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FUMPAMNUSSES!

¿Qué es Fumpamnusses!?... Fumpamnusses! es todo y es la primera vez. Siempre hay una primera vez. Escribo pues, por primera vez, en algo que tiene que ver con el exabrupto digestivo de un sapo ("Blog") sin saber siquiera lo qué es (me refiero al Blog, aunque en el fondo tampoco sé muy bien lo que es un sapo.) Mi declaración de intenciones espero que sí quede clara: me limitaré a realizar las veces que crea oportuno un ejercicio brusco, continuado y compulsivo de literatura automática, de exorcismo necesario y suficiente de los restos de energía negativa o positiva, qué sé yo, o de encauzamiento de ideas, frases o palabras que mi mente quiera en ese preciso momento que queden reflejadas en este nuevo e inefable invento. Invito, pues, a este ejercicio a todos los interesados en el arte de la improvisación mecánica, maquinal, indecorosa y pueril. No esperen grandes ideas, no espero grandes ideas, sólo el placer de ver concatenadas ciertas imágenes que surgen improvisadamente y en plena libertad, quizás en extrema libertad, esperanzado en que no me suceda algo tan lamentable como aquello que le ocurrió a aquel pequeño electrodoméstico que, de tan libre y tan enamorado como estaba de Sir Douglas H. Silverstone, declaró la independencia de todas las anguilas del mundo y de ciertos huevos de Pascua de los alrededores de Castel Gandolfo.



12.4.10

128. Medidas gubernamentales en sábado


          Me oigo por dentro. Vibran mis enseres viscerales en una sonatina tenue y malsonante, como de oboes desafinando por voluntad propia. A veces es como un tuisanchaut tocado con agonía de bombo. Yo es que me oigo por dentro, de verdad. A veces me dan calambres en la barriga y en las espaldas de atrás. Me tiemblan los nervios de manera grande y sonora, son bordones de contrabajo que se ponen a latir, y sus ondas emergen por los agujeros de mi cuerpo, que como todo el mundo sabe, son once. La piel chirría por dentro, mi piel, con un sonido de tiza sobre encerado seco. Y sobre todo los dedos de las manos, mis dedos, suenan como flautines de pan de molde, sin música, atonales, son flautillos de tisis pronta, pero leve; los dedos de los pies solfean como unos bichbois enfadados entre ellos; son muy californianos mis pies, al menos para todo lo que sea cante. Mi corazón, para molestar, es bastante silencioso, y sólo recita su salmodia de porompompero cuando voy al cardiólogo, los demás días ni se le oye andar por casa. Tengo un bazo de temperamento hindú que reza su mantra en sánscrito como puede, y un hígado gregoriano, y un páncreas que alitera los ritmos jamaicanos como nadie. Mis órganos sexuales, ya viejos, quieren lucirse en los cantes grandes, pero sólo llegan al flamenquito más pedestre. Yo me oigo por dentro, de verdad. Soy un hombre sonoro, pero por dentro, palabra. Ustedes seguro que no me oyen por dentro, pero yo sí que me oigo.

6.4.10

127. El problema tangencial de España


          "El denominador común de las estrategias comerciales de nuestro holding no difiere tanto del de nuestros competidores como ocurría en la etapa anterior. ¿Qué etapa anterior?, dirán ustedes, y yo les tendré que relatar una serie de memorándums cuya lectura y cuyo análisis ni ustedes ni yo estamos dispuestos a afrontar, porque un memorándum está para que su presencia actúe independientemente, de manera determinante, fulminante a veces, no está para su lectura y análisis, porque los memorándums están siempre vacíos de contenido. Esto, supongo, todos lo sabían o, al menos, lo sospechaban, ¿verdad? La existencia del trust que nos acoge en este Consejo de Administración y al que mimamos con nuestro denuedo y trabajo, nos hace responsables de su desarrollo y expansión, porque una acción contraria supondría una deslealtad para con nuestros accionistas y empleados. Es por ello que el próximo lunes todos los directores comerciales de zona se enuclearán en vivo y a vista de todos, el ojo izquierdo. El martes serán los product managers los que sacrificarán a sus primogénitos. El miércoles, a los directores generales se les cortará la lengua. El jueves se ejecutará a uno de cada dos vicepresidentes. Y el viernes, yo, como presidente de esta ejemplar empresa, apretaré el botoncito".

5.4.10

126. La enemistad entre suizos


          Poncio Brito Muñiz era ortopeda diplomado y quiromante aficionado. Su amigo, Sergio Braña Nava, no cursó estudios, pues a muy tierna edad perdió los brazos en un accidente de globo. Su amistad, basada sobre todo en el gusto de ambos por la cetrería y las artes nigromantes, se vio truncada al aparecer en escena la tucumana Flora de la Luz Salazar Vaquerizo, que enamoriscó a los dos amigos y los enfrentó en una guerra de pasión y celos. Y todo para nada, porque Flora de la Luz marchó pronto al norte con un picador gaditano, Manuel Terrón Morgado, y dejó a los dos anteriormente amigos cultivándose de por vida un odio profundo y enrarecido. El alcalde de Gamolledo, localidad del Bierzo donde vivían Poncio y Sergio, se llamaba Eusebio Hinojosa Hortigón y no había nacido en Gamolledo, sino en una aldea cercana, Turbiana, donde había una venta en la que hacían, según decía mucha gente de la región, el mejor botillo del Bierzo. Al notario Don Luis Rodríguez Limón le gustaba mucho el botillo y venía un domingo sí y otro no con su esposa, Doña Catalina Simancas Nunes, que era nacida en Benavente, provincia de Zamora. Y es que donde esté un buen botillo leonés que se quiten todas las paellas valencianas y todas las mariscadas gallegas, como digo yo.

31.3.10

125. Fidel odia la poesía


          Mientras los bueyes dirimían sus diferencias en los establos del Conde, el señor Stromborn cotejaba documentos en el gabinete de la Condesa. Eran las nueve del mediodía. Una luz cenital incidía en el cendal que cubría, a medias, el fanal donde la Condesa guardaba los utensilios de leer. El señor Stromborn, con el dedo corazón de su mano izquierda en un documento y con el anular de su mano derecha en otro documento, hacía como que cotejaba, pero no cotejaba, qué va. Pensaba en los bueyes que dirimían. Los Condes estaban de viaje por Nueva Caledonia, los criados habían marchado a sus lugares de origen, menos el viejo Hutchingson, que había quedado al cuidado de la masía. Stromborn se quitó las lentes y las puso sobre el desvencijado aguamanil de hojalata, se desvistió y orinó un poco de orina. Luego se puso de nuevo las lentes y se dirigió a los establos. Desnudo como estaba dirimió, aun así, un ratito con los bueyes, hasta que una baja temperatura se le introdujo en el cuerpo y una cosa llevó a la otra, y luego a otra, hasta que murió entre varios estertores. Los Condes, cuando llegaron de Nueva Caledonia dispusieron los sonajeros que trajeron de recuerdo en forma de hipogrifo sobre un mantelito de batista blanco y luego hicieron el amor al son que elaboraban con sus murmullos los bueyes dirimidores.

30.3.10

124. Mediterranean blues


          La Ilíada consta de 15.690 hexámetros. Yo los he contado y es verdad. Se lo dije al humanista y alcalde de Orán, un pasmarote sin visos de remedio, y no conocía ese dato. Sabía, eso sí, que La Ilíada no era una tragedia de esas que Eurípides escribía de vez en cuando. Los humanistas, que de todo conocían y de todo manejaban, eran proclives. Cualquier humanista, ya fuera Luis Vives, Edmundo D'Ory o Fausto Gambhi eran proclives. Es la tendencia que otorga la sabiduría órbica, la pansabiduría. Ellos abarcaban tanto que se proclivaban. Algunos de una manera peligrosa, como el abad del monasterio de San Apuccio, que eran tan proclive, que el día que él menos se pensó llegó a tocar fondo en esto del mundo de la proclividad. Tan aclamado como dicterizado fue el bueno del abad por sus asuntos de proclivación magna. Tras su éxtasis proclivatorio el abad ya nunca volvió al cenobio y acogióse a la confesión que le era más ajena, el confucianismo reformado del eunuco de Taiwan, Jio-Nao. El hexámetro 10.005 de la Ilíada, todo hay que decirlo, aquel que da comienzo a la narración de la agonía de Fratinio, hijo de Epamónides, está mal escrito, muy mal redactado, peor traducido y huele pésimamente. Los demás hexámetros están todos bien, son correctos, pero ése no, ése es una mierda.

