopsia no duela. Lo peor de estas cosas son los trámites, creo yo. Tengo ganas ya de que pase todo y poder descansar en la tumba tranquilito, después de la ambulancia, del hospital, la morgue, el tanatorio, la Misa, qué coñazo.
          Ahora me está entrando sueño, un sueño raro.
          Espero que Tinín me perdone.

5.5.10

139. Ya tengo mi tricotosa


          Hay un humo espeso y gris que sólo lo producen los volcanes más vetustos y los alientos más dudosos. Lo expele el fragor del subsuelo y la boca amarga del hombre iluso. Son humos hermanos, pero de orígenes diversos y alejados. El humo goloso de la tierra no es el humo túrbido del hombre. La duda estalla en las lenguas de los mortales como pequeños krakatoas de ceniza iluminada, y deja un reguero de ominosa lava delicuescente que se petrifica en una nostalgia eterna de piedra pómez. Pero es el humo el que sube glorioso proclamando lo imposible de la vida, la atonía del amor, el fracaso de lo humano, la duda envolvente y opaca de las pasiones yertas y aburridas, la inanidad orgullosa del no ser en que ya estamos convertidos. El humo que revienta las costuras de la tierra es igual, apenas se distingue, pero la tierra expulsa sus tesoros de fuego, su exceso de vida interior, no como nosotros, que solo segregamos el asma humeante de nuestra angustia interrogada. Los volcanes nos invaden generosos y atroces, nos aniquilan con la verdad de su estruendosa totalidad. Sigamos, pues, con esta competencia leal y equilibrada, con esta etérea nube gris de preguntas sin respuestas hasta que el demiurgo encantador o el malévolo hechicero nos atraiga hacia un punto de fuga exacto como la misma muerte, como el eco de un volcán inflamado de deseo.

4.5.10

138. El pulgón de la patata



          Me llamo Antonio José Mondariz Ullate y soy el único ciudadano que conoce los ochenta y dos presidios de la nación. No es que ha haya cursado visita a los centros penitenciarios por mi profesión, ni que por vocación filantrópica pertenezca a alguna organización de ayuda al recluso. No, que va. Yo he estado preso en todas las cárceles por cometer delitos contra la propiedad de las personas, la dignidad de las instituciones, por estafa, por falsificación y por conductas obscenas. Como otros coleccionan dedales o cornucopias, yo colecciono estancias en presidio. Y a mis sesenta y cinco años ya puedo considerar acabada mi colección. Me he pasado treinta y nueve años en la trena. Sin embargo, lo más duro no han sido los días privados de libertad, la violenta rutina de la cárcel, la visión constante de la miseria humana, no, lo peor ha sido la comisión del delito justo en el lugar adecuado para que la condena fuera razonable en tiempo, y precisa geográficamente hablando. Me explico: si, por ejemplo quería ser encarcelado en el Centro Penitenciario de Pereiro, en Ourense, debía estudiar el partido judicial al que pertenecía, los juzgados que suministraban reclusos a dicho centro, las vacantes que había, etc. Por otro lado, el delito en sí debía ser constitutivo de una condena no muy abultada, lo suficiente para poder seguir con mi afición. Un par de veces, por un cálculo incorrecto visité dos veces la misma cárcel, y en otra ocasión robé unos brillantes pensando que eran bisutería, lo que me costó pasar siete años en el mismo sitio. Casi siempre busco abogados novatos y a veces les pago para que hagan mal su trabajo. No he podido casarme ni tener hijos, y mucha gente piensa que soy idiota.

2.5.10

137. Amores de baratillo


          Desiré Buendía de la Laña tiene veintitrés años y unas ganas enormes de que fallezca su íntima amiga Olguita Simancas Cañaseca, de veintidós. En realidad ambas se desean la muerte. En mi tienda de productos anecdóticos y suntuarios las atiendo personalmente. Vienen siempre juntas y destacan por su falta absoluta de pudor. Se desnudan nada más verme. Creo que les gusto. Siempre me traen un obsequio nada anecdótico ni suntuario, una postal antigua de la tumba de Erasmo de Rotterdam (en la catedral de Basilea), la biografía del único papa lisboeta, Juan XXI (de nombre Pedro Hispano) o unos guirlaches de Jávea. Yo a ellas ni las toco porque soy calvinista y sacristán personal del rey. Entre las dos se dejan más de cien soberanos cada vez que vienen. Me incitan a no sé qué salaces juegos, a los que siempre me niego con cierta displicencia no carente de unas gotas de desprecio. Ellas se enfadan y me hacen mohines, que no me agradan porque les dan un aspecto como de arpías metropolitanas o estantiguas de La Moraleja. Olguita quiere ver a Desiré bajo las ruedas de un todoterreno. Los clientes las miran asustados, como es natural, pero yo les digo que miren hacia otro lado, que no llamen a la policía, y les regalo un objeto suntuario a cada uno, o dos anecdóticos a elegir. Yo paso mucha vergüenza cada vez que vienen, pero con los cien soberanos me puedo permitir pagar a los sicarios que le dan las palizas a mi madre.

1.5.10

136. El arco, el violín y la flecha


          ¡Ay, Ponciano! Si ya te lo dije: no te juntes con orientales, pero tú, como el que oye llover. El que se une a indios, chinos o malayos es como el que escamotea orinales de loza en casa rica, que ni tuerce la brizna, ni tunde la banasta, pero tú tienes que escarmentar en cabeza propia, que no apropiada, con esos bucles afeminados que te has dejado, que parecen guedejas de israelita loco. ¿A qué vino el conciliábulo con ellos en casa, nada más y nada menos, que del turco Ahmed? ¿Es que estás tan impregnado de opio que ni el recuerdo de tu hermana te adecenta la conducta? Eres un tártaro sin honor y no conoces la inocencia de tu etnia en asuntos de diplomacia. Si no te saludo la próxima vez que nos veamos, no vayas a ofenderte, que yo sí profeso la honorable religión del arraigo. Ahora marcho hacia las tierras del norte, donde me esperan las hordas amigas. Cuando coma los gusanos de la tundra me acordaré de ti. Cuando malgaste mi tiempo y mi dinero con las mujerzuelas de Övrinka, me acordaré de tu improbable y desmesurada dicción desdentada de molicie alcohólica y de tu aliento mentolado de mentiras. Ya a tu vida, Ponciano, le queda poca cuerda para llegar al agua negra del fondo del pozo. Aligera tu morral de pecados y pensamientos saturnales y dispón lo que quede de tu alma desmañada en racimos de perdón inmaculado. Hazme caso, maldito P.

30.4.10

135. Por un Vaticano laico


          Mi nombre es Skotos, aunque en ciertos lugares soy conocido como Érebo, y soy un dios primordial, concretamente soy el dios de la oscuridad y las sombras. Parece ser que mi padre es Chronos y mi abuelo Caos. También parece ser que me casé con mi hermana y que tengo un hijo que se llama Éter. Será verdad. Al menos dicen que Hesíodo así lo ha escrito en sus Teogonías. A mí todo esto me trae al pairo. Rodeado de tinieblas, viviendo inmerso en un mar de pétreas brumas, acosado por agujeros negros de insondable invisibilidad y derramando niebla y oscuridad por doquier, ustedes podrán imaginarse la abulia contumaz en la que vivo, la solidez de la desidia en la que me hallo y el aburrimiento ontológico al que estoy sometido. No tengo amigos y aunque tengo esposa, no la veo, ni ella a mí. Mi hijo no viene a verme porque no me ve, y para colmo de males, tampoco puedo hacer ruido, ni hablar, ni gemir, ni gritar. Mi espanto me lo como a solas, en silencio y a oscuras. Todo el mundo me conoce, eso sí, pero no me implora nadie, ni me hace ningún acto votivo, ni tan siquiera me ha consagrado nadie una ermita y mucho menos un templo. Estoy muy enfadado con mi vida. Sé que voy a acabar mal. Algo he de hacer, porque es muy posible que me vuelva loco. Pónganse ustedes en mi lugar.

26.4.10

134. Sabores de Andalucía


          A través de los múltiples fragmentos de cristal en que quedó convertida Raab, la prostituta de Jericó, se podía observar, de forma difusa, fragmentada, casi caleidoscópica, los contornos de la ciudad sagrada, las dunas eternas que la rodeaban y los nidos de palmeras dispersos. A una legua de Jericó destellaban unos finos rayos de luz que podían divisarse desde las azoteas de las casas. Poco a poco se levantó una brisa que peinaba el desierto de este a oeste, rizando en torbellinos discretos los áridos contornos de la arenosa llanura sin fin. Los fragmentos cristalinos de Raab vibraban semihundidos con sus vértices al sol, implorantes, dramáticos, afilados como uñas de muerto. El pecado de la hetaira yacía por fin cubierto, enterrado por la tierra que la desahució y la desterró a vagar para siempre en torno a la casa de sus padres, en torno a la ciudad de los hombres. A todos ellos conoció y todos la conocieron, en todos dejó la huella triste y profunda del arañazo helado de sus brazos, el sopor de sus besos desérticos, el aguijonazo de escorpión de su soledad infinita. Las trompetas de los hombres dejaron los muros intactos. Tan sólo ella, a una legua de Jericó vio estallar su propio cuerpo, su propio corazón en mil fragmentos radiantes y clamorosos.

21.4.10

133. De regreso a La Alcarria


          Si recordáis las máquinas de Tinguely, recordaréis a las hermanas Follarat-Grifolls, afamadas coleccionistas de objetos artísticos modernos del Priorat. Vamos a ver si nos entendemos: no es que las hermanas coleccionistas coleccionaran objetos artísticos modernos realizados en o por artistas ubicados o nacidos en la región del Priorat, no. Las que eran nacidas en el Priorat eran las dos hermanas Follarat-Griffols. ¿Ha quedado claro? Bien, sigamos. De las veintiséis máquinas que realizó en vida el maestro Tinguely, las hermanas poseían veintidós. De las once que realizó tras su fallecimiento, las Follarat-Griffolls tenían nueve. A parte de las famosas máquinas de Tinguely, su más preciado tesoro, las hermanas adquirieron tres móviles de Calder, cuatro ready-made de Duchamp, doce latas de melva automáticas de Chris Davos-Kurtz, un sanpancracio articulado de Tao Naomita, dos instalaciones de minimalismo fluorescente de Dan Flavin, cuatro facistoles gigantes de metacrilato rosa de Deanna Baeza, cinco niñas saltando a la comba de Ron Mueck, y diverso material de arte bélico de Keith Forman. El arte moderno gusta mucho en el Priorat, más en Ulldemolins y Porrera que en Poboleda y Cabacés, donde son más conservadores para el arte. Las hermanas Follarat-Griffolls residen en Margalef de Montsant, en una casa solariega que heredaron de su padre, don Josep. Ambas son solteras, ancianas y adineradas.