24.3.10

123. Al son de la guzla


          Las cárceles se dividen en tres tipos (hay un cuarto tipo, pero tan sólo quedaba un ejemplo, la Cárcel para Mujeres Famosas de Robledo de Chavela, que fue hace poco derruida por presentar aluminosis cuatro de las seis vigas maestras de la capilla). Decíamos que existen canónicamente tres tipos diferentes de cárceles (en ciertos codicilos adjuntos a la obra de Bruno Scaracello, De carcellarum, se hablaba, quizá de manera hiperbólica, de un incierto modelo de presidio que no se supo, ni aún hoy se sabe a ciencia cierta, ni de su existencia ni de su utilidad ni de su localización exacta; parece ser que en dicho presidio el visiglio de la coráspide que reambula la girolona no llegaba hasta el bucle miniado, sino que seguía y seguía hasta el extenuatorio, que se hallaba notablemente más bajo que en las cárceles posteriores, pero como ya he expuesto, esto es algo sumamente hipotético, dada la ausencia de estudios de campo competentes). Por tanto, como íbamos refiriendo, los tres tipos de cárceles (que llamaremos A, B y C, siendo la A la que se generalizó en un principio, la B la que se impuso después, y la C la que toma su vigencia en la actualidad, pudiendo haber ejemplos de los tres tipos al mismo tiempo y en el mismo lugar, es decir, por ejemplo, en Oporto (Portugal) pudiera haber, no digo yo que las haya, una cárcel de tipo A, dos del tipo B y ciento catorce del tipo C), por tanto, los tres tipos de cárceles, decíamos, son los siguientes:

22.3.10

122. La gran estafa de las anchoas


          "...y el bardo bosnio o serbocroata se fue para no volver". Así acaba el cuento que no sé ni sabré. Entre las cosas que no sé, se halla este cuento que así acaba, por lo que podría decirse que en parte sí lo sé, pero también podría decirse que algo sabido sólo en parte no se sabe en realidad, es como si los ejes de tracción de un transporte oruga (caterpillar) se deslizaran por avenidas de tilos y sicomoros. Pero sí me sé un cuento que no diré ni digo. No sé si lo dije. Con los rulos puestos es que no estoy para nada ni para nadie. Me descompone el humor y el carácter la tirantez a que someto mi negro y gitano moño. Soy vicetiple del Salón Marquina de la calle Belvedere y me va muy mal. Canto mal y no tengo caudales para cambiar mi fondo de armario. Canto cada día peor. En mi profesión cantar mal es a veces bueno, pero no sé cuándo ni cómo acertar con mis tristes desafines. Tengo sólo once horquillas para mi moño. No me fían en las mercerías de esta ciudad ni en las de ninguna otra. Voy a hacerme guerrera o mercenaria para asaltar mercerías de todos los continentes conocidos. Mi novia, pues soy lesbiana de las buenas, se llama Hortensia como mi padre, y es buena conmigo, pero pobre como rata de bidón y fea como viuda tártara. El arroz lo hace sonriendo y enseñándome sus mellas. Yo la quiero y ella me quiere, pero no somos felices.

17.3.10

121. El secreto de Tara Lynn


          A los primeros poetas griegos, que acompañaban sus recitaciones al son de la cítara, se los conocía con el nombre de "aedos". Uno de aquellos aedos, nacido en Patrai y llamado Ixiómenes, componía unos hexámetros delicados y vaporosos que dedicaba a la diosa Polinnea, hija de Letia y Sínibo. La diosa, cuenta el mito, se enamoró de Ixiómenes y cohabitó con él en el templo que la diosa tenía consagrado en la isla de Gyo. El apasionado poeta, demudado de amor y arrebato erótico, compuso sus mejores dáctilos y espondeos, que dedicó a su divina amada. Pero la madre de Polinnea, Letia, igualmente se enamoró de Ixiómenes, y cohabitó con él en el templo que Letia tenía consagrado en la isla de Ulna. El poeta, desquiciado de furor amatorio, siguió componiendo versos universales que suspendían el espíritu y erizaban la piel de los que le escuchaban. Ocurrió entonces que el mismísimo Sínibo, padre de Polinnea y esposo de Letia, al escuchar tan hermosas composiciones poéticas, quedó prendado del joven y sensible aedo, al que tomó bajo su tutela y con el que cohabitó muchas veces en el templo que Sínibo tenía consagrado en la isla de Taxos. El poeta, en esta última isla fue perdiendo poco a poco la inspiración, se volvió indolente, la abulia le ahogaba, y una angustia que no mitigaban las brisas del Egeo se fue adueñando de él, hasta que una mañana de sol hiriente se arrojó desde lo alto de la peña Áulica, que se halla a una altura suficiente para que cualquier persona que se arroje desde ella, se mate seguro.

9.3.10

120. Los niños extraterrestres


          "He leído, no sé dónde, las siguientes dos palabras: 'oralidad memoriosa'. Así que, para mañana, me traen una redacción de ciento cuarenta y ocho palabras (148) en las que queden reflejadas sus ideas acerca de estas dos (2) palabras. Recojan y buenas tardes". El Padre Miguélez salió el primero (1º) del aula uno (1) y detrás, en fila de dos (2), todos los alumnos del tercer (3º) grupo de cuarto (4º) de bachillerato. Ya en casa, y después de merendar un (1) bollo de leche con una (1) chocolatina Nestlé, me puse rápidamente a escribir la redacción. Me salió así: "En la península de Jutlandia vivía Mosén Matías y su madre, la prostituta Berenguela, sucia meretriz donde las haya. Tenían en casa un loro y un lacayo llamado Fernandito. Siempre llovía en el bosque adyacente, pero ellos vivían adyacentes al bosque donde tanto llovía, luego sólo conocían la lluvia de lejos y de oídas. El loro, se me olvidaba, no tenía nombre, por eso no lo referí con anterioridad. Fernandito, aunque todos ustedes lo piensen no se comió al loro, porque Fernandito pertenecía a la secta de los Ungarinos Primordiales, que ni comen loros ni acceden a locales climatizados. En busca del Necromicón, libro de sustos editado por fascículos en el Medievo, Mosén Matías encontró y se enamoró del hada Nicocéfala, llamada así por la forma de retorta que mostraba su trenzada cabeza. Ya Mosén no volvió a Jutlandia, y se hizo estanquero en El Tardón. Todavía vive".

4.3.10

119. Cursos gratuitos para desempleados


          Un arte de la cetrería consiste en coserle los párpados a los gavilanes rebeldes con el fin de domarlos mejor. Un arte de la costura castrense consiste en reverdecer el estamento jerárquico con lezna blanda para fosforecer aún más los cementerios gallegos de ultramar. La cetrería y la costura no son tan disímiles como podría parecer a primera vista. En "El agente muerto", Kinsey expone la teoría del "roedor roído": Un ratón nibelino y un lirón morrero se introducen en un hangar equilibrado. Se les abandona. Al cabo de dos años se pinta el exterior del hangar con breves y tenues acuarelas que representen puestas de sol inconsútiles. Se les vuelve a abandonar dos años. El lirón morrero, es de suponer, ya ha terciado, y el ratón nibelino ha mediado en dos ocasiones, pero todo esto es una mera suposición. Pasados los dos últimos años, se arañan las acuarelas con espinas tiernas de atún. Según Kinsey, ambos roedores han mutado en material de escritorio. Es posible y probable, pero no es útil. Aplicado el experimento en centros infantiles de enseñanza avanzada, se observa que los niños adoptan formas oblongas y tienden a desarrollar un carácter que los hace inoperantes tanto para la cetrería como para la costura, pero no así para la experimentación con roedores y gavilanes con blefaritis bilateral.

3.3.10

118. Petulancia y astrología


          Conocí a un hombre que se casó, primordialmente, por la altísima estimación que sentía por la hermana de su futura esposa. Expliquemos el caso. Este hombre estaba enamorado de su novia y sentía por ella un amor puro y verdadero que los conduciría sin duda al matrimonio. Pero el motivo principal para romper su soltería no fue el amor por ella, sino un sentimiento intenso de cuñadía. Su visión de futuro no contemplaba una unión sentimental de dicha continua con su amada esposa, sino un acercamiento constante a su cuñada, de la que se sentía unido por un lazo más fuerte que el que sentía por su mujer. No piensen nunca que le ocupaban la mente sucios pensamientos o pulsiones pecaminosas respecto a su cuñada. Jamás osaría a nada de eso, es más, físicamente la hermana de su mujer le resultaba grimosa, y la sola idea de estar en el lecho con ella le provocaba bascas numerosas. Él sólo quería ejercer de cuñado a su vera, y cuantas más veces, mejor. Si se puede entender sin demasiado esfuerzo que un hombre se case por el dinero que aporta la novia, el caso de mi amigo se asemeja bastante: él se casó, sobre todo, por su cuñada. No por afán de sentirse cuñado, sino de sentirse cuñado de esa cuñada y no de otra. Su cuñadía lo definía más que cualquier cosa en el mundo. Él había nacido pare ser cuñado de su cuñada. Así es.