20.4.10

132. La Europa de Erasmo


          Ahora que por fin gano dinero con la poesía... ¡Ah!, ¿pero ustedes no lo saben? Pensaba que sí conocían el dato, pero al observar sus rictus en posiciones singulares que, por lo general, denotan duda, y sus miradas suspicaces de brillo sarcástico e incrédulo, me doy cuenta de que andan ustedes en la inopia del hecho. Pues sí, gano una fortuna (a veces más) con mis gráciles letrillas, mis dulces poemas y mis ingeniosos opúsculos de epicedios y epitalamios. Ya sé que somos pocos los poetas con dinero, pero yo, gracias a Dios (y a Calíope y a Erato), que han colmado mi espíritu de arco iris florecientes de rimas, de cúmulos de asonancias y consonancias, de pléyades de metáforas inusitadas, tengo la alegría de contar con cofres y cofres a rebosar de billetes que me dan los..., que me dan los... ¿Quién me da la pasta? ¿De dónde viene el dinero? Perdonen ustedes un momento. A ver, Adrián, ¿tú sabes de dónde saco yo tanta pasta? ¿Qué no tienes ni puta idea? Pero, ¿es que tú no sabes que yo soy poeta, hostias? Te pregunto que a quién mandamos los poemas, porque me imagino que habrá algún editor que los publique y que la gente los comprará, digo yo, si no ¿de dónde carajo sacamos tanta plata? Adrián, ¿tú me estás escuchando? Por cierto, Adrián, ¿con qué rima "terebinto"?

16.4.10

131. La dulzura de las redes inalámbricas


          Describe Dante en su Comedia el rapto de Cunizza por el trovador Sordello. No recuerdo si esta aventura aparece en el apartado dedicado al infierno, al purgatorio o al cielo, porque yo no hago distingos entre estas tres ideas que me parecen las tres sinónimas de estulticia. Sí defiendo con pasión la estética visual del averno dantesco, muy por encima del conceptualismo aburrido del purgatorio y de la cursilada sublime del apartado celestial. Sordello era un mal poeta y Cunizza una mala hija. En Verona no era algo extraño el rapto de una doncella, ni tampoco era extraña la audacia de los trovadores en asuntos de amor cortesano. En Verona, ciudad infectada por un turismo menudo y corrosivo, hay que caminar con la cabeza alta, mirando los gallardetes de los pináculos de las torres balconadas. Verona es sus balcones, como Delft es sus ventanas. Sordello no era Romeo, qué más hubiera querido. Su pasión duró lo que duró su apresamiento y destierro. Cunizza tampoco era Julieta, aunque le fue mejor que a ella, se casó dos o tres veces y tuvo durante su larga vida dos o tres docenas de amantes. Yo sí soy Dante. Soy con más exactitud Edmundo de Sales Tamayo, su reencarnación número treinta y dos contando a partir del original. Si quieren ustedes conocerme, vivo en Santiago de Chile, en el barrio de La Chimba, al norte de la ciudad. Allí tengo una ferretería en el 17 de la Avenida Cardenal Caro, "Ferretería Alighieri", para lo que gusten.

15.4.10

130. Receta clásica del pastel de alforfón


          "Créame, don Práxedes, hoy a todos se nos ve el plumero. Por mucho que simulemos estar abstraídos en nuestras cuitas de partido, la base republicana crece, ya lo creo que crece. Nos han zurrado en La Habana lo que nos zurrarán en Manila, y hay más de cuatro que se frotan las manos, como si esto no fuera con ellos. Pobre gente. En el fondo serán ellos los que sufran las consecuencias, porque ni usted ni yo, don Práxedes estaremos aquí para verlo".

          "Qué razón lleva usted, don Marcelino. Me muero de ganas de ver a su hijastra Manolita. Cuando regrese del taller le regalaré estos caramelitos de malvavisco que me ofrecen los ancianos del asilo de San Genaro, allá en Brihuega. ¿Hace mucho que no va usted a Brihuega? Yo voy todas las semanas. Voy a por los caramelos. A mí, he de confesárselo, Don Marcelino, me dan mucho asco los caramelos de malvavisco, y me dan también mucho asco los ancianos del asilo. Los ancianos, para que no den asco, han de ser ricos. Los ancianos pobres es que son asquerosos, ¿no le parece? Llevo años yendo al asilo de Brihuega a por los malditos caramelos, y ni sé por qué me los dan, ni por qué me tomo la molestia de ir tan lejos, si soy diabético y aborrezco los dulces en general. ¡Allí viene Manolita! Voy a ponerme bien el cachirulo, y usted, don Práxedes, temple de una vez la cítara, por Dios".

14.4.10

129. Clarín y el satanismo ovetense


          Ojeando un catálogo ilustrado de máquinas célibes, topé con el Triásforo de Henning. Este mecanismo, ganador del primer premio en la Muestra Anual de Inventiva de Milán del año 1954, colocó a su creador, Elijah C. Henning en lo más alto del parnaso de la creación industrial moderna. Muy por encima del convertidor Bessemer o del destabulador Minkhoff, el triásforo de Henning laminaba los compuestos siderúrgicos, suprimiendo el paso de las tolvas y el del ventilado con compuestos fosforados, para llegar al paso final del drolling con una carga sumamente inferior de densidad metálica, pero con un enriquecimiento en materias elongables, que hacían del producto final algo inservible, pero muy bonito. Henning, nacido en el seno de una familia de tradición huérfana, se casó a los dieciocho años de soltería con Virginia Q., domadora de lechoncillos e inventora aficionada. A ella debemos el enfriador de torreznos y la rebanadora de fuelle único. La feliz pareja tuvo dos huérfanos, Sinople y Embuda, de adscripción tomista el primero y barbujana la segunda. Se da en decir que formaron una familia desestructurada, pero no es verdad. Los Henning eran singulares, sí, pero si cometían crímenes atroces de lesa humanidad, no era propiamente por desestructuración, sino porque eran muy malas personas, y huérfanos todos.