24.2.10

117. Mujeres en barbecho


          Estando en Brindisi, ciudad en la que el año 19 a. C. murió el poeta Virgilio, vi con angustia que mi nostalgia se hacía convexa y laxa como nunca antes lo había estado. Vi que la gente me observaba con asombro en sus miradas, como si la convexidad y laxitud de mi nostalgia se hicieran visibles para ellos. Este sentimiento de tristeza geográfica y temporal que es la nostalgia, no provoca vergüenza, no se esconde como un estigma pasional, es más, a veces, incluso, ennoblece a un alma hasta entonces juzgada por atrabiliaria y disipada. ¿Por qué, entonces sentía aquel rubor en las mejillas? ¿Por qué escondía en los claustros y zaguanes hasta la sombra de mi sombra? Cierto que mis recuerdos volvían a Valaquia, donde nací, a un pueblito ribereño bañado por el Danubio, donde mi niñez y la primera juventud se desarrollaron a la sombra de los Cárpatos, aquellos gigantes de sombra que dominaban un horizonte a veces velado por el humo de la pólvora. La guerra nos devoraba a todos. La guerra que nunca nos convirtió en héroes. Desde entonces recorro todas las ciudades de Europa con mi sayo mendicante. Pero mi nostalgia siempre fue como una oquedad, un vacío de las entrañas, y la vivía con una tensión enhiesta, como un tendón de orgullo a punto de estallar. Y hoy, apoyado en el baptisterio de Santa María de Casale, mi nostalgia se envilece, se preña de malos presagios y se duerme, convexa y laxa, en un sopor de muerte cercana.

18.2.10

116. Nuevos usos para las catedrales


          En las cumbres de los Apeninos, no en todas, es frecuente encontrar grabados antiguos o bocetos a la sanguina. Todos ellos representan la misma imagen: el conde Ugolino royendo la cabeza del arzobispo Ruggieri. Esta escena, aunque aparece narrada en Dante, podía aparecer también en la imaginería de Ulpiano Ulpiani, ebanista y pintor ciego nacido en Upsala en 1389, pero criado en Rávena. Ulpiano, más conocido por ser el hermanastro de Gunilla Haas, fue el inventor de un procedimiento para tornasolar el óxido ferroso de un rojizo llano y plano, en un azul de Prusia más balanceado y dúctil, con lo que la escuela flamenca supera, en cuanto a versatilidad de los colores puros, a las escuelas florentina y veneciana. Su hermanastra Gunilla fue la causante de su ceguera, al verter en sus cuencas un fluido alquímico compuesto de savia nueva de hojas de baobab, humor vítreo de ojo de buey y líquido amniótico de mujer moruna. Pensaba que la poción mejoraría los orzuelos recidivantes de Ulpiano, que en verdad mejoraron, pero le dejaron amaurótico de por vida. Sus obras posteriores dejaron de tener la maestría en la perspectiva que las caracterizaba, y los paisajes no dejaban de ser superposiciones distorsionadas de formas inconexas y coloraciones aberrantes. No es extraño que Ulpiano fuera con el tiempo considerado el impulsor de la escuela informalista del arte abstracto norteamericano y base fundacional del transvanguardismo europeo.

16.2.10

115. La hiperplasia benigna de próstata (HBP)


          Una habitación de unos seis o siete metros cuadrados. En el centro hay una mesa con un tapete de hule de un verde desvaído y sucio, y una silla. En una de la paredes hay dos cuadros, uno a cada lado de la única ventana, cerrada y con los visillos amarillentos echados. Uno de los cuadros es un retrato de cuerpo entero de un caballero ataviado con los ropajes severos de la Orden de Calatrava. El otro cuadro en un paisaje renacentista. En primer plano unos pastores rezan arrodillados a la entrada de una cueva iluminada. Al fondo se ve una extensa pradera atravesada por un riachuelo. Un ocaso de ocres y bermellones estalla en el firmamento. A la derecha hay una puerta cerrada. De su parte superior cuelga de un gancho metálico un roído gabán gris y un gastado sombrero negro. En las otras dos paredes sólo hay manchas de humedad, dispares y azarosas. Una bombilla encendida y desnuda ilumina pobremente la estancia. En la silla está sentado un hombre. Tiene los brazos extendidos sobre el hule. Lleva varias horas en un estado de absoluta quietud. Todavía no ha entrado en la edad de la vejez, pero sus canas indican que se halla cerca. Sobre la mesa hay una brújula.

          En un instante, el hombre comenzará a sentir un ligero temblor en su mano derecha.

9.2.10

114. El gitano "Maravillas"


           "Oso polarizarme en una cadena de promesas".

          Analicen esta estupidez con detenimiento.

          Exactamente. Lo han cogido a la primera, al vuelo, como se dice coloquialmente: "oso polar" y "Prometeo encadenado", estupendo. Muy bien. Bueno, pues así es todo en las ciencias, que al principio nos parecen abstrusas e insondables. La poesía, esa ecuación de lo infinito en lo efímero, se salva de la quema. Todo lo demás deviene en estupidez neta. En la cúspide de la estulticia humana se halla la astronomía, seguida muy de cerca por la física de partículas. Son los extremos del balancín inoperante que conduce al hombre al mismo sitio del que partió, pero el regreso al punto de partida ha corrido parejo con un desgarro espiritual de sutura imposible. Ya no tiene solución el desamparo al que nos condujo la ciencia y la idolatría de la razón. No hay escape, y lo que es peor, ya no hay pasión en la escapada. La pereza del alma todo lo consume. La energía nos mutó en minerales de escasísima importancia. Los niños juegan a la guerra con las armas enmohecidas de la nada. Al menos ellos ríen, pero yo no. A mí me espera el camino de la búsqueda del primero de los poetas, que como un demiurgo andante, lleva en su morral el eterno secreto de las sabias rimas de Dios.

8.2.10

113. ¿Qué es exactamente un psicopompo?


          La frutera de mi calle es abisinia, de pelo crespo y con tonalidades cobrizas. Tiene un nombre muy raro que se me ha olvidado. Su marido, el gitano Manolo, es de Trebujena y también tiene el pelo crespo, aunque con tonos bituminosos. Se levantan temprano para ir al Merca y a veces discuten en la furgoneta por cualquier nimiedad. Ella es la que conduce, no tiene carnet de conducir ni falta que le hace. El gitano Manolo tampoco tiene carnet porque no sabe leer ni escribir. Ella lee y escribe en amárico, que es el idioma oficial de su tierra. No están casados, pero tienen tres hijos con el síndrome de Down. El mayor se llama Ramón, el que le sigue se llama Joshua, y el benjamín se llama Ramón como el primogénito. Ninguno de los tres tiene carnet de conducir porque no saben leer ni escribir en castellano, ni en amárico, ni en caló. Además, no saben conducir porque son mongólicos y los mongólicos conducen fatal, de todos es sabido. Los cinco cobran subvenciones de diversos organismos locales, autonómicos, gubernamentales y comunitarios, y reciben ayudas de catorce ONG's diferentes. El gitano Manolo canta muy bien por bulerías. Ella no canta habitualmente porque siempre está comiendo cosas. La frutería no está muy limpia, yo voy muy poco. A mí me gusta más el Mercadona. Mi nombre es Isaías Castellote Fatou, marqués de la Argolladera, y soy hermano mayor de la Santa Hermandad del Hambre Infinita.

7.2.10

112. La dieta del Dr. Ceballos


          Los profetas veterotestamentarios tenían una costumbre muy curiosa. Era una costumbre de origen esenio muy difundida por los poblados del norte del Mar Rojo, donde las primeras tribus de samaritanos asentaron sus reales junto a sus rebaños de gamos antes de hacerse pescadores y hortelanos. La costumbre de los profetas a los que nos hemos referido nos ha llegado descrita en los legajos de papiro de arroz que se salvaron del famoso incendio de la biblioteca de Alejandría. Amanio, sacerdote y escriba en el cenobio del monte Isquion, salvó éste y muchos otros documentos del pavoroso incendio cuando, hallándose en la citada biblioteca traduciendo del sánscrito ciertos signos repujados a buril en cueros curtidos de cabra encontrados en unas cuevas del bajo Jordán, olió el aire y dijo: "Algo se está quemando". En su morral de piel de foca introdujo todos los documentos, rollos y legajos que pudo y salió corriendo el hombre. Gracias a Amanio, pues, conocemos la curiosa costumbre de los profetas veterotestamentarios, que eran cincuenta y tres según el último cómputo realizado por Arthur Nickelson, lector sénior del Eton College y profesor adjunto de filología protocristiana en la Universidad de las Islas Hébridas. Los cincuenta y tres profetas veterotestamentarios tenían la misma y curiosísima, a la par que misteriosa costumbre.

5.2.10

111. Breve encuentro en Nicea


          El batallón Leclerc estaba formado por 120 soldados, todos ellos poetas. Al acabar la contienda sólo quedaban diez, los demás murieron en las trincheras. La muerte de un poeta es mucho más triste que las demás muertes. Un poeta, cuando muere, aniquila la bruma protectora de ciertas aves migratorias, las vemos entonces enajenadas en su vuelo durante unos instantes, hasta que algún verso en el aire las vuelve a cubrir de nuevo y pueden seguir su rumbo. Los poetas además, son los primeros en alistarse, porque son los únicos que saben la verdad de las guerras. Eligen el bando en el que saben que van a morir, pero en el que saben que van a vencer. Para escribir un verso, el poeta ya ha vencido a la muerte, ya conoce sus esencias y la ha combatido con la plenitud de una metáfora acerada. Las guerras, que son poemas descompuestos, inacabados y maltrechos, necesitan la presencia del poeta tanto o más que la de finos estrategas y valerosos guerreros. Son los únicos que pueden observar el lirio estremecido en el campo de batalla o liberar la piedad de la sangre derramada. Durante la batalla se afila el crepúsculo de pólvora quemado, se libera la aurora de dolor nimbada, pero unas palabras dejadas al viento rezuman todavía de la boca del poeta muerto, mientras un hilo de sangre escribe en la tierra aquella metáfora henchida de sabia esperanza.

28.1.10

110. Una cierta ambivalencia


          Soy un alemán, un germano, un tudesco, que diría Cervantes. Mi nombre es Adan von Trott. He intentado matar a Hitler hace exactamente unos minutos y me ha salido el tiro por la culata. Un error de cálculo, el destino, qué sé yo. No me ha dado tiempo a embocarme la pistola y desparramar mis sesos sobre este oscuro bosque de Baviera. Los miembros de élite de las Gestapo, la guardia pretoriana del Führer me han detenido con una contundente rapidez.

          Soy español, sevillano, de Triana. Me llamo Higinio Menéndez Flórez. He robado un puñao de garbanzos remojaos hace un rato en un puesto de la plaza y me han trincao. No me ha dao tiempo a salir de najas. El segurata de la puerta que da al puente me ha cogío del gorro de la chupa y me ha dao un revolío que casi me estampa contra una barrica de arenques. ¡Qué habilidá, el tío cabrón!

          Soy italiana, del sur, soy napolitana. Me llaman la Sporca, aunque mi verdadero nombre es Giusseppina Rospigliosi. Tras hacerle un servicio a un asqueroso labriego que venía a la ciudad en una furgoneta también asquerosa, le he robado la cartera, pero en el último momento me ha agarrado la mano y no me la ha soltado hasta que no le he hecho otro servicio, esta vez gratis.

26.1.10

109. Escotes ilustrados



          En 1791 un estudiante oxoniense llamado John Allyn decía poseer cierta cantidad de sangre de Buda, que vendía a 20 libras la onza. La vida de John se desarrolló por estos vericuetos de rapacería y picaresca hasta el día de su ejecución en el castillo de Wordsmath en la primavera de 1821. De natural seductor, con la empatía proverbial de los Allyn y el empaque de los antepasados maternos, los condes de Bitchfolk, recorrió las tierras del norte y los páramos del sur arrasando con su gracia natural corazones y haciendas en una vorágine de engaños, traiciones y audaces huidas, que dejaron un rastro de leyenda por todo el país. Hasta el mismo canciller, Sir Tadeus Higgins, fue objeto de su trapacería sin par al conseguir que comprara por un precio exorbitante la "auténtica" empuñadura de la artúrica espada Excalibur. Y esto lo hizo en dos ocasiones, la segunda disfrazándose de Lord Truthurst Higgins, padre del canciller. En una visita de Estado de la reina Margarita de Francia tuvo la osadía de robar toda su lencería, incluso la que llevaba puesta en el momento de las presentaciones reales en palacio. Sus días de latrocinio finalizaron el día que fue capturado al ser confundido en una taberna de Oakenfield, con sir Percy Blakeney, más conocido en Francia como La Pimpinela Escarlata.

22.1.10

108. Saturnales


          Vinimos a caer en esta sima. Podría haber sido en cualquier otra, más profunda y oscura, pero no. Caímos en esta precisamente, la única alicatada de calaveras, muy bien dispuestas, muy limpias y en perfecto estado de conservación (?). Mis hombres lloraban como niñas de instituto. Yo también. Se oía a lo lejos la banda tocar. Las calaveras, unas diez mil, comenzaron una a una a decir sus nombres y números de serie. El brigadier Niceo se moría entre alaridos. Su hermano Tomasín lo consolaba recitándole silvas antiguas. Una de las calaveras dijo ser E.T. Hofmann con número de serie E-198357. Comenzó a llover. Llenamos las cantimploras. La situación empeoraba con el paso del tiempo. Las calaveras tardaron en identificarse tres días. Aparecieron entonces las lombrices. Millones de ellas. Eran voraces. Nos diezmaron hasta que quedaron gordas y satisfechas. Se fueron a través de las cuencas de las calaveras, pero regresaron al cabo de una semana acompañadas de cientos de pequeños escorpiones negros que nos dejaron el angosto espacio lleno de cadáveres. Ya sólo quedábamos con vida trescientos. La situación era desesperada, y nos pusimos a rezar cuando vimos aparecer las serpientes blancas. Los gritos creaban un pandemónium pavoroso. La vida, a veces, te pone en situaciones verdaderamente complicadas.

20.1.10

107. Édith Piaf y los chihuahuas


          Una mosca es una unidad de lo efímero entre los entresijos de la memoria temporal inesperada. Si subimos en Calcuta al vagón de un tren en dirección norte, la memoria se hace mosca en la primera parada, Ashnibuplmathí; en la siguiente, Burnitnashbul, el tiempo se hace mosca según el clima del momento; y en la tercera, Brahganaghi, ya la mosca eres tú. Al menos eso cuenta Marimón Contreras en sus papeles de viaje. Yo conozco la India por los documentales de la tele de mi hermana, una Kolster de 19 pulgadas con caja de cerezo y tubo catódico de Swarovsky que le costó 19 rublos en el mercado negro de Minsk, a rublo la pulgada, lo que no está mal para los tiempos que corren. En Minsk también hay moscas. Hay una muy gorda, la Mosca Katyusha, que es huérfana y recaudadora de diezmos en la zona de tendencia ortodoxa de la ciudad. El Patriarca Atenágoras la quería mucho y le hizo grandes concesiones de carácter espiritual, hasta que Atenágoras murió. La Mosca Katyusha sigue engordando, alegre, por los arrabales de Minsk, ciudad en la que todos sus habitantes tienen tendencias hindúes y temperamentos huidizos, aunque no lo sepan. Las moscas, todo hay que decirlo, guardan el secreto de su gusto y afición por los cadáveres en una cueva de la zona levantina española, que ahora mismo no recuerdo su nombre ni su localización exacta, pero que si me llama usted a mi móvil mañana o pasado mañana, se lo digo. Tomen nota del número: 691 567 926.

15.1.10

106. Fiesta en Cantora


          El artista dadá no vive en Zúrich en 1917, vive en Tortosa en 1999 y tiene 102 años. Es uno de los más viejos de la residencia para la tercera edad Nuestra Señora de Aránzazu, y su nuera Asunción le tiene muchísimo asco y quiere que se muera prontito. El artista dadá no ha podido exponer en la sala de manualidades del asilo, porque la directora de la institución, la hermana Tatiana, que es negra y de Cuba, no considera apropiados los temas de sus obras. Él le explica que el arte es libertad y Sor Tati, como la suelen llamar cariñosamente allí, le dice que sí, pero que un collage con fotos de felaciones adornadas con los propios mocos del artista, puede que no sea entendido por los demás residentes y sus familiares. El artista dadá no lo entiende e intenta aminorar el impacto visual de sus composiciones. Realiza entonces dos obras ensamblando pedazos de pañal de incontinencia usado y pegándolos en el lienzo con un engrudo hecho con su propia orina y trozos de papas cocidas. Sor Tati continúa negándose, esta vez por el hedor insoportable que expele la composición. El artista dadá de Tortosa sigue sin entender el poco estímulo creativo ofrecido por la institución que lo acoge. Se pasa entonces a la escultura con arcilla. En el taller de alfarería consigue hacer un botijo en dos semanas. Se lo regala a Sor Tati, que se pone muy contenta. Pero que muy contenta.