12.4.10

128. Medidas gubernamentales en sábado


          Me oigo por dentro. Vibran mis enseres viscerales en una sonatina tenue y malsonante, como de oboes desafinando por voluntad propia. A veces es como un tuisanchaut tocado con agonía de bombo. Yo es que me oigo por dentro, de verdad. A veces me dan calambres en la barriga y en las espaldas de atrás. Me tiemblan los nervios de manera grande y sonora, son bordones de contrabajo que se ponen a latir, y sus ondas emergen por los agujeros de mi cuerpo, que como todo el mundo sabe, son once. La piel chirría por dentro, mi piel, con un sonido de tiza sobre encerado seco. Y sobre todo los dedos de las manos, mis dedos, suenan como flautines de pan de molde, sin música, atonales, son flautillos de tisis pronta, pero leve; los dedos de los pies solfean como unos bichbois enfadados entre ellos; son muy californianos mis pies, al menos para todo lo que sea cante. Mi corazón, para molestar, es bastante silencioso, y sólo recita su salmodia de porompompero cuando voy al cardiólogo, los demás días ni se le oye andar por casa. Tengo un bazo de temperamento hindú que reza su mantra en sánscrito como puede, y un hígado gregoriano, y un páncreas que alitera los ritmos jamaicanos como nadie. Mis órganos sexuales, ya viejos, quieren lucirse en los cantes grandes, pero sólo llegan al flamenquito más pedestre. Yo me oigo por dentro, de verdad. Soy un hombre sonoro, pero por dentro, palabra. Ustedes seguro que no me oyen por dentro, pero yo sí que me oigo.

6.4.10

127. El problema tangencial de España


          "El denominador común de las estrategias comerciales de nuestro holding no difiere tanto del de nuestros competidores como ocurría en la etapa anterior. ¿Qué etapa anterior?, dirán ustedes, y yo les tendré que relatar una serie de memorándums cuya lectura y cuyo análisis ni ustedes ni yo estamos dispuestos a afrontar, porque un memorándum está para que su presencia actúe independientemente, de manera determinante, fulminante a veces, no está para su lectura y análisis, porque los memorándums están siempre vacíos de contenido. Esto, supongo, todos lo sabían o, al menos, lo sospechaban, ¿verdad? La existencia del trust que nos acoge en este Consejo de Administración y al que mimamos con nuestro denuedo y trabajo, nos hace responsables de su desarrollo y expansión, porque una acción contraria supondría una deslealtad para con nuestros accionistas y empleados. Es por ello que el próximo lunes todos los directores comerciales de zona se enuclearán en vivo y a vista de todos, el ojo izquierdo. El martes serán los product managers los que sacrificarán a sus primogénitos. El miércoles, a los directores generales se les cortará la lengua. El jueves se ejecutará a uno de cada dos vicepresidentes. Y el viernes, yo, como presidente de esta ejemplar empresa, apretaré el botoncito".

5.4.10

126. La enemistad entre suizos


          Poncio Brito Muñiz era ortopeda diplomado y quiromante aficionado. Su amigo, Sergio Braña Nava, no cursó estudios, pues a muy tierna edad perdió los brazos en un accidente de globo. Su amistad, basada sobre todo en el gusto de ambos por la cetrería y las artes nigromantes, se vio truncada al aparecer en escena la tucumana Flora de la Luz Salazar Vaquerizo, que enamoriscó a los dos amigos y los enfrentó en una guerra de pasión y celos. Y todo para nada, porque Flora de la Luz marchó pronto al norte con un picador gaditano, Manuel Terrón Morgado, y dejó a los dos anteriormente amigos cultivándose de por vida un odio profundo y enrarecido. El alcalde de Gamolledo, localidad del Bierzo donde vivían Poncio y Sergio, se llamaba Eusebio Hinojosa Hortigón y no había nacido en Gamolledo, sino en una aldea cercana, Turbiana, donde había una venta en la que hacían, según decía mucha gente de la región, el mejor botillo del Bierzo. Al notario Don Luis Rodríguez Limón le gustaba mucho el botillo y venía un domingo sí y otro no con su esposa, Doña Catalina Simancas Nunes, que era nacida en Benavente, provincia de Zamora. Y es que donde esté un buen botillo leonés que se quiten todas las paellas valencianas y todas las mariscadas gallegas, como digo yo.