14.1.10

105. Madre, esto está mohoso


          El cante jondo es como una avellana de peltre, que por más que la introduzcas en los autoclaves del Sacromonte, siempre revierte en cubo de pirita cartagenera. Los cantes de la marisma, los aires carnavaleros, el quejío serrano y el olé de la sabana almeriense son los puntos cardinales de la esencia cíngara, del néctar cairota que le subyace, del camino dunero de Tombuctú a Casablanca. La gaviota flamenca cruza el estrecho y el buho ulula en el barrio de Santiago, en Chipiona y Sabiote, en Fregenal, en Totana y Cabra; el alcaraván se estremece en los bujíos de Fuente de Piedra. La urraca otoñal se cisca en Marinaleda y eleva vuelo en Coripe. Los gitanos de Antequera cantan livianas con la boca llena de alboronías y los de Marchena sufren lentos el ir pasando de la soleá de Carriles. Por eso no se oyen los lamentos de las madres tremendas de Triana, se esconden como requiebros de sal de río maldito y lejano. Sanlúcar como sueño adherido, Sevilla como pesadilla de festejos de la Luna, y Málaga ahogada de petenera maldita. Sólo queda el exilio del bordón acuchillado por letrillas de ricos paisanos. "Yo me voy pa Cai, yo me voy pa Cai, porque aquí en La Habana pa lavá no hay". Me monto en el carricoche de Chano con Chano y su familia de lunares y fritanga. El aire huele a sebo y a taberna, huele a aquello que no existe, pero que yo sé dónde no existe.

13.1.10

104. A la Legión le gusta el aguardiente


          Tremendo error fue no dar la bienvenida a la Reina Alfonsa. Cuando era Regente, en espera de la mayoría de edad del príncipe Graciano, bien que los Manoteros se plegaban ante ella y ante las exigencias de los Asambleístas Moderados. Pero quién iba a esperar la muerte del principito, ¿verdad? Y a manos de su propia ama de cría, la nefasta Condesa Mónica. Pero, aunque reaccionamos con prontitud llamando al General Manuel para que regresara de su exilio, los hechos se sucedieron con demasiada rapidez, de forma vertiginosa. El Levantamiento de los Alféreces Desmedidos, la rebelión de la Guarnición Granaína, el acuartelamiento de las Cigarreras Ilustradas y, por último, el asesinato masivo de la población gitana manacorí. Realmente no tuvimos tiempo para el rearme, ni tan siquiera para lustrar nuestros correajes ni dar de comer a las bestias. Por eso, sigo sosteniendo que deberíamos habernos postrado ante Su Majestad Alfonsa. Una pequeña humillación salva, a veces, muchas cabezas. Manuel perdió el generalato, sí, pero nosotros perdimos el honor. Con matar a la Condesa Mónica no conseguimos más que encolerizar al sector más conservador. Debimos analizar con mayor detenimiento nuestras conductas, nuestras filias y fobias, y sacar conclusiones más reflexivas del preclaro emblema de nuestra invicta bandera: "Más algo llega ternera todavía, el cáñamo muy caro, ostia".

12.1.10

103. La fornicatriz Eudora


          Era yo, sí, era yo, bella Brenda, era yo disfrazado de tu tul azul. Era mi tenuecilla persona la que rodeaba tus sonrosadísimas morbideces, era la garza gasa que envolvíate como una segunda piel. Era yo, también yo, el céfiro mariposero que hacía vibrar tus pestañitas de negra seda, era mi disfraz de vientecico mañanero, era yo el que ululaba en las cuevecitas nacaradas de tus orejitas. ¿No me sentiste?, ¿no me intuiste?, oh, bella Brenda, Brendita, mía, capullito de jacinto de jardincillo japonés, mi bien dorado, mi cajita de música celestial, mi delicada ambrosía, mi néctar imaginado. Mira, mi querido colibrí, como te acaricio la nariz. Mira, dulce caramelito, como beso tu escotito. Cómo juego con tus rizos, cómo revuelvo tus cejas, como erecciono el vello de tu cuellito con mi aura traviesilla, porque soy un duendecillo adherido a tu olorcillo a canela, a genista y a clavito de Ceilán. Soy y seré tu reo para siempre en la celda que dispongas para mí, oh Brenda bella, Brenda sabia, Brenda linda. ¡Quiéreme, lucerito, ámame, corazoncito! Siente los alfileritos de mi amor cómo punzan con delicadeza y pudor en tu almita de inocente virgencita. Si nos casamos algún venturoso día, será tanta la felicidad que tendremos, que saldrá esa felicidad nuestra por las ventanas de nuestra preciosa casita y coloreará de alba luz los campitos y las aldeítas cercanas. Ya lo creo que sí.

11.1.10

102. Lejía o amoniaco


          El helado de cucurucho apareció por vez primera en la Feria de San Louis en 1903. Entre el pabellón dedicado al arte ecuestre prusiano y el arlequinado pabellón mudéjar de la Axarquía se ubicaba el puesto de helados de Milton O'Malley, norirlandés emigrado a Estados Unidos en 1895, experto en halterofilia seriada y poeta clásico de hexámetros algo laxos. Hacía helados sin saber por qué, pero los hacía sin parar, de manera que su stock era muy grande, uno de los más grandes de St. Louis, Missouri. Su vecino, Mortimer Callahan, era americano oriundo y hacedor de galletas malas (ciertamente arenosas, algo agrias y como pegajosillas). Mortimer vendía pocas galletas y O'Malley vendía suficientes helados para ir tirando, pero como hacía tantas unidades, ambos incrementaban sus respectivos stocages. Sus cobertizos lindaban en la calle Hastings, en el lado oeste de St. Louis. Cierto día, tras unas lluvias torrenciales, un corrimiento chiquito de tierras (a little running earth) quebró los paramentos de madera de ambos cobertizos lindantes, con la consiguiente mezcla del helado sobrante de O'Malley con las galletuzas incomibles de Callahan. El resultado, no obstante, satisfizo mucho a los perros de la calle Hasting, que no dejaban de lamer la, para ellos, suculenta mezcolanza. Los dos vecinos, con el impulso propio del pragmatismo norteamericano, probaron de aquella sustancia y observaron que era buena. Lo siguiente, como ustedes habrán imaginado, fue dar una forma adecuada al producto. El cono, tras muy diversas pruebas, salió vencedor del experimento comercial, siempre que el helado se dispusiera en la base del cono, ya que en su cúspide, se caía, y siempre que dicho cono se dispusiera con su base en posición superior y vertical, ya que de otra forma también la porción helada tendía a desplazarse hacia el suelo. No se hicieron millonarios, pero pudieron pagar los estudios de ingeniería de sus hijos y formalizar excelentes bodas para sus hijas. Dejaré para mejor ocasión el origen del término "cucurucho".

8.1.10

101. La conexión antillana


          Todos iban con hongo gris, traje negro ajustado de buen paño y bien cortado, zapatos negros impolutos de cordones, camisa blanca inmaculada y corbata negra, estrecha y con rayas blancas finas y verticales. Sólo se permitía la entrada a hombres en aquel café. Todos ellos olían a lavanda o a loción de afeitar. Sus conversaciones, nunca exaltadas, elevaban un murmullo en el ambiente acogedor y elegante; en grupos de tres o cuatro tomaban café y sujetaban el platillo o giraban la cucharilla con gracia y precisión mundanas. El salón de té que daba justo enfrente, en la otra acera, era el local que permitía la entrada sólo a las damas. En sus mesas atestadas se observaba algo más de color. Sombreros discretos en tamaño y tono cubrían los cabellos de tintes naturales de las señoras. Sus vestidos tenían la fantasía adecuada para la contención de formas y la cómoda elegancia. Degustaban en las mesas té y pastelillos entre risas y comentarios que nunca llegaban a la estridencia, mientras los sones de una alegre melodía brotaban del piano de pared que una joven tocaba con discreto virtuosismo.

Primer final:

          De pronto una vibración cada vez más intensa hizo temblar el suelo, y a los pocos segundos aparecieron unos tres mil elefantes en estampida que arrasaron la ciudad y aplastaron sus casas y a todos y cada uno de sus habitantes.

Segundo final:

          Al acabar su desayuno, damas y caballeros desalojaron el café y el salón de té, dirigiéndose al amplio salón que tenían alquilado y donde cada domingo se reunía la Asociación de Amigos del Sexo Oral, a la que pertenecían todos ellos, y en donde una vez despojados de sus trajes y vestidos, se entregaron gustosos y apasionados a su divertida afición dominical.