31.3.10

125. Fidel odia la poesía


          Mientras los bueyes dirimían sus diferencias en los establos del Conde, el señor Stromborn cotejaba documentos en el gabinete de la Condesa. Eran las nueve del mediodía. Una luz cenital incidía en el cendal que cubría, a medias, el fanal donde la Condesa guardaba los utensilios de leer. El señor Stromborn, con el dedo corazón de su mano izquierda en un documento y con el anular de su mano derecha en otro documento, hacía como que cotejaba, pero no cotejaba, qué va. Pensaba en los bueyes que dirimían. Los Condes estaban de viaje por Nueva Caledonia, los criados habían marchado a sus lugares de origen, menos el viejo Hutchingson, que había quedado al cuidado de la masía. Stromborn se quitó las lentes y las puso sobre el desvencijado aguamanil de hojalata, se desvistió y orinó un poco de orina. Luego se puso de nuevo las lentes y se dirigió a los establos. Desnudo como estaba dirimió, aun así, un ratito con los bueyes, hasta que una baja temperatura se le introdujo en el cuerpo y una cosa llevó a la otra, y luego a otra, hasta que murió entre varios estertores. Los Condes, cuando llegaron de Nueva Caledonia dispusieron los sonajeros que trajeron de recuerdo en forma de hipogrifo sobre un mantelito de batista blanco y luego hicieron el amor al son que elaboraban con sus murmullos los bueyes dirimidores.

30.3.10

124. Mediterranean blues


          La Ilíada consta de 15.690 hexámetros. Yo los he contado y es verdad. Se lo dije al humanista y alcalde de Orán, un pasmarote sin visos de remedio, y no conocía ese dato. Sabía, eso sí, que La Ilíada no era una tragedia de esas que Eurípides escribía de vez en cuando. Los humanistas, que de todo conocían y de todo manejaban, eran proclives. Cualquier humanista, ya fuera Luis Vives, Edmundo D'Ory o Fausto Gambhi eran proclives. Es la tendencia que otorga la sabiduría órbica, la pansabiduría. Ellos abarcaban tanto que se proclivaban. Algunos de una manera peligrosa, como el abad del monasterio de San Apuccio, que eran tan proclive, que el día que él menos se pensó llegó a tocar fondo en esto del mundo de la proclividad. Tan aclamado como dicterizado fue el bueno del abad por sus asuntos de proclivación magna. Tras su éxtasis proclivatorio el abad ya nunca volvió al cenobio y acogióse a la confesión que le era más ajena, el confucianismo reformado del eunuco de Taiwan, Jio-Nao. El hexámetro 10.005 de la Ilíada, todo hay que decirlo, aquel que da comienzo a la narración de la agonía de Fratinio, hijo de Epamónides, está mal escrito, muy mal redactado, peor traducido y huele pésimamente. Los demás hexámetros están todos bien, son correctos, pero ése no, ése es una mierda.

24.3.10

123. Al son de la guzla


          Las cárceles se dividen en tres tipos (hay un cuarto tipo, pero tan sólo quedaba un ejemplo, la Cárcel para Mujeres Famosas de Robledo de Chavela, que fue hace poco derruida por presentar aluminosis cuatro de las seis vigas maestras de la capilla). Decíamos que existen canónicamente tres tipos diferentes de cárceles (en ciertos codicilos adjuntos a la obra de Bruno Scaracello, De carcellarum, se hablaba, quizá de manera hiperbólica, de un incierto modelo de presidio que no se supo, ni aún hoy se sabe a ciencia cierta, ni de su existencia ni de su utilidad ni de su localización exacta; parece ser que en dicho presidio el visiglio de la coráspide que reambula la girolona no llegaba hasta el bucle miniado, sino que seguía y seguía hasta el extenuatorio, que se hallaba notablemente más bajo que en las cárceles posteriores, pero como ya he expuesto, esto es algo sumamente hipotético, dada la ausencia de estudios de campo competentes). Por tanto, como íbamos refiriendo, los tres tipos de cárceles (que llamaremos A, B y C, siendo la A la que se generalizó en un principio, la B la que se impuso después, y la C la que toma su vigencia en la actualidad, pudiendo haber ejemplos de los tres tipos al mismo tiempo y en el mismo lugar, es decir, por ejemplo, en Oporto (Portugal) pudiera haber, no digo yo que las haya, una cárcel de tipo A, dos del tipo B y ciento catorce del tipo C), por tanto, los tres tipos de cárceles, decíamos, son los siguientes:

22.3.10

122. La gran estafa de las anchoas


          "...y el bardo bosnio o serbocroata se fue para no volver". Así acaba el cuento que no sé ni sabré. Entre las cosas que no sé, se halla este cuento que así acaba, por lo que podría decirse que en parte sí lo sé, pero también podría decirse que algo sabido sólo en parte no se sabe en realidad, es como si los ejes de tracción de un transporte oruga (caterpillar) se deslizaran por avenidas de tilos y sicomoros. Pero sí me sé un cuento que no diré ni digo. No sé si lo dije. Con los rulos puestos es que no estoy para nada ni para nadie. Me descompone el humor y el carácter la tirantez a que someto mi negro y gitano moño. Soy vicetiple del Salón Marquina de la calle Belvedere y me va muy mal. Canto mal y no tengo caudales para cambiar mi fondo de armario. Canto cada día peor. En mi profesión cantar mal es a veces bueno, pero no sé cuándo ni cómo acertar con mis tristes desafines. Tengo sólo once horquillas para mi moño. No me fían en las mercerías de esta ciudad ni en las de ninguna otra. Voy a hacerme guerrera o mercenaria para asaltar mercerías de todos los continentes conocidos. Mi novia, pues soy lesbiana de las buenas, se llama Hortensia como mi padre, y es buena conmigo, pero pobre como rata de bidón y fea como viuda tártara. El arroz lo hace sonriendo y enseñándome sus mellas. Yo la quiero y ella me quiere, pero no somos felices.