7.1.10

100. Vernon Ullman, un hombre en entredicho


          Seguramente B. nunca supuso que al entregar aquel paquete en la notaría, y no en la gestoría, las consecuencias fueran tan carentes de importancia. El notario S., al ver que su secretaria, la srta. R. le entregaba un paquete que habían dejado en la salita de entrada y comprobar que el nombre y la dirección del destinatario, impresas en el pequeño embalaje, no correspondían con los suyos, se dirigió a la puerta del despacho adjunto en el pasillo, llamó al timbre y le explico la confusión a la secretaria del gestor Q., la srta. O., y regresó a su despacho sin más. La srta. O. le entregó el paquete al gestor Q. que, al abrirlo, comprobó que eran cuatro pares de calcetines marca Cóndor, cada par de un color diferente (gris oscuro, verde cazador, azul marino y negro), de lana y largos, de los que llegan hasta casi las rodillas. Era el regalo habitual de Navidad de su tía O., a la que denominaremos O'., para no confundirla con la secretaria del gestor Q, la srta. O., así, sin el signo '. Aunque es casi seguro que, dada la escasa importancia de esta anécdota aquí relatada, además de la brevedad de la misma, no vuelvan a aparecer los personajes a los que hemos denominado O y O', con lo que nos parece dudosa la posible confusión. No obstante, queda reseñado. Es lo mismo que cuando nos paramos en un semáforo con el muñequito en rojo, aunque sean las cuatro de la mañana y en la avenida desierta no se vea un coche en ninguno de los horizontes posibles.

3.1.10

99. Un jurisperito peruano


          Wenceslao IV de Bohemia, monarca del siglo XIII, oía veinte misas diarias. Este dato histórico es real, no un invento de un desmedido hagiógrafo e incompetente cuentavidas. Es así, Wenceslao era un monarca acumulativo, serial, sumatorio. "Lo más, si mucho, infinita veces excelente", como solía decir en los bailes. Él hubiera querido hacerlo todo mucho, esa era su máxima en la vida. Bebía veinte litros diarios de agua, con lo que orinaba unas sesenta veces al día. Almorzaba poco, muy poco, pero treinta veces al día. Utilizaba una vestimenta diferente cada hora. Mientras pudo, realizó el coito con la reina Ulpiana diez veces diarias y con su concubina Casilda Grögman, otras diez. Esta iterativa actividad lo llevó a un pronto colapso nervioso. A los veintiocho años fue encerrado en el castillo de Vishù, cerca de la desembocadura del Dvina, donde permaneció hasta su muerte que ocurrió el día de su quincuagésimo cumpleaños. En el transcurso de su encierro escribió ciento once veces el mismo libro, que versaba sobre las diferentes maneras de arrancarse los pelos de todo el cuerpo, práctica en la que llego a ser un consumado experto. La reina Ulpiana, que ocupó el trono tras el forzoso internamiento del rey, apenas le hizo dos o tres visitas. Casilda, la pobre amante del monarca orate,  fue decapitada por una cuestión baladí por mandato de Ulpiana a los pocos días de su entronización como reina de Bohemia.

31.12.09

98. Puntos de fuga


          El fallecido duque de Norfolk dejó en su testamento bien claro a quién debían ir a parar sus miradas de soslayo y sus decaimientos espirituales. La sorpresa entre sus deudos fue tan grande que se agrietaron dos menhires de Stonehedge. La agraciada, Miss Burlington, no cabía en sí de gozo y emitió, cuando finalizó la lectura del testamento en el despacho del abogado Timms, tal alarido de satisfacción, que la bocana del puerto de Nodington ensanchó varios milímetros su embocadura natural. El duque quiso mucho a Miss Burlington, a la que llamaba cariñosamente "mi cerdita". Se conocieron en un viaje que hizo el renombrado noble a las tierras altas de Escocia, donde la muchacha asaba gansos en una alquería cerca de Edimburgo. El duque amaba los gansos y los gansos amaban al duque. Fue un amor instantáneo el que surgió, como llama de linterna minera, entre el aristócrata y la sucia cocinera. Se amancebaron al momento ante la renuencia y mala disposición de la Duquesa, que nunca vio con buenos ojos el concubinato con la, para ella, asquerosa barragana escocesa de su marido. El mismísimo rey, a petición de la Duquesa, instó al Duque a deponer su actitud salaz y escandalosa, pero tras saborear un ganso por la muchacha aderezado y holgar la siesta con ella, mandó decapitar a la Duquesa por alta traición, y nombró consejero real al duque y a la muchacha, camarera de la reina. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

30.12.09

97. Los límites del Aurresku


           El entomólogo alemán Wilhelm Kattwinkel casi se cae dentro de la garganta de Olduvai, de 90 metros de profundidad, en el Serengeti. Buscaba un cromo de la colección "Naturaleza y Vida", el cromo nº 111, sólo le quedaba ése y 221 más para completar el álbum. Era ciego de ambos ojos y cojo de ambas piernas, lo que hacía muy compensador y equilibrado el contoneo de sus caderas morenas y parsimoniosas, muy ajustadas y con gran adecuación para el baile iterativo, bamboleante y adormecedor, propio de las tribus bantúes, a las que su ánimo se adhirió enseguida, al conocerlas el día de la fiesta nacional de Tanzania, el mismo día de su llegada al aeropuerto de Dodoma. Sus piernas cortitas y arqueadas en sentido inverso, sus pantalones cortos para un alemán estándar, pero semi-largos para él, su salacot algo pequeño, pues Kattwinkel sufría de una macrocefalia incipiente, y su impedimenta exagerada, daban a su figura un aspecto casi totémico, cuando menos inquietante para la mayoría de las tribus del Serengeti. Nunca encontró el cromo que buscaba. Sí halló, no obstante, varios cromos de jugadores negros de fútbol, como Gombó, camerunés, N'bengo, mozambiqueño, Munu Dihngué, nigeriano y uno con el escudo del equipo togolés "Los Leones de Lomé". Este último cromo lo cambió por dos pasajes para Ibiza, y ahora disfruta de unas merecidas vacaciones rodeado de la tuna de empresariales de Manises y de dos coimas de Tanzania que se trajo y que le requiebran de amores en swahili varias veces al día.

28.12.09

96. La materia oscura, una visión desde el interior


          Las tres vías de perfección, según Ivenio Trimigesto, eran sólo dos: ser bueno. Pero ser bueno no es fácil. Don Serafín Buendía Colillo, Marqués de la Marome es bueno, tiene terneras en número de mil cien en su finca de Colorado. A todas les regala, porque sí, un mandil a cuadros y una escopeta de aire comprimido. A todas les pone nombres alegóricos. Una ternera (Céfiro Matutino) se enamoró del Marqués y vivieron amancebados en el rancho varias semanas. Después se enamoró otra ternera (Invierno Luctuoso), y luego otra (Ambrosía del Valle), y así sucesivamente en número de mil cien. Don serafín es bueno con todas ellas. Vuelve a regalarles otro mandil a cuadros y otra escopeta de aire comprimido a cada una de las terneras. Don serafín es bueno, como ya queda reseñado, y ovolactovegetariano grado II en la escala de Simonssen. En los ranchos adyacentes al suyo viven personas. También en los no colindantes y asimismo en casi todos los ranchos de los estados sureños. Posiblemente en los del norte, también. Don serafín siempre es bueno, siempre lo ha sido durante toda su vida, casi de manera constante. Yo no sé la cantidad de mandiles a cuadros y escopetas de aire comprimido que llegaron a acumular sus mil cien terneras. Bueno, sí lo sé, pero lo diré más adelante. El desayuno de Don Serafín se rige por el principio de Simonssen, según el cual el desayuno, la ingesta menos importante del día, debe consistir en un rezo y en un estremecimiento por el clima. A rajatabla llevó el Marqués este precepto. Todavía vive este noble de Colorado en su rancho de Colorado. Cada una de las mil cien terneras tiene mil cien mandiles a cuadros y mil cien escopetas de aire comprimido. Hace tiempo que ya Don Serafín, aunque sigue siendo bueno, no les regala a sus terneras ninguna cosa. Se va a morir. Desayuna mucho.