17.3.10

121. El secreto de Tara Lynn


          A los primeros poetas griegos, que acompañaban sus recitaciones al son de la cítara, se los conocía con el nombre de "aedos". Uno de aquellos aedos, nacido en Patrai y llamado Ixiómenes, componía unos hexámetros delicados y vaporosos que dedicaba a la diosa Polinnea, hija de Letia y Sínibo. La diosa, cuenta el mito, se enamoró de Ixiómenes y cohabitó con él en el templo que la diosa tenía consagrado en la isla de Gyo. El apasionado poeta, demudado de amor y arrebato erótico, compuso sus mejores dáctilos y espondeos, que dedicó a su divina amada. Pero la madre de Polinnea, Letia, igualmente se enamoró de Ixiómenes, y cohabitó con él en el templo que Letia tenía consagrado en la isla de Ulna. El poeta, desquiciado de furor amatorio, siguió componiendo versos universales que suspendían el espíritu y erizaban la piel de los que le escuchaban. Ocurrió entonces que el mismísimo Sínibo, padre de Polinnea y esposo de Letia, al escuchar tan hermosas composiciones poéticas, quedó prendado del joven y sensible aedo, al que tomó bajo su tutela y con el que cohabitó muchas veces en el templo que Sínibo tenía consagrado en la isla de Taxos. El poeta, en esta última isla fue perdiendo poco a poco la inspiración, se volvió indolente, la abulia le ahogaba, y una angustia que no mitigaban las brisas del Egeo se fue adueñando de él, hasta que una mañana de sol hiriente se arrojó desde lo alto de la peña Áulica, que se halla a una altura suficiente para que cualquier persona que se arroje desde ella, se mate seguro.

9.3.10

120. Los niños extraterrestres


          "He leído, no sé dónde, las siguientes dos palabras: 'oralidad memoriosa'. Así que, para mañana, me traen una redacción de ciento cuarenta y ocho palabras (148) en las que queden reflejadas sus ideas acerca de estas dos (2) palabras. Recojan y buenas tardes". El Padre Miguélez salió el primero (1º) del aula uno (1) y detrás, en fila de dos (2), todos los alumnos del tercer (3º) grupo de cuarto (4º) de bachillerato. Ya en casa, y después de merendar un (1) bollo de leche con una (1) chocolatina Nestlé, me puse rápidamente a escribir la redacción. Me salió así: "En la península de Jutlandia vivía Mosén Matías y su madre, la prostituta Berenguela, sucia meretriz donde las haya. Tenían en casa un loro y un lacayo llamado Fernandito. Siempre llovía en el bosque adyacente, pero ellos vivían adyacentes al bosque donde tanto llovía, luego sólo conocían la lluvia de lejos y de oídas. El loro, se me olvidaba, no tenía nombre, por eso no lo referí con anterioridad. Fernandito, aunque todos ustedes lo piensen no se comió al loro, porque Fernandito pertenecía a la secta de los Ungarinos Primordiales, que ni comen loros ni acceden a locales climatizados. En busca del Necromicón, libro de sustos editado por fascículos en el Medievo, Mosén Matías encontró y se enamoró del hada Nicocéfala, llamada así por la forma de retorta que mostraba su trenzada cabeza. Ya Mosén no volvió a Jutlandia, y se hizo estanquero en El Tardón. Todavía vive".

4.3.10

119. Cursos gratuitos para desempleados


          Un arte de la cetrería consiste en coserle los párpados a los gavilanes rebeldes con el fin de domarlos mejor. Un arte de la costura castrense consiste en reverdecer el estamento jerárquico con lezna blanda para fosforecer aún más los cementerios gallegos de ultramar. La cetrería y la costura no son tan disímiles como podría parecer a primera vista. En "El agente muerto", Kinsey expone la teoría del "roedor roído": Un ratón nibelino y un lirón morrero se introducen en un hangar equilibrado. Se les abandona. Al cabo de dos años se pinta el exterior del hangar con breves y tenues acuarelas que representen puestas de sol inconsútiles. Se les vuelve a abandonar dos años. El lirón morrero, es de suponer, ya ha terciado, y el ratón nibelino ha mediado en dos ocasiones, pero todo esto es una mera suposición. Pasados los dos últimos años, se arañan las acuarelas con espinas tiernas de atún. Según Kinsey, ambos roedores han mutado en material de escritorio. Es posible y probable, pero no es útil. Aplicado el experimento en centros infantiles de enseñanza avanzada, se observa que los niños adoptan formas oblongas y tienden a desarrollar un carácter que los hace inoperantes tanto para la cetrería como para la costura, pero no así para la experimentación con roedores y gavilanes con blefaritis bilateral.

3.3.10

118. Petulancia y astrología


          Conocí a un hombre que se casó, primordialmente, por la altísima estimación que sentía por la hermana de su futura esposa. Expliquemos el caso. Este hombre estaba enamorado de su novia y sentía por ella un amor puro y verdadero que los conduciría sin duda al matrimonio. Pero el motivo principal para romper su soltería no fue el amor por ella, sino un sentimiento intenso de cuñadía. Su visión de futuro no contemplaba una unión sentimental de dicha continua con su amada esposa, sino un acercamiento constante a su cuñada, de la que se sentía unido por un lazo más fuerte que el que sentía por su mujer. No piensen nunca que le ocupaban la mente sucios pensamientos o pulsiones pecaminosas respecto a su cuñada. Jamás osaría a nada de eso, es más, físicamente la hermana de su mujer le resultaba grimosa, y la sola idea de estar en el lecho con ella le provocaba bascas numerosas. Él sólo quería ejercer de cuñado a su vera, y cuantas más veces, mejor. Si se puede entender sin demasiado esfuerzo que un hombre se case por el dinero que aporta la novia, el caso de mi amigo se asemeja bastante: él se casó, sobre todo, por su cuñada. No por afán de sentirse cuñado, sino de sentirse cuñado de esa cuñada y no de otra. Su cuñadía lo definía más que cualquier cosa en el mundo. Él había nacido pare ser cuñado de su cuñada. Así es.

24.2.10

117. Mujeres en barbecho


          Estando en Brindisi, ciudad en la que el año 19 a. C. murió el poeta Virgilio, vi con angustia que mi nostalgia se hacía convexa y laxa como nunca antes lo había estado. Vi que la gente me observaba con asombro en sus miradas, como si la convexidad y laxitud de mi nostalgia se hicieran visibles para ellos. Este sentimiento de tristeza geográfica y temporal que es la nostalgia, no provoca vergüenza, no se esconde como un estigma pasional, es más, a veces, incluso, ennoblece a un alma hasta entonces juzgada por atrabiliaria y disipada. ¿Por qué, entonces sentía aquel rubor en las mejillas? ¿Por qué escondía en los claustros y zaguanes hasta la sombra de mi sombra? Cierto que mis recuerdos volvían a Valaquia, donde nací, a un pueblito ribereño bañado por el Danubio, donde mi niñez y la primera juventud se desarrollaron a la sombra de los Cárpatos, aquellos gigantes de sombra que dominaban un horizonte a veces velado por el humo de la pólvora. La guerra nos devoraba a todos. La guerra que nunca nos convirtió en héroes. Desde entonces recorro todas las ciudades de Europa con mi sayo mendicante. Pero mi nostalgia siempre fue como una oquedad, un vacío de las entrañas, y la vivía con una tensión enhiesta, como un tendón de orgullo a punto de estallar. Y hoy, apoyado en el baptisterio de Santa María de Casale, mi nostalgia se envilece, se preña de malos presagios y se duerme, convexa y laxa, en un sopor de muerte cercana.

18.2.10

116. Nuevos usos para las catedrales


          En las cumbres de los Apeninos, no en todas, es frecuente encontrar grabados antiguos o bocetos a la sanguina. Todos ellos representan la misma imagen: el conde Ugolino royendo la cabeza del arzobispo Ruggieri. Esta escena, aunque aparece narrada en Dante, podía aparecer también en la imaginería de Ulpiano Ulpiani, ebanista y pintor ciego nacido en Upsala en 1389, pero criado en Rávena. Ulpiano, más conocido por ser el hermanastro de Gunilla Haas, fue el inventor de un procedimiento para tornasolar el óxido ferroso de un rojizo llano y plano, en un azul de Prusia más balanceado y dúctil, con lo que la escuela flamenca supera, en cuanto a versatilidad de los colores puros, a las escuelas florentina y veneciana. Su hermanastra Gunilla fue la causante de su ceguera, al verter en sus cuencas un fluido alquímico compuesto de savia nueva de hojas de baobab, humor vítreo de ojo de buey y líquido amniótico de mujer moruna. Pensaba que la poción mejoraría los orzuelos recidivantes de Ulpiano, que en verdad mejoraron, pero le dejaron amaurótico de por vida. Sus obras posteriores dejaron de tener la maestría en la perspectiva que las caracterizaba, y los paisajes no dejaban de ser superposiciones distorsionadas de formas inconexas y coloraciones aberrantes. No es extraño que Ulpiano fuera con el tiempo considerado el impulsor de la escuela informalista del arte abstracto norteamericano y base fundacional del transvanguardismo europeo.

16.2.10

115. La hiperplasia benigna de próstata (HBP)


          Una habitación de unos seis o siete metros cuadrados. En el centro hay una mesa con un tapete de hule de un verde desvaído y sucio, y una silla. En una de la paredes hay dos cuadros, uno a cada lado de la única ventana, cerrada y con los visillos amarillentos echados. Uno de los cuadros es un retrato de cuerpo entero de un caballero ataviado con los ropajes severos de la Orden de Calatrava. El otro cuadro en un paisaje renacentista. En primer plano unos pastores rezan arrodillados a la entrada de una cueva iluminada. Al fondo se ve una extensa pradera atravesada por un riachuelo. Un ocaso de ocres y bermellones estalla en el firmamento. A la derecha hay una puerta cerrada. De su parte superior cuelga de un gancho metálico un roído gabán gris y un gastado sombrero negro. En las otras dos paredes sólo hay manchas de humedad, dispares y azarosas. Una bombilla encendida y desnuda ilumina pobremente la estancia. En la silla está sentado un hombre. Tiene los brazos extendidos sobre el hule. Lleva varias horas en un estado de absoluta quietud. Todavía no ha entrado en la edad de la vejez, pero sus canas indican que se halla cerca. Sobre la mesa hay una brújula.

          En un instante, el hombre comenzará a sentir un ligero temblor en su mano derecha.

9.2.10

114. El gitano "Maravillas"


           "Oso polarizarme en una cadena de promesas".

          Analicen esta estupidez con detenimiento.