26.12.09

95. Cosas de la edad tardía


          Una antigua creencia medieval decía que los reyes curaban la escrófula, y es absolutamente cierto. El Rey Mariano me la curó a mí y a toda mi familia de pasiegos destemplados. El carácter de la montaña nos ha incrustado en la médula de la razón una especie de sinsabor lácteo y herbáceo que no nos mejora con el tiempo, sino que empeora nuestras costumbres y nuestra forma de relacionarnos, no sólo con los demás pasiegos, sino incluso con los prebostes de la Mesta o con los patriarcas gitanos del Sacromonte o con las panaderas salmantinas o con los fueteros de Vich o con la abogacía plena de Las Palmas o con los tramalladores de Ayamonte o con los verdugos del Maestrazgo o con los yonquis de Orcasitas o con los arquitectos de Ceuta o con mis primos del Circo Nacional de Montevideo. El pasiego, como le pasa a los efectivos de la Policía Montada del Canadá o a la práctica totalidad de los miembros de la Yakuza de Osaka, es sereno en la falacia, obtuso en el trueque y mendaz a la intemperie. Mi madre nació en el Uzbekistán y mi padre en un lugar secreto del océano Índico, pero yo nací en el Valle y soy como he dicho, ni más ni menos. Tengo, como todos estos que me rodean, si exceptuamos las vacas, una nariz prominente con tres orificios, y tiendo al crimen rural de manera asaz exagerada.

23.12.09

94. Monsieur Didier se va a la montaña


          La hecatombe de cien reses bravas en el coso de Lovaina comenzó con la puesta de largo del ganadero, don Sebastián Rodrigálvarez, que ofició las previas exequias en el dispensario de ultratumba de la plaza. Los graderíos rebosaban tragedia por las costuras de los vomitorios. Los clarines se perdían en una algarabía mahometana, sarracena. Cristianos, sí, pero no solos. Moros no, pero tampoco. "La hecatombe, la hecatombe", gritaba el vendedor de aguamaniles. "Vihuelas y clavicordios", gritaba el vendedor de horchata sagrada y sangría abencerraje. Las damas de caridad se desligaban y lanzaban con las medias caídas un número infinito de vivas a la mujer muerta del gobernador. La hecatombe comienza. Los bravíos animales lloran con lágrimas de bambú, se acogen a sagrado en los urinarios de la enfermería, pero sólo hay sitio para tres (el toro Macael, el toro Néstor y el toro Trumann), los demás a la hecatombe. ¡El oficiante, que venga el oficiante! Los monosabios recogeligas se afanan, canturreando la salmodia de palacio, aquélla que reza así: "Los hierofantes, los hierofante, que vengan ya, que las hordas del Bruch necesitan que les declamen la Cábala, lalalá, lalalá". Y la sangre brota lechosa como en ubre de vaca exprimida por Pedrito Urkiza, el del caserío asesino de Coslada. Los toreros fallecen en olor de centuriones. Ya nunca la boda de una hetaira será igual por estos pagos.

21.12.09

93. Ensayos de ingratitud


          El arroz apenas llegaba para todos los frailes de la abadía. Sin embargo, el abad del monasterio persistía en su empeño de guardar una porción nada desdeñable de ese arroz para dárselo a una zorra que deambulaba por los alrededores del edificio. El animal ya apenas se alejaba de la abadía, sabiendo que un fraile todas las mañanas la buscaba y la llamaba mediante agudos silbidos para darle su más que generosa porción de arroz. Mientras tanto el número de frailes descendía alarmantemente, fallecidos de pura inanición. Llegaron a morir de hambre más de treinta mil frailes por la falta de arroz. La zorra, en simétrica proporción, llegó a pesar cuatro mil arrobas. Era una situación insostenible. Cerca del monasterio había unos billares donde una docena de chinos gárrulos y apestosos regentaban el sucio local. Una chinita, llamada Sagrario Piña Matallana, fregaba con sus cabellos de oro las letrinas de los billares y del monasterio. Comía tan poco como los frailes fallecidos, pero como era muy, pero que muy zorra, el abad, de vez en cuando le daba un poco de arroz a la zorra Sagrario. Cuando la zorra zorra se dio cuenta de que el abad alimentaba a la zorra Sagrario, se la comió. Las letrinas de ambos locales de alterne hedían mucho más que mucho a los tres días de la ingestión vúlpica de la china Piña. Éste, y no otro, es el origen del conocido palíndromo.

18.12.09

92. Vinagre de cebolla albarrana


          Los fastos con que conmemoran los abisinios la derrota de su ejército frente al invasor italiano son de una imaginación que ya, ya. Estos fastos son como las croquetas, que algunas crecen y crecen hasta convertirse en severos bastiones de la moral pública, y otras, en su adusta inmovilidad, persisten en su naturaleza de fritanga necia. El cardamomo, arbusto herbáceo y emblema que centra el escudo de la ciudad de Adís Abeba, le da mucho sabor a la masa de las croquetas, y produce un incremento en la calidad de los poemas que estos negros ancestrales perpetran en las espaldas de las núbiles doncellas de las tribus sometidas. Estos poemas comienzan por un lamento de cazadores ante la falta de piezas a cobrar y terminan por un canto lúdico a la luna y a los testículos del tapir salvaje de la sabana. Los abisinios son de pelo ensortijadísimo y poseen once variedades autóctonas de piojos, algunos muy chiquitos y otros grandes y sabios. El Negus nunca ha tenido contacto con el agua y sus once esposas, tampoco. Es por ello que el occidental que visita la cámara real, por algún asunto diplomático, por ejemplo, nota un tufillo como a cardamomo, como a croqueta, que no se sabe explicar de momento sino está avezado en el conocimiento de las costumbres y modos abisinios. En la Italia meridional son muy apreciadas las croquetas de tapir, denominadas en Nápoles croquetas de tapir, así, tal cual.

16.12.09

91. El teatro de Lola Membrives


          Los cementerios, cuando llueve, huelen a muerto húmedo. Los muertos, cuando nieva, huelen a aguijón helado, a témpano afilado y remoto. El frío conserva y arropa la muerte, el frío es amigo del fin. Se muere para acceder al mundo gélido del más allá, al invierno sin final y sin principio, donde nos encontramos unos con otros en una nube helada de desconsuelo. Los muertos se acumulan dentro de nosotros en cuevas inhóspitas, y debemos dejarlos así, nunca abrigarlos, ni tan siquiera con recuerdos luminosos. El calor de la añoranza los descompone, el olvido, en sutil paradoja, los eterniza en su aura ártica e invernal. En la escarcha de sus ojos vacíos, de sus cuencas oxidadas, los muertos conservan el légamo lejano de la última imagen de su vida; es un mínimo cristal de una fragilidad extrema que anima su quietud eterna y que, al romperse por una brizna de calor, los disipa en una carroña inefable, en polvo de nieve innominada. Por eso es bueno para nosotros y para ellos no sustraerlos de su aterida nada. Cuando más pronto que tarde ocupemos su lugar, querremos la paz inmóvil y mineral que nos corresponde, y que la vida remota de los que quedan no invada con sus remembranzas el frío ganado con todo el sudor de nuestra alma mortal.

15.12.09

90. La Liga Hanseática y los guisantes de olor


          En 1973, Los Ángeles eligió al primer alcalde negro. Esto cierto, pero con alguna precisión que no quedó registrada en su momento. No fue en 1973, sino en 1999; el alcalde elegido no era negro, sino rubio y de ojos garzos; y su elección no tuvo lugar en Los Ángeles, sino en Monforte de Lemos, provincia de Lugo. No obstante, hay que valorar este hecho fundamental como un paso de gigante en la difícil consecución de los plenos derechos civiles para la minoría negra gallega y para la mayoría gallega de California. Pero centrándonos en los gallegos de aquí, hay que considerar los diversos tipos de gallegos negros existentes: primero están los negros gallegos oriundos (NGO), después los negros gallegos criollos (NGC), los negros gallegos mestizos (NGM) y por último los andaluces simpatizantes del Betis (ASB). Berthold H. Freeman, coadjutor de la General Motors y pretor de posta en el Camino de Santiago, realizó los cálculos para comprobar la probidad del gallego negro, según su premiada fórmula: NGO x ASB - (NGC : NGM) = 167,5. Y todos contentos, claro. Porque ya podemos respirar con cierta tranquilidad en nuestros viajes de trabajo o de ocio. Yo tengo guardada una camiseta con la cara de Andrés Do Barro. Tengo también un compañero de trabajo que es de Zamora y su madre también. Quiero decir que su madre también tiene un compañero de trabajo que es de Zamora. La madre de mi amigo es una afroamericana de Los Ángeles, CA.