          Exactamente. Lo han cogido a la primera, al vuelo, como se dice coloquialmente: "oso polar" y "Prometeo encadenado", estupendo. Muy bien. Bueno, pues así es todo en las ciencias, que al principio nos parecen abstrusas e insondables. La poesía, esa ecuación de lo infinito en lo efímero, se salva de la quema. Todo lo demás deviene en estupidez neta. En la cúspide de la estulticia humana se halla la astronomía, seguida muy de cerca por la física de partículas. Son los extremos del balancín inoperante que conduce al hombre al mismo sitio del que partió, pero el regreso al punto de partida ha corrido parejo con un desgarro espiritual de sutura imposible. Ya no tiene solución el desamparo al que nos condujo la ciencia y la idolatría de la razón. No hay escape, y lo que es peor, ya no hay pasión en la escapada. La pereza del alma todo lo consume. La energía nos mutó en minerales de escasísima importancia. Los niños juegan a la guerra con las armas enmohecidas de la nada. Al menos ellos ríen, pero yo no. A mí me espera el camino de la búsqueda del primero de los poetas, que como un demiurgo andante, lleva en su morral el eterno secreto de las sabias rimas de Dios.

8.2.10

113. ¿Qué es exactamente un psicopompo?


          La frutera de mi calle es abisinia, de pelo crespo y con tonalidades cobrizas. Tiene un nombre muy raro que se me ha olvidado. Su marido, el gitano Manolo, es de Trebujena y también tiene el pelo crespo, aunque con tonos bituminosos. Se levantan temprano para ir al Merca y a veces discuten en la furgoneta por cualquier nimiedad. Ella es la que conduce, no tiene carnet de conducir ni falta que le hace. El gitano Manolo tampoco tiene carnet porque no sabe leer ni escribir. Ella lee y escribe en amárico, que es el idioma oficial de su tierra. No están casados, pero tienen tres hijos con el síndrome de Down. El mayor se llama Ramón, el que le sigue se llama Joshua, y el benjamín se llama Ramón como el primogénito. Ninguno de los tres tiene carnet de conducir porque no saben leer ni escribir en castellano, ni en amárico, ni en caló. Además, no saben conducir porque son mongólicos y los mongólicos conducen fatal, de todos es sabido. Los cinco cobran subvenciones de diversos organismos locales, autonómicos, gubernamentales y comunitarios, y reciben ayudas de catorce ONG's diferentes. El gitano Manolo canta muy bien por bulerías. Ella no canta habitualmente porque siempre está comiendo cosas. La frutería no está muy limpia, yo voy muy poco. A mí me gusta más el Mercadona. Mi nombre es Isaías Castellote Fatou, marqués de la Argolladera, y soy hermano mayor de la Santa Hermandad del Hambre Infinita.

7.2.10

112. La dieta del Dr. Ceballos


          Los profetas veterotestamentarios tenían una costumbre muy curiosa. Era una costumbre de origen esenio muy difundida por los poblados del norte del Mar Rojo, donde las primeras tribus de samaritanos asentaron sus reales junto a sus rebaños de gamos antes de hacerse pescadores y hortelanos. La costumbre de los profetas a los que nos hemos referido nos ha llegado descrita en los legajos de papiro de arroz que se salvaron del famoso incendio de la biblioteca de Alejandría. Amanio, sacerdote y escriba en el cenobio del monte Isquion, salvó éste y muchos otros documentos del pavoroso incendio cuando, hallándose en la citada biblioteca traduciendo del sánscrito ciertos signos repujados a buril en cueros curtidos de cabra encontrados en unas cuevas del bajo Jordán, olió el aire y dijo: "Algo se está quemando". En su morral de piel de foca introdujo todos los documentos, rollos y legajos que pudo y salió corriendo el hombre. Gracias a Amanio, pues, conocemos la curiosa costumbre de los profetas veterotestamentarios, que eran cincuenta y tres según el último cómputo realizado por Arthur Nickelson, lector sénior del Eton College y profesor adjunto de filología protocristiana en la Universidad de las Islas Hébridas. Los cincuenta y tres profetas veterotestamentarios tenían la misma y curiosísima, a la par que misteriosa costumbre.

5.2.10

111. Breve encuentro en Nicea


          El batallón Leclerc estaba formado por 120 soldados, todos ellos poetas. Al acabar la contienda sólo quedaban diez, los demás murieron en las trincheras. La muerte de un poeta es mucho más triste que las demás muertes. Un poeta, cuando muere, aniquila la bruma protectora de ciertas aves migratorias, las vemos entonces enajenadas en su vuelo durante unos instantes, hasta que algún verso en el aire las vuelve a cubrir de nuevo y pueden seguir su rumbo. Los poetas además, son los primeros en alistarse, porque son los únicos que saben la verdad de las guerras. Eligen el bando en el que saben que van a morir, pero en el que saben que van a vencer. Para escribir un verso, el poeta ya ha vencido a la muerte, ya conoce sus esencias y la ha combatido con la plenitud de una metáfora acerada. Las guerras, que son poemas descompuestos, inacabados y maltrechos, necesitan la presencia del poeta tanto o más que la de finos estrategas y valerosos guerreros. Son los únicos que pueden observar el lirio estremecido en el campo de batalla o liberar la piedad de la sangre derramada. Durante la batalla se afila el crepúsculo de pólvora quemado, se libera la aurora de dolor nimbada, pero unas palabras dejadas al viento rezuman todavía de la boca del poeta muerto, mientras un hilo de sangre escribe en la tierra aquella metáfora henchida de sabia esperanza.