14.12.09

89. Cosmogonía del pene


          Estoy atravesando el mayor bache emocional y anímico de mi vida. He pospuesto varios días la ejecución del dictamen. Me lo comunicaron a través de un free-xmin' el pasado jueves. No necesito exponeros, viejos camaradas, lo que me entró por el cuerpo. Me puse de inmediato en comunicación con Fray Buchanan, pero me dijo que él ya no estaba en eso, que llamara a Lourditas o a Deseada Miñón Cotán. No lo hice, me daba vergüenza, después de lo de Valladolid. El plazo de finalización para la ejecución del dictamen se acerca. Ya ni sé el número de leotardos que me he puesto, y nada. He salido de parranda con mis dos castores para despejar un poco el velo de angustia que me cubre, pero no me ha servido tampoco de nada. En televisión no han emitido comunicado alguno. En la prensa sí, pero en páginas poco legibles. Me llamó ayer Sir Thomas Arlington para una paparruchada, yo creo que sabe o sospecha algo. Me informó el goliardo de Yuste que las aguas estaban calmas en casa del comisionado, pero yo ya no me fío de nada ni de nadie. Cené ayer angulas con Coca-cola con mi madre Juana. Mi padre había ido con Fontanalls a por agua mineral con gas a la taberna. Todo es un caos. Y las corridas de toros que tenía apalabradas con Tonino se van a ir al garete. Voy a huir, creo que no me queda otra. Me da pena tener que dejar Bodas de sangre a la mitad.

9.12.09

88. Serenidades


          Se me viene encima un enjundioso problema que va a abastecerme de ansiedad los próximos meses. Verán ustedes: yo soy camionero, o transportista, como ustedes prefieran, pero sólo de soslayo. La policía de fronteras me conoce de oídas, y la policía metropolitana me supone muerto. Hace unos días, los jefes de la Mesta del Norte me hicieron un encargo por mediación de la viuda Hissman, que yo acepté con sumo placer, pues ahí no hay problemas de plata. A su vez, los beatos de Santa Marta me suplicaron que no lo hiciera, que me llevara de sus cuevas lo que quisiera, pero que no realizara el porte de momento, no fuera que el Señor me castigara con hijos zurdos, o bisoños en cuanto a templanza y temperamento. Pero el pacto tácito con la Mesta norteña ya se daba por iniciado y al volver a la alquería, por si me devolvían el documentario, ellos ya habían partido hacia los mares del sureste continental. Así que doblé por San Aurelio, y en Santa Marta me despedí de la beatería con dolor de corazón. Y aquí me ven ustedes, con el tráiler hasta arriba de cofres, algunos sobradamente radiactivos, otros merecidamente perniciosos y los más, atestados de droga inane para los habitantes de Metrópoli. Pero es que yo sólo transporto de soslayo, no de facto. Eso, tenían que saberlo, pero me dejé llevar por la avaricia o por los vapores del betún de Judea, o yo que sé qué me pasó. ¡Vaya lío!

4.12.09

87. El capote de Truman


          Avellaneda, biógrafo apócrifo de Tirso de Molina, necio y mendaz juntaletras, nacido en un lupanar de Córdoba, ha muerto esta madrugada. Sentimos en lo más profundo de nuestras almas que la gente muera. El rock'n'roll nos salvó durante algunas décadas, pensábamos que la música tribal, la droga urbana y el sexo a destajo nos harían eternos, pero no fue así, nos hicieron políticos del hare krishna, burguesones de olla y playa, rapavelas de domingo y vocingleros de la champion. Somos menos limpios por ello, lo reconocemos todos cuando nos encontramos en los vagones del metro, y nos hacemos los locos para no sentirnos carcomidos por la vergüenza de los traidores. Así que, no aguantando más, he decidido apoderar a un púgil de La Elipa, que me han asegurado tiene una pegada letal. Se llama Augusto Rebollo y nació en un lupanar cordobés, como todo el mundo. Hoy me lo van a presentar. Hemos quedado a almorzar el Rey, el Conseller de Educació i Cultura del Govern de les Illes Balears, la duquesa de Medina Sidonia, que Dios la tenga en su seno, y yo, para hablar de boxeo en general y de Augusto Rebollo en particular, pero éste último no es seguro que venga, porque es presidente de una mesa petitoria en el Día Mundial de la Hiperplasia Benigna de Próstata, que se celebra precisamente hoy, ¡qué fatalidad!

3.12.09

86. Porn symphony


          El abrecartas se hallaba clavado en el cuello de la doncella, atravesándolo de lado a lado. Aun así nos dispensó una educada sonrisa mientras nos recogía el sombrero, el abrigo y los aperos de labranza a mi ayudante y a mí, y nos hacía pasar con un gesto conminatorio de su brazo izquierdo al salón. Allí, con dos disparos en la cara, lo que hacía ciertamente difícil su reconocimiento, nos tendió la mano y nos saludó afectuosamente el barón Ducatti, que nos hizo sentar en el acogedor sofá de cuero rojo junto a la chimenea y nos ofreció una copa de oporto con galletitas. A un lado del escritorio estilo regencia yacía dormida en una otomana la baronesa Ducatti, de la que colgaban sus intestinos hasta la alfombra persa, probablemente debido a los dos tiros a quemarropa que, según nos informó el barón, le había pegado el mayordomo. Pero la baronesa se despertó en seguida, quizás a consecuencia del zumbido de las moscas que pululaban gozosas en el charquito de sangre abdominal de su vestido negro. Recogiendo con gracia su manojo de tripas se levantó y nos saludó con suma deferencia, ofreciéndonos otra copita de oporto, esta vez acompañada de galletas gigantes. Preguntada la doncella por el causante de la agresión, también respondió con plena seguridad haber sido asesinada por el mayordomo. El barón también fue tajante en este extremo: el mayordomo sin duda fue el que le disparó dos veces a la faz. Mi ayudante no cesó en ningún momento de tomar notas. Esa misma noche procedimos a la detención del mayordomo, que confesó, sin presionarlo, ser el autor de la muerte de la doncella y de los varones Ducatti. Igualmente confesó ser el autor de tres novelas bizantinas y de dos entremeses de tema manchego.

2.12.09

85. Panorama actual de la novela histórica


          Erik Satie conoció en su juventud a Jürgen T., transformista muniqués de escasos dos metros de altura, filósofo a ratos y profeta diletante. Le compuso una pieza titulada Foxtrot pour JT una tarde de ajenjo y crepúsculos renuentes en aquel París que, aunque dicen que existió, no existió jamás, o si existió lo hizo de manera inconstante en la mente de algún pintor impresionado, desconocido y rico. Una tarde de grisura otoñal se les unió Dita Rizzo, artista antigua de variedades invariables, alcohólica y divertida. Satie le compuso una pequeña oda sinfónica a la que tituló Sonatina pour Dita. Entre aullidos de gato y maullidos de lobo el amanecer los cazaba fácilmente, derrengados en el césped de jardines prohibidos y húmedos. Una mañana estival de calor agropecuario conocieron a Benny Tibbs, agregado cultural de la embajada americana y nocherniego empedernido. Poco hizo falta para que se uniera al grupo y para que Satie le compusiera una humorística pieza, para ser tocada a cuatro manos, que llevaba por título Chanson pour le Ambassador. Las amistades en el París de entonces no eran sólidas. La cultura francesa y sus costumbres no prestan mucha atención a la amistad, de hecho, en francés no existen las palabras amistad ni amigo. Nadie que yo conozca tiene un amigo francés. Mi mujer es francesa, y mi madre, y mi amante Georgette, y mi hijo Jean-Claude, pero ellos no son mis amigos, ¿para qué?

1.12.09

84. El celibato de Calvino


          Ed Gain, el asesino caníbal de Wisconsin, no nació en Wisconsin, sino en Duluth, Minnesota. De allí salió a los dieciocho años, en 1955, rumbo al sur con su maleta de vanadio y dos docenas de huevos duros como piñones. A los quince años ya se había comido viva a su prima carnal Abigail de cuatro años y un año después al Sargento de West Point, Doug Nash, al que primero mató con un hacha pequeñita. Hasta que salió de Duluth no mató ni se comió a nadie más, que se sepa. De camino a Wisconsin, a donde se dirigía para trabajar en el rancho de una hermana de su madre, se comió a dos chicas de un coro de góspel, a las que mató con una machota nueva, y poco antes de llegar, al dueño de un bar de carretera llamado Curt Bennet, al que estranguló y violó, por ese orden. Ya en Wisconsin, más concretamente cerca de Madison, donde se encontraba el rancho de tía Paulette, lo primero que hizo al verla fue pegarle un tiro y comérsela. En los siguientes seis años mató y se comió a trescientos veinticinco ciudadanos de Wisconsin. No era un buen chico este Ed Gain. Se diría que era una mala persona. En su confesión, que quiso hacer por escrito, cometió innumerables faltas de ortografía y durante la vista eructó y ventoseó sin el menor recato.